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El oso polar, animal del hielo marino, sigue perdiendo hábitat en su día internacional

Madrid —

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Madrid, 27 feb (EFE).- Los osos polares (Ursus maritimus), una “especie absolutamente dependiente del hielo”, continúan luchando durante su día internacional por su supervivencia en un contexto de calentamiento global que hace desaparecer su hábitat y que, según expertos, podría provocar que a 50 años vista al menos un tercio de su población desaparezca.

Andrés Ordiz, investigador de la Universidad de León y miembro del “grupo de expertos en osos” de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se muestra preocupado en una entrevista con EFE por las implicaciones que podría ocasionar en la especie la pérdida de hielo marino.

Estos enormes plantígrados de hasta 800 kilos de peso habitan en el Ártico, espacio que se está calentando más rápido que cualquier otra región del planeta.

“En agosto o septiembre, a día de hoy, parece que solo hay tres millones de kilómetros cuadrados (de hielo marino) comparado con los seis millones que había hace unos años”, expresa Ordiz, quien dice que “la tendencia no da para ser optimista”.

“No es solo que pierda acceso a su presa principal”, las focas, sino que también supone meses, que se alargan, sin encontrar comida; una mayor interacción con los humanos; o la pérdida de zonas de cría.

Los osos polares viven en el hielo marino desde mediados de otoño hasta el final del invierno, alimentándose de las focas que cazan. Al llegar la primavera, bajan a tierra y ayunan, sirviéndose de sus reservas de energía, hasta que el hielo reaparece.

Pero a medida que los veranos árticos se alargan, esta tarea se torna más complicada.

Así, los resultados de un modelo bioenergético publicados este enero en la revista Science determinaron que los osos polares de la bahía de Hudson occidental, en Canadá, vieron reducida su población a casi la mitad desde mediados de los años 90 debido a la disminución del hielo marino y a las limitadas oportunidades de caza.

Otras implicaciones

Un incremento en el período que pasan en tierra firme también contribuye a que aumente la interacción de humanos con estos osos, los cuales, recuerda el experto, se pueden matar en defensa propia.

El aumento de actividades humanas en este territorio, antes inaccesible por el hielo, favorecerá estos potenciales encuentros que “pueden suponer un aumento en su mortalidad”, incide.

Ordiz menciona que, ante mayores temperaturas, se podrían ver afectados sus espacios de cría, las oseras, agujeros en el hielo donde se recogen para abrigarse y criar a los cachorros.

Además, anota que son especies de crecimiento lento: no alcanzan la edad de reproducción hasta los seis años; y las crías, que al nacer pesan tan solo 200 gramos, permanecen a su lado al menos dos años y medio.

Todas las especies que cuentan con esta característica “tienen menos capacidad de respuesta a todo tipo de problemas”, explica.

Esfuerzos de conservación

Todavía es una especie relativamente desconocida pues, pese a los esfuerzos que se llevan a cabo para conocer su ecología y cómo pueden responder a distintos factores, de más de la mitad de las 19 subpoblaciones existentes se desconoce la tendencia que siguen.

¿Posibilidad de adaptarse? “Tiene mala pinta”, comenta Ordiz, que añade que aunque genéticamente no está tan lejos del oso pardo, el polar evolucionó en su morfología para adaptarse a la nieve.

“No es solo que dejen de vivir en el hábitat ideal para ellos, es que allí son los reyes (...) y en un ambiente que no es el suyo, no es solo adaptarse, sino que van a tener que competir con otras especies”, agrega.

“Cuando están en tierra se altera todo”, concluye Ordiz ante las múltiples consecuencias indirectas que la pérdida del hielo marino, su hábitat, conllevaría para los cerca de 26.000 osos polares que quedan en el Ártico.