De época visigoda, este castillo tuvo unas cuevas que pudieron servir de mazmorras, almacenaje o de vía para escapar

La sólida roca proporcionaba una custodia infranqueable y discreta para los reclusos

Alberto Gómez

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Sobre un cerro arcilloso que domina la villa de Saldaña y el río Carrión, se alzan las ruinas del Castillo de los Condes de Saldaña, una fortaleza defensiva cuyos orígenes se remontan a la época visigoda y que expertos historiadores señalan que nació en el siglo VI para proteger el territorio frente a las incursiones septentrionales. Más allá de sus murallas y torres, este monumento de la provincia de Palencia alberga en la ladera oriental de la colina un enigmático complejo de cuevas artificiales excavadas en la roca, cuyas galerías subterráneas continúan despertando el interés de los mencionados historiadores por los valiosos secretos que custodian desde la Edad Media.

Las crónicas refieren que el rey visigodo Leovigildo conquistó la plaza saldañesa y mandó acuñar moneda tras sofocar las rebeliones cántabras en la zona. Reconstruido y ampliado en el siglo XI sobre los cimientos de la edificación devastada por Almanzor en 995, el castillo se consolidó como un baluarte estratégico entre León y Castilla. Durante la época medieval, la fortaleza albergó a los Banu Gómez y fue escenario de acontecimientos reales, entre los que destacan el fallecimiento de la reina Urraca I de León en 1126 y la multitudinaria boda de su hijo Alfonso VII con Berenguela de Barcelona en 1128.

El gran atractivo misterioso de este conjunto monumental reside en las cavidades subterráneas dispuestas en la ladera oriental del cerro, cuya cuidada orientación sugiere una clara vinculación defensiva con el castillo superior. Las exploraciones arqueológicas han sacado a la luz galerías que conectan diversas estancias que hoy permanecen parcialmente obstruidas por los derrumbes. En el interior de estas salas subterráneas se han recogido fragmentos cerámicos del siglo XII que coinciden con los materiales hallados en el recinto superior, confirmando que ambas estructuras funcionaban de forma coordinada.

Ampliado en el siglo XI sobre los cimientos de la edificación devastada por Almanzor en 995, el castillo se consolidó como un baluarte estratégico entre León y Castilla

Entre las funciones atribuidas por los historiadores a estas cuevas destaca su probable empleo como sótanos y mazmorras para el confinamiento de prisioneros de guerra y cautivos de rango. La sólida roca madre proporcionaba una custodia infranqueable y discreta para los reclusos, ofreciendo al mismo tiempo un recinto seguro para resguardar los recursos más valiosos del castillo. Asimismo, las condiciones térmicas del subsuelo convertían a estos espacios en almacenes idóneos para conservar reservas de agua, alimentos y pertrechos vitales para garantizar la resistencia de la guarnición durante los asedios.

La red de pasadizos subterráneos también pudo funcionar como una estratégica vía de escape para los señores del castillo y mandos militares en momentos de extrema emergencia bélica. La disposición de las galerías orientadas hacia el río permitía una evacuación discreta, lejos de la vista de los ejércitos atacantes que rodeaban el montículo. Esta ruta secreta de evacuación garantizaba que la comitiva condal pudiera abandonar la fortaleza antes de que las murallas sucumbieran, permitiendo buscar auxilio en poblaciones vecinas o ponerse a salvo sin ser interceptados por el enemigo en el asedio.

Viviendas rupestres

Con la paulatina pérdida de su trascendencia militar a partir del siglo XV, la fortaleza inició un lento proceso de deterioro que culminó con el expolio de sus piedras de sillería, reutilizadas en 1893 para reparar el puente de la villa. Las cavidades del subsuelo tampoco quedaron al margen de esta transformación, siendo aprovechadas en épocas más recientes para la extracción de arcilla para una tejera cercana e incluso adaptadas parcialmente como sencillas viviendas rupestres por familias locales a comienzos del siglo pasado, conservando aún los vestigios de su trazado defensivo original.

En la actualidad, los vestigios del Castillo de Saldaña se encuentran incluidos en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra a causa del inminente riesgo de colapso que presentan sus torres y paramentos. No obstante, la constitución en 2024 de la Fundación Castillo de Saldaña ha abierto una prometedora etapa para la consolidación, restauración y valorización del monumento a partir de la adquisición completa del mismo. Esta iniciativa permitirá investigar las galerías ocultas de la fortaleza, rescatando del olvido la memoria de una fortificación de época visigoda que albergó mazmorras, depósitos de almacenaje y vías subterráneas de evacuación.

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