Los hospitales empiezan a bajar la persiana de sus UCIs COVID-19 y algunos hasta se despiden de su último paciente después de diez meses. La presión asistencial respira por primera vez en la pandemia. La realidad entre esas paredes ha sido tan extrema que las personas que trabajan en ellas se resisten a hablar de olas: para los sanitarios de medicina intensiva ha existido un único tsunami que solo ahora empieza a amainar.
A finales de esta semana había unas 2.400 personas hospitalizadas y alrederor de 659 en UCI, un 20% menos respecto a la semana anterior. Por comparar: en el pico de la tercera ola llegó a haber 32.000 ingresados en planta y 5.000 en UCI; y el día en que decayó el estado de alarma, eran 8.500 y 2.100 respectivamente.
Por Mónica Zas.