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CRÓNICA

Sánchez no está solo y su adversario ya no es Feijóo

Barcelona —
18 de abril de 2026 21:34 h

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Ni Koldos, ni Ábalos, ni Peinados…. Barcelona ha apartado durante 48 horas al presidente del Gobierno de la toxicidad que desprende la conversación pública nacional y le ha permitido elevarse por encima de la política doméstica. Uno diría que, a falta de debates de altos vuelos, Pedro Sánchez busca trascender fronteras y proyectar a toda costa su innegable influencia global del “no a la guerra” para remontar el vuelo. Lo haga en busca de un legado, de la redefinición de su liderazgo más allá de las restricciones internas o de la paz mundial, su adversario no parece que sea ya Alberto Núñez Feijóo, sino el mismísimo Donald Trump y la ola ultraderechista que recorre el mundo. 

Durante un par de días, en Barcelona, se ha erigido en azote de la ola autoritaria que recorre el mundo, un papel que ha visto reforzado y reconocido en Europa y en América sin duda por su tensión con Trump y su firme oposición a las veleidades bélicas de la Administración norteamericana. Y así se ha dado un baño de progresismo global, no en una, ni dos, sino en tres cumbres internacionales que han situado la mirada única y exclusivamente sobre el turbulento escenario mundial. Una bilateral España-Brasil en la que Sánchez y Lula da Silva se han conjurado para hacer frente al autoritarismo y espantar la sombra del fascismo. La IV Reunión en Defensa de la Democracia con la participación de los presidentes de Brasil, México, Colombia, Sudáfrica, Uruguay y Lituania. Y la Global Progressive Mobilisation, en la que un centenar de líderes de la izquierda de todos los continentes se han conjurado en defensa de las instituciones y el multilateralismo, contra la desinformación y el extremismo y la desigualdad.

Y es que mientras en España, las derechas dibujan al presidente como un líder aislado y en decadencia “rodeado de corrupción”, fuera de ella se le aplaude, se le admira y suma aliados para su cruzada contra la ola autoritaria que proyecta la sombra del fascismo, como se ha podido comprobar este fin de semana. Políticos de todos los continentes, así como académicos, activistas, sindicalistas, influencers y varios presidentes de gobiernos, principalmente de América Latina, han compartido una misma visión del mundo y hecho una encendida defensa del Derecho Internacional, el multilateralismo y la paz. 

Sánchez, por tanto, no está solo en su propósito de liderar un espacio progresista, renovar el orden intencionalidad y poner freno a la industria de la mentira, el odio y la violencia verbal. En la ciudad condal, con Salvador Illa y Juame Collboni de anfitriones, le acompañaron los presidentes de Brasil (Lula Da Silva), México (Claudia Sheinbaum), Colombia (Gustavo Petro), Sudáfrica (Cyril Ramaphosa) y Uruguay (Yamandú Orsi). Pero también la primera ministra de Barbados (Mia Amor Mottley), el presidente de Cabo Verde (José María Neves), el vicepresidente de Botsuana (Ndaba Gaolathe) y la vicepresidenta de Ghana (Jane Naana), así como el gobernador de Minnesota, del Partido Demócrata, Tim Waltz, que puso en pie al auditorio con un sonoro “No es América, primero; es la humanidad, primero. Adelante, España”.

A todos ellos se sumó una buena representación de integrantes de otros gobiernos europeos como Edi Rama, primer ministro de Albania; Catherine Connolly, presidenta de Irlanda; Inga Ruginiené, primera ministra de Lituania; Lars Klingbeil, vicecanciller de Alemania y colíder del SPD; Andreas Babler, vicecanciller de Austria y líder del SPÖ o David Lammy, viceprimer ministro de Reino Unido, entre otros. Hillary Clinton, Michelle Bachelet, Bernie Sanders o el alcalde de Nueva York, Zhoran Mamdani mandaron videos de salutación y apoyo a Sánchez y alentaron a la movilización progresista en el mundo.

Fue Lula quien cargó contra los ultrarricos y afirmó que “los multimillonarios alimentan la meritocracia, pero derriban las escaleras para que los de abajo no puedan subir” y coligió que “la desigualdad no es un hecho, es una elección política y nosotros debemos elegir la igualdad”, ha defendido“. El brasileño elogió el coraje de Sánchez y cargó contra Trump sin mecionarlo expresamente da idea de hasta qué punto comparte la agenda exterior del líder de los socialistas españoles y su negativa a que los aviones de EEUU utlicen las bases españolas para sus ataques contra Irán. 

Y es que al presidente del Gobierno se le ha quedado pequeño el tablero nacional y “está haciendo crecer el rebaño progresista” (Lula Da Silva, dixit). Lo que Isabel Díaz Ayuso llama despectivamente “gestores de la pobreza y narcoestados” y, en realidad, es una extensa representación contra el “no a la guerra” y a favor de la política exterior del Gobierno de España que también busca respuestas sobre los riesgos de la democracia y el declive de la socialdemocracia, como explicitó Lula cuando en su intervención durante la bilateral Brasil-España invitó a los asistentes a preguntarse qué ha pasado para que “la imbecilidad gane adeptos”.

Sánchez habla de una comunidad política en construcción y de un grupo de países dispuestos a hacer lo necesario para proteger y fortalecer la democracia ante un contexto en el que “vemos ataques al sistema multilateral, la impugnación de las reglas del derecho internacional y una peligrosa normalización del uso de la fuerza”. Sabe que el horizonte está cargado de incertidumbres y que la internacional ultraderechista y lo que llamó “las derechas lacayas de ésta”, en clara alusión al PP, hacen mucho ruido, pero “tienen pocas ideas”.

“No gritan porque estén ganando”

“Pero que no os engañen -jaleó a los más de 6.500 asistentes a la Global Progress Mobilisation-: los ultras y las derechas no gritan porque estén ganando. Gritan porque saben que su tiempo se acaba y porque saben que su ortodoxia neoliberal ineficiente y cruel murió en 2008 con la gran crisis financiera”.

En una optimista y encendida intervención con la que pretende espantar el mantra sobre su languidez política, se mostró convencido de que no es su tiempo, sino el de la internacional ultraderechista y el de una “derecha rendida a los postulados reaccionarios” el que ha llegado a su fin. Y que así será con la utilización de tres instrumentos: la unidad entre fuerzas progresistas, países y generaciones; el orgullo de identidad de la socialdemocracia y la fe en el progreso.

Consciente de que durante años, en España y fuera de ella, las derechas han denostado la identidad progresista con insultos como ¡zurdos! ¡progres! ¡charos! o ¡rojos! para que se avergüencen de sus ideas y su pasado, se ha propuesto que sean ellas las que, en adelante, se abochornen. “Por callar ante la injusticia, por explotar trabajadores, por criminalizar al diferente, por convertir los derechos en mercancías y por apoyar la guerra y la violencia. En Gaza. En Ucrania. En Líbano y en Oriente Medio poniéndose de perfil como unos cobardes”, arengó ante un entregado auditorio en la Fira de la Ciudad Condal, donde aventuró también que la rendición de la derecha “al negacionismo climático, a la xenofobia y al machismo de la internacional ultraderechista ha sido un error del que no podrán dar marcha atrás”.

La reserva moral de la izquierda

Ante esta especie de guadiana emocional en la que acostumbra a vivir el PSOE, ministros, dirigentes de todas las federaciones socialistas y cargos intermedios reunidos en Barcelona en esta especie de chute moral ven una oportunidad en que el liderato de Sánchez traspase fronteras y haya reunido durante dos días a la reserva moral del progresismo mundial. Eso sí, también se preguntan si todo ello servirá para dar la vuelta a la tozuda realidad demoscópica, que arroja una inequívoca mayoría del bloque de las derechas en España.

“El partido no existe. Su latido es inaudible. Muchos cargos están convencidos de que viene un fin de ciclo y aquí cada uno está buscándose ya las habichuelas, si bien todo el mundo reconoce que Sánchez tiene arrojo y que en 2027 puede volver a dar la sorpresa como ya pasó en 2023”, analiza un socialista madrileño. Luego está el análisis en profundidad de los datos, tras los que asoman que “todo es complicado porque además nuestro líder se ha convertido en una apisonadora de la izquierda alternativa a la que se está comiendo y ni hay trasvase entre bloques”, añade un eurodiputado de la delegación española. “Nada es imposible”, tercia en la conversación un veterano socialista balear. “Hay claros síntomas de que la ola ultraderechista ha tocado, si no techo, sí pared”, defiende el alcalde de Barcelona, Joan Collboni, en conversación con los informadores antes de que concluyera la cumbre progresista y mientras suena Imagine, de John Lennon, en un plenario entregado.

Próxima edición, en México

Lo que cada día parece más claro es que el presidente del Gobierno ya no compite con Alberto Núñez Feijóo, sino con Trump y que piensa explotar su liderazgo internacional lo que haga falta para sacar a la socialdemocracia española de la depresión antes de enfrentarse a las urnas. Una estrategia que no parece baladí y que en la Global Progressive Mobilisation, cuya siguiente edición se celebrará en México, hubo quien la comparó con la que en su día desplegó Ayuso para salir de la refriega madrileña y elevarse a la escena nacional para confrontar solo con el jefe de Gobierno. “Sánchez ha visto en Trump lo que la condesa de Quirón vio en su día en el líder nacional de los socialistas y que tan buenos resultados le dio entre su electorado”, ironiza otro de los asistentes. De hecho, en La Moncloa saben que cada vez que el presidente de los EEUU desprecia al gobierno español o a su presidente con la palabra, en el parqué internacional sube la cotización de Sánchez.

El presidente sabe que la respuesta a la ola ultra debe ser ofensiva, nunca defensiva, y que como prioridad hay que afrontar una renovación “urgente y en profundidad” del orden multilateral para el que como primera medida dijo ha llegado el momento de que sea una mujer quien dirija las Naciones Unidas “por justicia y por credibilidad”.

Y así fue como acabó este sábado bien entrada la tarde ya el festival de los sueños progresistas, que solo el tiempo y las urnas dirán si es posible convertirlos en realidad. Hasta entonces, como en Imagine, nothing to kill or die for (nada por lo que matar o morir), living life in peace (viviendo la vida en paz).