La regularización de migrantes enfrenta a las derechas con la Iglesia: “Están más con el demonio que con los pobres”
“Esto es puro Evangelio”. 84 instituciones vinculadas a la Iglesia católica, entre ellas la propia Conferencia Episcopal, la Confer, Cáritas o Redes, formaron parte, “desde el principio”, del proceso que germinó en la mayor Iniciativa Legislativa Popular (ILP) de la historia de nuestra democracia para solicitar al Congreso la regularización extraordinaria de alrededor de medio millón de migrantes. Una medida que, finalmente, verá la luz a través de un Real Decreto, tras un pacto entre el Gobierno y Podemos, y que desde la Iglesia ven como “una gran noticia”.
“Es un reconocimiento de la dignidad humana, una oportunidad para colaborar en el bien común”, señalaba el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, que durante meses mantuvo encuentros personales con los principales líderes políticos para lograr su adhesión a un pacto social sin precedentes.
Sin embargo, otros ‘católicos’, tanto dentro como fuera de la Iglesia, se han sacudido ante la reforma migratoria. Algunos, muy sonoros, por su cargo, como los obispos ultras de Oviedo y Orihuela, Jesús Sanz y José Ignacio Munilla, que se quejaban de que “todos no caben”, rompiendo la unidad episcopal.
Católicos pidiendo eliminar la X de la Iglesia
También, desde la denominada ‘fachosfera eclesial’, calificando a los obispos de “traidores” por permitir la “invasión” de extranjeros (obviando que la norma regulará solo los casos de migrantes con arraigo, ya residentes en España), y asumiendo (falsamente) que se trata de una medida para otorgar millones de votos para lograr un vuelco en las próximas generales. Son casos tan estrambóticos como el de ‘Universitarios católicos’, que ha lanzado una campaña para pedir “la eliminación de la casilla para la Iglesia Católica en el IRPF” por el apoyo a la regularización extraordinaria por parte de los obispos, a los que acusan de estar “una vez más, alejados de los católicos españoles y cercanos a los políticos anticlericales”.
O como algunos de los curas que rezaron por la muerte del Papa Francisco y que, en sus redes sociales, denuncian la “traición continua” de la Conferencia Episcopal. Y es que, de un tiempo a esta parte, la deriva antiepiscopal de la ultraderecha y sus pseudomedios es evidente. Entre los adalides de esta estrategia se sitúa el filósofo cercano a Vox, Miguel Ángel Quintana Paz, quien no ha dudado en arremeter contra los obispos, mezclando convenientemente la resignificación de Cuelgamuros y la regularización de migrantes para llamar a los buenos católicos a desobedecer a sus obispos. O, al menos, a los que disienten de las verdades oficiales de lo que el teólogo Juan José Tamayo denomina “neocristofascismo”. Así, el director del think tank de la sobrina de Le Pen (ISEEP) apunta que “la visible incompetencia de nuestros obispos al abordar asuntos políticos (inmigración, Valle...) tiene algo bueno: que el resurgir católico actual no derive en clericalismo. Que el clero no se vea como «jefes» de los católicos. Pues no lo son”.
En el trasfondo del desencuentro entre obispos y ultraderecha está la ‘guerra cultural’ de la que hacen gala todos estos grupos, curiosamente enfrentados entre sí (en las autonómicas de Aragón, HazteOír está haciendo campaña contra Vox), disputándose la autoridad moral del rigorismo. En esta tesitura, ha causado desazón entre los obispos un tuit de la Falange Española en la que muestra el presidente de la Conferencia Episcopal transformándose en un demonio, en un proceso de conversión que le hace aparecer, primero, como George Soros. “La inmigración es mafia, explotación, salarios indignos, desarraigo y disolución cultural. Lo más lejano a la Doctrina Social de la Iglesia. Si la patronal, Podemos, Soros y la CEE están de acuerdo en promoverla, igual la Conferencia Episcopal está más con el demonio que con los pobres”.
¿Y qué pasa con el PP?
Todo esto en la ultraderecha patria. Pero, ¿qué sucede con la derecha tradicional, con la democracia cristiana supuestamente inserta en las filas del Partido Popular? Porque el PP rechaza la regularización aprobada por el Gobierno, al igual que, durante mucho tiempo, se opuso a la ILP promovida por un millar de asociaciones civiles y religiosas. De hecho, solo votaron ‘sí’ a la admisión a trámite por la presión de la jerarquía eclesiástica y de las bases del partido que participan en las organizaciones, cristianas o no, que promovieron la recogida de firmas de la iniciativa informa Aitor Riveiro.
En 2024, cuando la propuesta llegó al Congreso, el PP titubeó sobre qué votar. Entonces, reconocieron que Cáritas había presionado para lograr un apoyo al texto. En el debate parlamentario, la diputada Sofía Acedo criticó al Gobierno por “la hipocresía” de promover una ILP que no llegó desde el Ejecutivo, sino desde la sociedad civil, conminando al Gobierno a usar la vía del Real Decreto. “Hoy mismo, sin esta tramitación, podría aprobar un real decreto reglamentario y aplicarse desde mañana”, la regularización. Ahora que el Ejecutivo ha recurrido a esa vía ante el bloqueo de las derechas en el Congreso, el PP da la vuelta al argumento, critica que se haga así, y reclama una ley.
El discurso que relaciona directamente a las personas migrantes con la “inseguridad” en los barrios fue asumido por Alberto Núñez Feijóo y, ahora, vuelve a ser esgrimido como razón para rechazar la regularización, junto al ‘efecto llamada’ y una supuesta estrategia para querer inflar el censo electoral de cara a las próximas generales, que es falsa.
Y es que el voto a favor de la ILP fue un gesto fugaz expresamente dirigido a la Iglesia y a la patronal, que reclama la regularización para obtener mano de obra legal. El proceso finalmente aprobado por el Gobierno ya no exige el apoyo del PP. Fuentes cercanas a Añastro (sede de la CEE) confirman que Núñez Feijóo comunicó telefónicamente su negativa a apoyar la regularización al arzobispo Argüello. Después, el silencio de un PP que evita criticar directamente a la Iglesia, pero se esfuerza (al menos en este campo) por no forzar unas relaciones que Vox hace tiempo que dio por rotas.
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