La letra pequeña de la congelación de óvulos: no es un seguro de embarazo y supone acudir después a la reproducción asistida
El retraso de la edad de maternidad, un fenómeno alimentado por la inestabilidad laboral, la dificultad para encontrar vivienda o para conciliar, y la pujanza de la industria de la fertilidad española han hecho que la congelación de óvulos esté en auge. En la última década, las mujeres que han congelado sus óvulos en España se han multiplicado por 30. En 2020, 3.745 mujeres vitrificaron sus ovocitos por “razones sociales”, según los datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). La vitrificación aparece, en ocasiones, como una solución a la maternidad tardía y a los problemas de fertilidad asociados, pero rara vez emerge el relato completo. La congelación implica someterse a hormonación, no garantiza un futuro embarazo, y da por hecho que, en caso de necesitar esos óvulos, las mujeres acudirán de nuevo a la reproducción asistida, es decir, tendrán que desembolsar más dinero y someterse a más tratamientos. Aquí, algunas claves sobre la vitrificación de ovocitos.
La congelación no es una técnica indicada para todas las mujeres. La recomendación es que lo hagan, como mucho, a los 35 años. “Lo que da resultados es hacerlo en mujeres menores de 35 años. Las mujeres con 20 años no piensan en tener hijos, de 20 a 30 estás con tu vida y no estás pensando en congelar, lo dejas por el trabajo o porque no tienes pareja o porque no puedes económicamente... va pasando el tiempo y muchas mujeres que congelan lo hacen por encima de 35 años y ese es el problema: tienes menos óvulos y la calidad es peor”, explica la bióloga y experta en reproducción asistida Rocío Calonge.
“El éxito posterior de la congelación es que esté bien indicada. La edad ideal para el embarazo es entre 25 y 35 años y esa es la franja ideal también para congelar porque tenemos mejor capacidad ovocitaria y para generar embriones viables”, aporta Belén Acevedo, vocal de la Sociedad Española de Fertilidad y jefa de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Rey Juan Carlos de Madrid.
La socióloga Anna Molas pone el contexto: "Se habla de la congelación de óvulos como si la cosa acabara allí, y se obvia que si congelas lo que te estás planteando es acudir después a hacer tratamientos de reproducción asistida, que también necesitarán preparación hormonal, supondrán invasión corporal, y que no siempre funcionan a la primera, es decir, surgen transferencias fallidas, abortos espontáneos... todo eso con los costes emocionales que conlleva y con la inversión que supone"
No hay un límite legal para congelar óvulos, es decir, una mujer de 42 años puede hacerlo, a pesar de las recomendaciones, si la clínica acepta. “Todo se reduce a la información que das a las pacientes. Las mujeres pueden elegir pero siempre y cuando se les dé toda la información sobre los riesgos, la posibilidad de embarazo...”, añade Calonge, que aporta una de las claves: “Hay que dejar claro que congelar óvulos no te garantiza que vayas a embarazarte. Congelas para luego hacerte un tratamiento. Esos óvulos se descongelarán, se fecundarán y se te transfiere un embrión, pero igual que ocurre en la fecundación in vitro (FIV), nada te garantiza que ese tratamiento sea exitoso. Incluso en un caso ideal, una mujer de 30 años que tenga buena reserva ovárica, no sabes cómo va a responder”. Belén Acevedo cuenta que la edad de las mujeres que acuden a las clínicas para congelar ha cambiado: antes la media era de 38 o 40 años, ahora acuden más cerca de los 35.
La socióloga Anna Molas pone el contexto: “Se habla de la congelación de óvulos como si la cosa acabara allí, y se obvia que si congelas lo que te estás planteando es acudir después a hacer tratamientos de reproducción asistida, que también necesitarán preparación hormonal, supondrán invasión corporal, y que no siempre funcionan a la primera, es decir, surgen transferencias fallidas, abortos espontáneos... todo eso con los costes emocionales que conlleva y con la inversión que supone. Es importante entender que estás proyectando esto en el futuro, incluso a nivel económico”. Por eso, prosigue, si las razones para no tener hijos en el momento actual y optar por congelar son económicas, habría que valorar el coste que supondrá, no solo la congelación, sino los futuros tratamientos, que pueden llegar a costar miles de euros.
Sin certezas sobre la calidad
Cuando una mujer se somete a un ciclo de estimulación ovárica para congelar ovocitos, el objetivo es conseguir un “número óptimo”. “Se estima que una mujer menor de 35 años, con 10 o 15 ovocitos congelados tiene posibilidades razonables de conseguir un embarazo, pero no lo garantiza y eso no se puede decir nunca. De esa cantidad de ovocitos se podría llegar a tres embriones óptimos”, explica Belén Acevedo. Cuanto menos edad al congelar, más posibilidades de que la reserva ovárica sea alta y de que en un solo ciclo se consiga ese “número óptimo”. “Hay gente que tiene una reserva baja de entrada y que necesita varias estimulaciones para tener resultados razonables. A lo mejor tiene pocos óvulos y son excelentes, pero no se sabe hasta que se descongela”, prosigue la experta. Por eso, antes del procedimiento, las clínicas hacen una valoración de la reserva ovárica y un análisis para comprobar el estado de una hormona clave, la antimülleriana.
No hay una manera de saber la calidad de los óvulos que se van a congelar. Aunque la máxima es que a más edad, peor calidad, no hay forma de que una mujer que congele ovocitos sepa a ciencia cierta de qué calidad son los que vitrifica y, por tanto, cuáles serán sus posibilidades futuras de embarazo
No hay una manera de saber la calidad de los óvulos que se van a congelar. Aunque la máxima es que a más edad, peor calidad, no hay forma de que una mujer que congele ovocitos sepa a ciencia cierta de qué calidad son los que vitrifica y, por tanto, cuáles serán sus posibilidades futuras de embarazo. “Hasta que no descongelas el óvulo, lo fecundas y ves como reacciona, no tienes esa información. Tanto en mujeres más jóvenes como más mayores, puedes congelar a una edad buena y que esos óvulos no funcionen”, confirma Belén Acevedo. “En algunos casos, por la morfología, puedes ver claramente que no es de buena calidad, pero sea cual sea su aspecto, genéticamente no sabemos si es bueno o malo”, añade Calonge.
Acevedo asegura que la tasa media de supervivencia de los ovocitos al descongelarse es del 90%. Si una mujer congela con menos de 35 años, subraya, y vitrifica una media de 10 a 15 óvulos tendrá una probabilidad de embarazo futuro del 60% con esos ovocitos. Esa tasa mide las posibilidades de quedarse embarazada, pero no las probabilidades de que ese embarazo llegue a término. Si se congela con 40 años, esa cifra puede ser solo del 20%.
“Hay que tener claro que no es un seguro de reproducción. Puede ser que hayas gastado tus ahorros en esa congelación y que luego gastes más dinero en fecundación in vitro y que no funcione. Para las personas que saben que la reproducción forma parte de su proyecto vital la manera más segura de conseguir un embarazo desde luego no pasa por congelar óvulos o retrasar la maternidad, eso aboca a un camino largo, incierto y costoso en todos los sentidos. No significa que esta posibilidad no debería existir pero sí preguntarnos por qué hay personas que quieren congelar, qué es lo que se está mediando en el mercado privado, qué tipo de problemáticas están llevando a las personas ahí”, reflexiona la socióloga Anna Molas.
Un ciclo puede costar entre 2.500 y 2.800 euros, a lo que hay que sumarle la medicación necesaria, entre 600 y 1000 euros, y el mantenimiento de los ovocitos, entre 300 y 500 euros cada dos años. Puesto que se trata de una técnica popularizada recientemente, la tasa de retorno, es decir, el número de mujeres que vuelven a por esos óvulos es bajo y no puede tomarse todavía como una cifra representativa: la vocal de la SEF estimula que solo el 10 o 12% de las mujeres recuperan sus ovocitos en el futuro.
En qué consiste un ciclo
Pero, ¿en qué consiste un ciclo? Si en un ciclo ovárico normal, una mujer genera un óvulo; el objetivo del tratamiento es estimular los ovarios para que en ese mismo periodo produzcan muchos más. Para eso, las mujeres deben pincharse hormonas durante una semana o diez días. “La cantidad exacta de hormonas y los días dependerán de cómo es esa reserva ovárica y de la edad, no hay ninguna cifra exacta de nada, ni de la dosis, ni de plazos. Se trata de controlar el ciclo y de conseguir un número que no sea excesivo para que no haya hiperestimulación, que es algo malo para ella, ni tan bajo como para que no merezca la pena”, asegura Rocío Calonge.
Durante el periodo de administración, las mujeres tienen que acudir a la clínica en varias ocasiones para que revisen la evolución de sus ovarios y calculen el momento óptimo para hacer la extracción, que requerirá de sedación y de reposo durante 24 horas. Antes de la extracción, las mujeres reciben otra inyección hormonal.
El principial riesgo acumulativo de los ciclos es sufrir síndrome de hiperestimulación ovárica o bien padecer hemorragias, torsión ovárica, infecciones o lesiones de estructuras cercanas durante la punción que permite la extracción, aunque la bióloga destaca que se trata de afecciones poco frecuentes
Anna Molas destaca que la congelación implica un proceso médico de hormonación a través de inyecciones y pasar por el quirófano para extraer los óvulos. “Todo eso es un tratamiento que conlleva riesgos y aunque en general están bien controlados, sobre todo los efectos a corto plazo, hay que decir que se sabe poco de los efectos a largo plazo de los ciclos de estimulación”, dice Molas, que señala que faltan estudios longitudinales al respecto. La experta recuerda que contar con el número óptimo de óvulos para congelar dependerá de la edad y de otras circunstancias de las mujeres, que en ocasiones se tendrán que someter a varios ciclos de estimulación y extracciones para conseguir esa cifra.
La vocal de la SEF, Belén Acevedo, asegura que ni la hormonación ni la congelación afectan a la calidad de los óvulos y que las mujeres pueden someterse a varios ciclos seguidos “con control”. Rocío Calonge aporta varios matices: “Que un ovocito sobreviva no significa necesariamente que sea completamente idéntico a un ovocito fresco. Se han descrito cambios celulares y moleculares, y existe todavía interés científico en conocer sus posibles consecuencias a largo plazo”. Eso sí, no se ha demostrado de forma consistente, prosigue, “una disminución importante de la fecundación, desarrollo embrionario o nacimiento vivo” atribuible a la vitrificación cuando se utilizan protocolos modernos.
El principal riesgo acumulativo de los ciclos es sufrir síndrome de hiperestimulación ovárica o bien padecer hemorragias, torsión ovárica, infecciones o lesiones de estructuras cercanas durante la punción que permite la extracción, aunque la bióloga destaca que se trata de afecciones poco frecuentes.
La edad de las mujeres cuando utilicen esos ovocitos influirá en sus posibilidades de embarazo a término “pero no tanto como la edad de los óvulos”, apunta Calonge: “Hay estudios recientes que muestran más dificultades de embarazo en mujeres que son mayores con óvulos jóvenes. En una mujer mayor hay que hacer un estudio en profundidad para saber si el embarazo no va a tener riesgos, porque en un embarazo influyen muchísimas circunstancias. También influirá la calidad del esperma. Y factores que desconocemos: quienes nos dedicamos a la reproducción asistida tenemos aún muchas incógnitas sobre por qué poniendo un embrión de calidad una mujer no se queda embarazada”.
No puedes destruirlos
Deshacerse de los óvulos congelados no es fácil: la ley sobre técnicas de reproducción humana asistida indica que solo es posible hacerlo si las mujeres cuentan con dos informes de médicos diferentes y ajenos a la clínica que certifiquen que no reúne los requisitos clínicamente adecuados para el embarazo, es decir, que ya no puede quedarse embarazada o que no es aconsejable que lo haga por cuestiones físicas o psicológicas. Esto sucede porque los óvulos están equiparados a los embriones, algo que no sucede con el semen.
A los 50 años ya no es necesario presentar esos informes, puesto que se da por hecha la imposibilidad del embarazo. Si las mujeres no cuentan con esos informes pero quieren deshacerse de ellos, pueden donarlos a la investigación médica (que apenas cuenta con estudios abiertos que los necesiten) o dejar de pagar. En ambas circunstancias, pierden el control sobre ellos. La norma establece que las clínicas deben ponerse en contacto con las mujeres cada dos años para saber si quieren mantener sus ovocitos congelados. Si tras dos requerimientos no reciben respuesta, ese material pasa a ser propiedad del centro