Nuevo “pleno de señores” en los Nobel de ciencia: tienes más opciones de ganarlo llamándote 'John' que siendo mujer
De las 662 personas distintas que desde 1901 han recibido al menos un premio Nobel científico (Física, Química y Medicina) solo 26 eran mujeres, lo que supone el 3,9% del total. Y en 2026 el número de investigadoras reconocidas permanecerá inalterado un año más, tras conocer los Nobel científicos de este año, que han laureado a seis varones y un total de cero féminas.
Desde que en 1901 comenzaron a concederse los Premios Nobel, 101 de las 125 ediciones de los galardones de Física, Química y Fisiología o Medicina se han saldado sin ninguna mujer premiada, frente a solo 24 años en los que al menos una científica recibió alguno de estos reconocimientos. La tendencia apenas ha cambiado en la última década: cinco de los diez últimos años (2017, 2019, 2021, 2024 y 2026) terminaron de nuevo sin ninguna mujer entre los Nobel científicos.
Cada una de las tres categorías científicas del Nobel tiene asignado un comité que ya nace con un sesgo. Aunque la cara visible de dos de los anuncios ha sido Ellen Moons, secretaria general de la Real Academia Sueca de Ciencias, el desequilibrio en la composición de los comités ha sido escandaloso: de los 15 miembros oficiales de los tres comités científicos solo cuatro son mujeres: Física (cuatro hombres y una mujer), Química (tres hombres y dos mujeres) y Fisiología o Medicina (cuatro hombres y una mujer).
Lo que me vendieron a mí hace 20 años de que, cuando fuéramos el 50% de estudiantes tendríamos el 50% de los premios era una cochina mentira
El porcentaje global de mujeres premiadas en ciencia palidece ante casi cualquier otra categoría que tomemos para clasificar a los premiados. Alrededor de 28 científicos premiados con un Nobel son japoneses, por ejemplo, y hay 40 laureados científicos cuyo nombre de pila es John. Los japoneses representan en torno al 4% de los premiados y los llamados John son un 6%, por encima del 3,9% que representan las mujeres.
Cuando descendemos a los premios por categorías, la menos igualitaria es la Física (solo cinco mujeres frente a 231 hombres), seguida de Química (ocho mujeres frente a 200 varones laureados) y Medicina (14 mujeres contra 235 señores). Esto equivale a una mujer premiada cada 25 años en Física, una cada 16 años en Química y una cada nueve años en Medicina.
“Una cochina mentira”
La situación es tan sangrante que muchos de los premiados consideran que tienen un problema. Uno de los ganadores del Nobel de Física de 2011, Brian Schmidt, aseguraba en una entrevista reciente con elDiario.es que en su campo han sido muy lentos a la hora de incorporar a las mujeres. “Tenemos que reconocer que no lo hemos hecho bien”, admitía. En 2024 se montó un gran revuelo porque la organización de los Nobel felicitó públicamente al ganador de Medicina, Victor Ambros, destacando que su esposa y colega, Rosalind Lee, había sido la primera autora del artículo científico clave citado por el comité, pese a que ella no recibió el galardón.
“Que el porcentaje de mujeres premiadas esté en estos mínimos resulta llamativo”, asegura Concha Monje, doctora en Robótica. “Más que una cuestión de cuotas, esto debería hacernos reflexionar sobre si estamos identificando y reconociendo de forma justa todo el talento disponible”. “Siempre es lo mismo: otra vez lo mismo, otra vez todos señores”, se queja Clara Grima, matemática de la Universidad de Sevilla (US). “Los Nobel están perdiendo cada vez más prestigio en el sentido de que no representan para nada a la ciencia. Hoy en día nadie se cree que la ciencia la hagan solo unos señores muy serios y mayores; no me creo yo que a estas alturas sea representativo que llevemos tantos años sin que aparezcan las mujeres”.
Hoy en día nadie se cree que la ciencia la hagan solo unos señores muy serios y mayores; no me creo yo que a estas alturas sea representativo que llevemos tantos años sin que aparezcan las mujeres
Para Conchi Lillo, neurocientífica de la Universidad de Salamanca (USAL), los premios Nobel sigue unas normas que no encajan con lo que la ciencia es y cómo funciona, y “contribuye a perpetuar el estereotipo de que la ciencia la hacen unas pocas personas (normalmente señores) muy buenos todos y que salvan nuestras vidas”. Este es justo el aspecto que señalaba la matemática Marta Macho: el sexismo recorre todas las etapas de la nominación para un premio, desde la decisión de a quién se propone para un reconocimiento, pasando por las resoluciones intermedias, hasta el momento final del fallo del comité del Nobel, en el caso de este galardón. “Por eso tantas mujeres quedan fuera, porque van quedando atrás en todas y cada una de las etapas”, concluye.
Carmen Agustín, neurocientífica de la Universitat de València (UV), pone el dedo en la llaga al señalar que en el Nobel de Medicina de este año, al descubrimiento de Optogenética, podrían haber incluido a una mujer, Susana Lima. “Llevan mucho tiempo diciendo, y yo también lo pensaba cuando era joven, que el problema era que las mujeres estábamos infrarrepresentadas, pero ahora veo que mis estudiantes son el 80%, que cuando he sido profesora en un grado de medicina el 80% han sido mujeres y que, aun así, los jefes de servicio siguen siendo hombres, los directores del departamento siguen siendo hombres y los que reciben los premios siguen siendo hombres”, asegura. “Lo que me vendieron a mí hace 20 años de que cuando fuéramos el 50% de estudiantes tendríamos el 50% de los premios era una cochina mentira”.
Sin propósito de enmienda
En la última década y media, numerosas agencias financiadoras, universidades y grandes premios científicos han introducido políticas de diversidad en comités y nominaciones, han reformado sus procedimientos para reducir sesgos. Los Nobel, sin embargo, mantienen prácticamente intacta la arquitectura diseñada a comienzos del siglo XX: nominaciones restringidas, deliberaciones secretas durante 50 años y un énfasis exclusivo en el “mérito” individual, confiando únicamente en ampliar la diversidad de quienes nominan.
En 2019, Göran K. Hansson, entonces secretario de la Real Academia Sueca de las Ciencias, afirmó que la institución había empezado a pedir expresamente a quienes presentan candidaturas que no pasaran por alto a mujeres ni a científicos de otras regiones o grupos, pero añadió que los premios seguirían concediéndose “solo por el mérito científico”. Es decir, el comité acepta que el embudo empieza en las nominaciones, pero rechaza introducir cuotas o criterios de representación en la decisión final. Esa sigue siendo la posición oficial y ha sido reiterada en años posteriores.
“Cuando pedimos que se premie a más mujeres, no estamos pidiendo que se premie a quien no lo merece ni que se bajen los estándares”, señala Victoria Toro, directora de Comunicación de AMIT. “Lo que estamos pidiendo es que los jurados salgan del machismo estructural para ver más allá de su círculo masculino. Que miren más allá de sí mismos y vean que sí hay mujeres que lo merecen tanto como los varones a los que premian, solo que, en demasiadas ocasiones, ellos no las ven. Y eso es exactamente lo que ocurre año tras año con los Premios Nobel”.
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