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Congelar óvulos, un alivio para muchas que no puede ser la respuesta a la crisis de fertilidad

Las jugadoras de la selección española celebran un gol en el partido de vuelta de la final de la Nations League
1 de septiembre de 2026 21:22 h

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¿Cuándo ser madre? La pregunta sobrevuela a muchas mujeres que piensan en tener hijos y para las que el contexto juega en contra: la precariedad, el acceso a la vivienda, las expectativas laborales y sentimentales, una conciliación muy difícil, el miedo a la penalización que todavía hoy implica la maternidad... La Federación Española de Fútbol está ultimando un acuerdo con una clínica privada de fertilidad para que las jugadoras puedan congelar sus óvulos, tal y como contó la futbolista Alexia Putellas en una entrevista en El País. “Para mí es un avance enorme porque la federación entiende que estás sirviendo a tu país en contra de tu tiempo biológico, que no puedes parar y no puedes ser madre porque necesitas tu cuerpo para trabajar”, decía.

Pero, más allá de las deportistas de élite, con una vida profesional muy corta, y de cuáles sean sus decisiones vitales, la congelación de óvulos aparece a veces como una solución casi mágica para la crisis de fertilidad que vive España y buena parte del mundo. Aunque la vitrificación es una opción que puede permitir a algunas mujeres 'comprar tiempo', pensar en ella como algo que extender a todas como manera de 'mejorar' la situación de la maternidad y la fertilidad olvida el contexto, relega el cambio colectivo y pone el foco en el cuerpo y en la vida de cada una.

“No creo que la solución pase por normalizar congelar óvulos como medida estrella para que una mujer pueda desarrollar un trabajo en un supuesto 'mejor' momento, sino poner el foco en por qué estamos retrasando ese cambio vital. ¿Es porque no tenemos una estabilidad?, ¿es porque laboralmente nos exigen una serie de cosas que son incompatibles con la crianza?, ¿es la precariedad de los empleos y el acceso a la vivienda? Y lo más importante: ¿deseamos realmente retrasar el momento o nos lo están imponiendo?”, se pregunta la periodista Diana Oliver, autora de Maternidades precarias.

Lo que aparece como una facilidad puede ser un caramelo envenenado por muchos motivos. El avance de la reproducción asistida da, de cierta forma, más margen de decisión a las mujeres, pero entra también de lleno en una lógica —la de que tener hijos y criar parece estorbar o debe quedar siempre relegado a lo productivo— y en un contexto: sabemos que las condiciones materiales, las dificultades para conciliar, el miedo a la penalización de la maternidad o la falta de parejas corresponsables son algunos factores clave que están influyendo en las decisiones reproductivas de las mujeres. Congelar óvulos puede aliviar a algunas, pero no da respuesta a ninguno de los asuntos de fondo.

Una solución individual

Las primeras en ofrecer estos tratamientos fueron grandes empresas tecnológicas como Facebook o Apple, que allá por 2014 comenzaron a incluir la congelación de óvulos en los servicios que ofrecían a sus empleadas. Más recientemente, en 2018, cinco grandes empresas valencianas representadas en el Club de Primeras Marcas, anunciaron un acuerdo con el Instituto Valenciano de Infertilidad para ofrecer descuentos a sus trabajadoras en este tipo de tratamientos.

“Una cosa es que exista una herramienta que amplíe las posibilidades reproductivas y otra que se convierta en una especie de solución individual a un problema que en realidad es social. Si congelar óvulos se presenta como una forma de ganar libertad, deberíamos asegurarnos de que esa libertad sea real y no la respuesta a un contexto que dificulta o penaliza la maternidad”, prosigue Oliver.

El plan que la Federación Española de Fútbol presentará en las próximas semanas no es una excepción en el mundo del deporte: en los últimos años, clubes, federaciones y sindicatos de varios deportes y países han comenzado a poner en marcha medidas similares para facilitar a las deportistas el acceso a estas técnicas, cuyo coste puede estar entre 2.000 y 6.000 euros. La premisa es que los años de mayor rendimiento deportivo son, también, los años de mayor calidad de los óvulos.

La investigadora Sara Lafuente, especializada en reproducción asistida y bioeconomía, considera que la problemática de las deportistas profesionales, que alcanzan un pico profesional temprano, no es muy generalizable al resto de la sociedad. “Para el resto de profesiones el problema es aún mayor porque para optar a buenas opciones laborales a veces se espera que se dediquen en cuerpo y alma no hasta los 30 o los 35 sino hasta los 40 o los 45, quedando muy relegada la posibilidad de combinar trabajo y maternidad. Por eso, en esos casos es aún más importante no ver la congelación como una solución y ahondar en la importancia de las medidas de conciliación”, analiza.

Una técnica en auge

En la última década, las mujeres que han congelado sus óvulos en España se han multiplicado casi por 30. La técnica que lo permite, la vitrificación, se consolidó en 2010. Sin embargo, congelar ovocitos no equivale en ningún caso a un embarazo garantizado. Sara Lafuente explica que, más que garantía, es una “ayuda” para poder quedarte embarazada en unos años con unas posibilidades teóricamente similares a cuando congelas los ovocitos.

“Pero si no estás probando a quedarte embarazada ahora, no sabes si te sería fácil o no. No existen métodos de evaluación de la calidad de los óvulos, se congelan sin saber de qué calidad son ni si en ese momento están afectados por algún factor externo más allá de la edad”, dice Lafuente, que recuerda que el procedimiento exige semanas de hormonación, una intervención quirúrgica y, en el caso de acudir a ellos posteriormente, someterse a tratamientos con más hormonación y técnicas algo más intervencionistas.

“A veces funciona muy bien y otras veces no funciona en absoluto, se pierden los óvulos al descongelarse o se logran pocos embriones y estos no se implantan. En estos casos, hay personas que creen que tenían una especie de 'garantía' de poder retrasar su maternidad que de pronto se ven sin opciones más allá de optar a óvulos o embriones donados”, explica la investigadora, que señala que no es lo mismo congelar en la veintena para intentar ser madre por tus propios medios a los 30 o 35, con tus ovocitos congelados por si los necesitas, a vitrificar a los 35 para cuando tengas 42 y el resto de opciones para quedarte embarazada ya estén muy limitadas.

“Pensando en el deporte de élite, tiene sentido si se utiliza con toda la información y la cautela debida. A nivel social y en relación al resto de profesionales y la tendencia general de retraso en la edad de búsqueda del embarazo, la congelación es un parche que no resuelve, en absoluto, el problema de base, pero que puede generar alivios, si bien a veces pueden ser falsos”, concluye.

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