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Retrasos o reglas muy seguidas: ¿está el calor extremo afectando al ciclo menstrual de las mujeres?

Mujeres pertenecientes a la organización Menstruación Digna México, protestaron este viernes frente al Senado mexicano, en la Ciudad de México. EFE/Sáshenka Gutiérrez

Ana Requena Aguilar

1 de agosto de 2026 23:12 h

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Reglas que se retrasan o que se adelantan. Menstruaciones que desaparecen por completo o que se repiten en un mes. En las últimas semanas, cientos de mujeres han compartido en redes sociales alteraciones en su ciclo menstrual. Más allá del efecto viral —que hace que más mujeres se lancen a contar algo que también ha podido sucederles en otros momentos—, de las teorías de la conspiración o de quienes lo asocian a movimientos cósmicos, la respuesta a esa alteración puede estar en el calor extremo que estamos viviendo.

La evidencia es limitada pero existe: las altas temperaturas impactan en el ciclo menstrual. “Hay pocos estudios, pero vemos que el aumento de temperatura influye en el ciclo menstrual porque hay un aumento del estrés en el cuerpo y eso eleva el cortisol y afecta al eje de síntesis de hormonas. Eso puede favorecer esa activación del ciclo menstrual y modificarlo, alargarlo, acercarlo, hacer la regla más dolorosa...”, explica la directora del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital San Pau de Barcelona, Elisa Llurba. Cualquier factor estresante puede afectar, por tanto, al ciclo menstrual y eso incluye épocas complicadas, periodos de exámenes o altas temperaturas.

“Todo lo que activa el estrés del cuerpo aumenta la inflamación. El eje hipotálamo-hipófisis-ovarios controla el ciclo menstrual y es sensible a cualquier cambio, el estrés se percibe a nivel cerebral y se traslada a la secreción hormonal”, prosigue. Cuando las temperaturas son extremas, el mecanismo corporal de disipación del calor condiciona que haya más aporte de sangre a los tejidos “y eso en caso de la menstruación incrementa la cantidad de regla y el dolor”.

Un estudio sobre el impacto del cambio climático en la salud menstrual asegura que los fenómenos climáticos como las sequías o el calor extremo afectan al ciclo y a los patrones de sangrado. “El calor extremo puede provocar desequilibrios hormonales e intensificar los trastornos endocrinos y las infecciones del tracto urinario. Aunque la evidencia sobre las conexiones directas entre el calor extremo y el ciclo menstrual es limitada, los desequilibrios hormonales sí afectan al ciclo menstrual, provocando irregularidades, sangrados atípicos e intensificando el dolor menstrual. Además, los trastornos endocrinos (como el síndrome de ovario poliquístico y la endometriosis) y los síntomas de la menopausia pueden verse afectados por fenómenos climáticos de aparición gradual (como el aumento de la temperatura) de formas que aún no se han estudiado suficientemente”, asevera la investigación.

Estrés y ciclo menstrual

La ginecóloga Miriam Al Adib subraya que las experiencias compartidas estas semanas por tantísimas mujeres en redes tienen un “sesgo de selección”, pero destaca la existencia de estudios que ofrecen algunas respuestas a lo que está pasando.

“Si ves algo publicado y te ha pasado a ti, tiendes a compartirlo y a considerar que es verdad. Si no hay un estudio específico que haga un análisis estadísticamente bien diseñado no podemos afirmar ni negar nada. Sí podemos movernos en el terreno de la plausibilidad biológica, es decir, que haya una explicación posible: pensar que ha habido un calor extremo que podría estar relacionado con alteraciones del sueño, aumento del cortisol, deshidratación... todo eso produce estrés al organismo y el estrés influye en el eje hipotálamo-hipófisis-ovarios que regula el ciclo hormonal femenino”, afirma.

Todo lo que implica estrés físico o mental puede, por tanto, influir sobre este eje. “La regla no deja de ser la expresión de un equilibrio neuro-inmu-endocrino, todo eso está interconectado: una alteración que pueda afectar al sistema nervioso, como el estrés, puede desregular la regla, lo mismo sucede con un problema endocrino como un hipotiroidismo, o con una alteración inmunológica, como sucedió con la vacuna de la COVID”, apunta Al Adib, que fue precisamente una de las expertas que investigó las alteraciones menstruales que muchas mujeres reportaron después de haberse vacunado en la pandemia.

Lo que encontró cuando empezó a indagar fue el vacío: “Las variables de salud femenina, como la menstruación, no se pueden obviar en el mundo científico, pero es lo que ha sucedido. Con la vacunación de la COVID y las alteraciones menstruales se dijo que la evidencia científica no decía nada sobre eso... no decía nada porque no se había estudiado porque se ha impuesto una medicina androcentrista”. Finalmente, diferentes estudios mostraron que la vacuna del COVID conllevó alteraciones menstruales para un gran número de mujeres.

Al Adib reclama más investigación sobre el ciclo menstrual relacionado con diferentes variables, desde medicamentos a vacunas o factores ambientales: “Los y las profesionales bebemos de estudios y si esos estudios ya tienen esos sesgos cómo vamos a aprender y aplicar una medicina que integre realmente la salud femenina”.

No solo la regla

La evidencia que existe muestra que la exposición a altas temperaturas afecta a otros momentos clave de la vida reproductiva y hormonal de las mujeres, como el embarazo o la menopausia. “Estudiamos la evolución del embarazo en relación al ambiente tanto a nivel de contaminación, ruido o calor, y vimos que los periodos de calor elevado condicionan el desarrollo del cerebro del bebé. Hay diferencias en una zona del cerebro que se llama tálamo, que procesa la información: hay diferencias entre los fetos de las mujeres que no tuvieron tanta exposición a épocas de calor y las que sí”, explica la ginecóloga Elisa Llurba. La falta de estudios a largo plazo sobre esos niños impide saber si esa diferencia de estructura cerebral les ha afectado en su desarrollo.

“El estrés materno aumenta el cortisol de manera clara, el cortisol afecta el desarrollo fetal y el calor es un factor muy estresante, como lo puede ser el ruido o la tensión psicológica”, añade.

Llurba destaca que también afecta en menopausia: “Las mujeres que viven en zonas de altas temperaturas tienen más síntomas, cansancio, sofocos, labilidad, alteraciones en el sangrado... La menopausia afecta al centro termorregulador del organismo y cuanto más difícil es para el organismo regular la temperatura por los factores externos, más aumentan los síntomas. Las mujeres son vulnerables al calor en varias situaciones de su vida”.

La experta destaca la necesidad de conocer esta realidad para atender mejor a las pacientes y reclama seguir produciendo evidencia “para generar recomendaciones y poder tomar decisiones que mejoren la calidad de vida” de las mujeres.

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