Egipto pudo tener una mujer gobernando como rey hace 5.000 años: una vieja fotografía acaba de aportar una pista decisiva
La barba postiza faraónica que Hatshepsut adoptó en determinadas representaciones formaba parte de la iconografía reservada al soberano y reforzaba visualmente su condición de faraón. Varias mujeres alcanzaron el poder supremo durante la larga historia del Egipto faraónico, aunque la documentación disponible presenta diferencias importantes entre unas y otras.
Hatshepsut, que gobernó en la XVIII Dinastía, dejó monumentos, inscripciones y un amplio programa constructivo, mientras que Sobekneferu aparece reconocida como soberana al final de la XII Dinastía y Tausert estuvo en el trono al término de la XIX. Cleopatra VII, perteneciente ya a la dinastía ptolemaica, está abundantemente documentada y desarrolló una intensa actividad política y diplomática hasta la conquista romana del 30 a. C.
Neferneferuatón constituye un caso bastante más discutido por los problemas de identificación, y Meretneith plantea dificultades todavía mayores debido a la enorme antigüedad de las evidencias conservadas, aunque nuevos análisis refuerzan la posibilidad de que ejerciera una autoridad equivalente a la de un rey.
Un sello sitúa a Meretneith entre los primeros soberanos
Esa posibilidad sobre Meretneith ha recibido un respaldo importante gracias al trabajo de Sue Kelly, investigadora vinculada a la egiptología de la Universidad Macquarie, y Crystal Miller, técnica digital de esa universidad, publicado en Prague Egyptological Studies. Las investigadoras examinaron digitalmente una antigua fotografía de una impresión de sello y sostienen que dos de sus serekhs contienen el nombre de Meretneith.
El serekh era una representación estrechamente asociada con la identidad del gobernante durante los comienzos del Estado egipcio, por lo que situar su nombre dentro de este emblema aporta una evidencia especialmente relevante sobre su condición política. Kelly y Miller consideran que el resultado respalda su identificación como una gobernante femenina con una posición equiparable a la de los reyes del periodo.
Las inscripciones conservadas permiten además plantear que Meretneith desempeñó funciones diferentes durante una trayectoria política que pudo prolongarse durante al menos 30 años. El serekh situado junto al de Djer lleva a las autoras a proponer una posible corregencia, mientras que otra impresión procedente de la tumba de Den presenta a Meretneith como “madre del rey”, una condición compatible con una etapa posterior como regente.
Su nombre aparece también en un sello relacionado con Semerkhet, dos reinados después de Den, circunstancia que prolonga considerablemente su presencia documental. Otros testimonios mencionados en la investigación la vinculan con el tesoro, funcionarios y estructuras administrativas, de modo que las evidencias disponibles apuntan hacia una participación efectiva en ámbitos donde se gestionaban recursos y personal.
La tumba de Abidos refleja una posición política elevada
El enterramiento de Meretneith aporta otra evidencia independiente sobre su elevada posición dentro de la Primera Dinastía, aunque por sí mismo tampoco determina el título exacto que utilizó durante toda su vida. Su tumba Y de Abidos tenía aproximadamente 16,5 por 14 metros, estaba rodeada por ocho cámaras estrechas y formaba parte de un complejo con 49 tumbas y cámaras subsidiarias. El tratamiento funerario era comparable al concedido a gobernantes masculinos de su tiempo, pese a que las dimensiones del conjunto fueran menores que las de algunos soberanos contemporáneos. Kelly y Miller proponen por ello interpretar las distintas evidencias como testimonios de etapas diferentes, entre ellas una posible corregencia junto a Djer y una posterior regencia durante el reinado de Den. Las propias autoras reconocen, sin embargo, que algunos detalles epigráficos continúan abiertos a discusión y que su carrera política completa no puede reconstruirse con certeza.
Una fotografía conservó las pruebas tras perderse los originales
La evidencia que ha reactivado esa discusión procede de un hallazgo realizado ocho décadas antes, cuando el arqueólogo y egiptólogo Walter B. Emery encontró en 1946 trece tapones de barro con impresiones en la tumba S3503 de Saqqara. Emery identificó el primero y el cuarto de cuatro serekhs consecutivos con Djer y posteriormente atribuyó los dos centrales a Meretneith, aunque otros especialistas cuestionaron esa lectura debido a la escasa calidad de las reproducciones disponibles.
Tanto la impresión arqueológica original como la placa fotográfica utilizada entonces están actualmente en paradero desconocido, lo que dejó como testimonio fundamental una fotografía custodiada en los archivos de la Egypt Exploration Society.
La recuperación de aquella imagen permitió retomar una discusión que durante décadas había dependido de reproducciones insuficientes para distinguir correctamente algunos jeroglíficos. En septiembre de 2022 se obtuvieron escaneos de alta resolución y el tratamiento digital permitió aislar los signos, aumentar el contraste y elaborar una reproducción técnica de las impresiones.
Entre los detalles recuperados figura dos veces el signo de la azada, presente de manera recurrente en las distintas grafías conocidas del nombre de Meretneith. Kelly, en un artículo publicado por The Conversation, sostiene junto con Miller que el resultado apoya la antigua identificación de Emery y permite considerar a Meretneith una de las primeras mujeres que ejercieron el poder real en Egipto.
La fotografía, por lo tanto, no reconstruye cada etapa de su vida, pero conserva una evidencia material decisiva para discutir qué autoridad llegó a ejercer hace más de 5.000 años.
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