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Ni más higiénicos ni más seguros: el mito de los parques infantiles de caucho se resquebraja

Niños juegan en un parque infantil. EFE/Salvador Sas/ Archivo

Raúl Rejón

14 de octubre de 2026 22:32 h

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Transformar los parques infantiles de espacios de tierra y grava en espacios de caucho ha expuesto a los niños y niñas a multitud de compuestos químicos dañinos que, poco a poco, se van colando en sus organismos. Al analizar estos parques “se ha obtenido la evidencia de presencia de tóxicos”, según explica la directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, Ethel Eljarrat.

La investigadora —que habla para apoyar la campaña de retirada de este material de Ecologistas en Acción— detalla que, en los parques, se utiliza caucho sintético y reciclado de neumáticos a los que se les añaden otros aditivos. La mayoría de este caucho proviene, pues, de derivados del petróleo.

Todos estos compuestos “que ya sabemos que causan daños a la salud” como metales pesados o los compuestos orgánicos volátiles, no van a desaparecer. Al no estar fuertemente unidos “se van liberando paulatinamente”, subraya la científica del CSIC. Eso hace que los pequeños puedan ingerirlos mientras juegan, inhalarlos o incluso que se expongan mediante el contacto con la piel.

Los compuestos se liberan y, cada día, pequeñas cantidades se acumulan y pueden desencadenar efectos a medio y largo plazo

Ethel Eljarrat — Directora del IDAEA-CSIC

La organización ecologista ha hecho una cata en Cantabria donde “el 95% de los parques son de caucho”. Y sospechan que es la realidad del resto del país.

“La toxicidad no es aguda, no se ven efectos inmediatos, sino que, cada día, pequeñas cantidades se acumulan y pueden desencadenar efectos a medio y largo plazo” abunda Ethel Eljarrat. La contaminación que se adquiere en estos espacios se añade a la que llega al respirar aire con polución o con los alimentos. “Debería haberse estudiado esto antes de aplicar masivamente el caucho”.

Cuando un niño o una niña se pone a jugar en uno de estos parques, a su altura, pueden detectarse los olores de los derivados del petróleo o de los compuestos orgánicos volátiles. Además, a esa edad, se respira más veces por minuto e, incluso, “hay comportamientos propios de la infancia que no se ven en los adultos, como llevarse cosas a la boca”, ilustra el responsable del comité de salud medioambiental de la Sociedad Española de Pediatría, José Antonio Ortega.

“Que los niños toquen la arena y la hierba”

Según este médico, los parques de caucho han proliferado gracias a “varios mitos”. En primer lugar, “el mito de la higiene que se confunde con la ropa limpia”. Ortega afirma que “los pediatras queremos que los niños toquen la arena y la hierba”.

En un parque de grava, arena o mantillo se observan más rozaduras o raspones, pero, en los de caucho se ha comprobado que hay más caídas, torceduras, fracturas o pérdidas de dientes

José Antonio Ortega — Coordinador de la comisión de salud medioambiental de la Sociedad Española de Pediatría

Y en segundo lugar el mito de que son espacios más seguros para jugar: “En un parque de grava, arena o mantillo se observan más rozaduras o raspones, pero, en los de caucho se ha comprobado que hay más caídas, torceduras, fracturas o pérdidas de dientes porque no hay más que observar cómo las baldosas de caucho se levantan, se deterioran y se vuelven inestables”, evalúa el pediatra.

Ortega defiende que este tipo de parque debe desaparecer “por cautela, por salud y por economía, ya que los de materiales naturales son más baratos”. Y apela a los alcaldes para que actúen como “ministros de salud pública”. No es un llamado fácil. Hace solo unos meses, el pasado abril, los técnicos del Ayuntamiento de Madrid echaron mano del estudio de Eljarrat para parar la instalación de caucho en un distrito mientras el material prolifera en la ciudad.

Sin embargo, retirar la goma no es un plan utópico. En Finlandia, por ejemplo, una iniciativa impulsada por el Instituto de Recursos Naturales y la Universidad de Helsinki ha llevado a la sustitución del caucho de decenas de espacios de juego infantil por materiales como la arena, la turba o plantas nativas. Allí han aducido estudios en los se concluye que jugar en esos entornos aumenta la diversidad microbiana y fortalece el sistema inmunitario.

Un veto en diferido

Que forrar los parques de este material no es bueno parece una evidencia ya demostrada porque la Unión Europea ha acordado eliminar el caucho. Sin embargo, es un veto en diferido porque , aprobado en 2023 en el reglamento de microplásticos, no será obligatorio hasta 2031. El portavoz de Ecologistas en Acción, José Antonio Sánchez Raba, opina que esta moratoria “permitirá a la industria petrolera seguir acumulando beneficios y, luego, puede surgir una nueva prórroga o, simplemente, que se fabriquen partículas un poco más grandes que lo prohibido para poder seguir usándolas”. La normativa habla de partículas menores a cinco milímetros.

El pediatra Juan Antonio Ortega insiste en que “lo legal no implica que sea inocuo. El tabaco es legal y nadie sostiene que es inofensivo. Estos materiales pueden ser legales, pero son perjudiciales”. Y luego ilustra que, si para eliminarlo, se exigen estudios científicos sobre el efecto directo en las personas, todo podría demorarse otros 20 años. “El sentido común hace pensar que sería prudente retirarlo”.

Mientras tanto, los expertos reiteran que el objetivo no es “que los niños y niñas dejen de acudir a parques porque son de caucho, sino que puedan jugar al aire libre sin estar expuestos. Que lo hagan con seguridad y un control riguroso”.

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