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A Veiga: la lucha contra el fuego y por salvar el rural en el punto más alto de Galicia

Ourense —
22 de agosto de 2025 12:19 h

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Carlos Alberto Fernández

Santiago de Compostela, 22 ago (EFE).- El humo invade A Veiga, destino 'Starlight' de Galicia, donde estos días la observación astronómica ha dado paso a la de las llamas que han quemado Pena Trevinca, la montaña más alta de la comunidad autónoma; allí, en un lugar con zonas casi inaccesibles, luchan contra el fuego y, en paralelo, por salvar el rural.

La tenacidad de los vecinos y la incorporación, en los últimos días, de los medios de extinción, dan un respiro a su alcalde, el popular Juan Anta, tras haber pasado días de angustia en la parte más oriental de la provincia de Ourense, al límite con Castilla y León.

Con esa tranquilidad relativa, siempre vigilante porque se ve “humo sobre las casas”, al primer edil le ha tocado estar en los últimos días a dos frentes: su mujer salía de cuentas y el monte y sus paisanos requerían su atención desde el pasado viernes, cuando vieron que otros ayuntamientos limítrofes, a los que ayudaron, estaban en problemas por los incendios.

Cuenta en una entrevista con EFE que echaron mano de la maquinaria pesada de la gente local que gestiona el monte y de lo que disponían en el pueblo. Así lograron, al principio, evitar que el fuego llegara al municipio. Sin embargo, “el temor” a que entrara, “como muchas otras veces”, por el lado de A Mezquita o de Zamora, se confirmó cuando lo hicieron las llamas que procedían de Porto de Sanabria, en Castilla y León.

En esa zona, casi inaccesible, solo los medios aéreos podían atajar el incendio. Así que en A Veiga intentaron trabajar para “ralentizar” su avance y lo consiguieron con cortafuegos y apagando las llamas en algunos puntos.

Aunque reconoce que en esos primeros días estuvieron “más solos”, su alcalde se muestra comprensivo: Galicia pasa por una “situación absolutamente excepcional” y estaban “ardiendo casas”, con vidas “en peligro”, en otros ayuntamientos de la zona.

El fuego fue a más y el domingo y el lunes reclamaron “todos los medios que hubiera a disposición” para enfrentar las llamas.

Entonces, se sumaron “algunos medios aéreos y brigadas” que ayudaron a “detener” su avance. “En este momento casi no existe riesgo para ningún pueblo”, precisa.

Pena Trevinca, que tiene “un valor tremendo, está quemada”, señala el alcalde, quien explica que “ardió prácticamente todo” tanto en la cumbre como en las faldas de la montaña.

Juan Anta reconoce el esfuerzo de la gente, que ha intentado “ayudar como puede”, aunque en A Veiga, con sitios “sin acceso”, incluso “esa voluntad es difícil que se cumpla”. Especialmente se acuerda de los ganaderos, “el alma del territorio”, porque, advierte, “sin ellos no habrá futuro”.

El futuro del rural

El alcalde considera que, una vez el fuego remita, “todas las administraciones” deben replantearse el tipo de rural que quieren. Avisa de “una problemática” evidente: los terrenos que no producen tienen “riesgo de arder” en un escenario en el que las “temperaturas van en aumento y cada vez los montes están más abandonados”.

Recuerda que A Veiga ardió por Pena Trevinca desde Zamora, pero no por otros frentes porque en el municipio cuentan con un ganadero extensivo que tiene “un montón de prados limpios” y hay “importantes montes comunales” donde los comuneros y las empresas de gestión forestal ayudan a “protegerlos”.

Él lamenta la “burocracia absolutamente excesiva e inoperativa” a la que se enfrenta la gente que “quiere emprender o vivir en los pueblos”. Dice que parece que un ganadero necesita “un máster” para ampliar su explotación, que un apicultor tiene que “hacer tres carreras para sacar un permiso”, o que para “cortar” en tu propiedad hay que pagar “tasas”.

Además, sugiere apostar por “políticas innovadoras y atrevidas”, y así menciona el centro apícola que crearon en A Veiga, donde no había apicultores y hoy hay 20 con una marca de miel propia; una iniciativa colectiva con los arándanos y otro proyecto en camino sobre ganadería, o el centro de observación de estrellas del que disponen y que favorece un turismo sostenible.

Anta afea “el sobreproteccionismo” -en Trevinca “no se puede hacer una sola pista”-, pero también “el todo vale”. Se necesita un “equilibrio”.

“No se trata de buscar culpables sino de buscar soluciones. Esta vez tenemos que pensar no solo en reconstruir sino en hacerlo de una manera totalmente orientada a que los pueblos tengan vida”, opina sin perder de vista el fuego.