Un estudio descubre que la pelvis de los neandertales varones se parecía más a la de las mujeres actuales
La pelvis de los neandertales varones compartía más características anatómicas con la de las mujeres actuales que con la de los hombres modernos. Es la principal conclusión de un estudio publicado en Scientific Reports, que plantea invertir una interpretación mantenida durante décadas. Según los autores, los rasgos observados en estos fósiles no representarían una especialización neandertal, sino la conservación de una configuración ancestral que también mantienen las mujeres de Homo sapiens. La transformación se habría producido fundamentalmente en los varones modernos, cuyas articulaciones de la cadera se desplazaron hacia una posición más anterior. El equipo propone que esta reorganización pudo favorecer la amortiguación de impactos y el almacenamiento de energía durante la marcha, aunque advierte de que esta hipótesis biomecánica todavía debe comprobarse experimentalmente.
La investigación se apoya principalmente en dos pelvis neandertales masculinas relativamente completas, Kebara 2, encontrada en Israel, y Pelvis 1 de la Sima de los Huesos, en España, además de algunas medidas del ejemplar fragmentario de La Ferrassie 1. Los fósiles fueron comparados con 63 pelvis masculinas y 28 femeninas de humanos modernos procedentes de distintas áreas geográficas. Uno de los rasgos que históricamente más había llamado la atención era el largo y delgado ramo púbico superior de los neandertales. El nuevo análisis sostiene que su longitud se explica principalmente por la posición de la articulación de la cadera y no por la existencia de un canal del parto especialmente amplio, como se había planteado anteriormente.
La posición de la cadera marca la diferencia
La comparación muestra que la abertura pélvica de los neandertales masculinos, en relación con su tamaño corporal, no difiere significativamente de la de las mujeres actuales y resulta proporcionalmente mayor que la de los hombres de Homo sapiens. También su ramo púbico superior es relativamente largo y se aproxima más al patrón femenino moderno. La clave se encuentra en los acetábulos, las cavidades donde encajan las cabezas de los fémures. En los neandertales masculinos y las mujeres actuales ocupan una posición más posterior, mientras que en los varones modernos están desplazados hacia delante. Cuanto más anterior se encuentra la articulación, menor es la distancia hasta la sínfisis púbica y más corto resulta el ramo.
Las coincidencias aparecen también en otras proporciones de la región isquiopúbica. El ramo neandertal es especialmente fino, frente al más corto y grueso de los hombres modernos, y el análisis conjunto de distintas variables vuelve a aproximar los fósiles masculinos a las mujeres actuales. Esto no significa que sus pelvis fueran idénticas, sino que comparten una configuración general y un conjunto significativo de características que las distinguen del patrón masculino de nuestra especie.
Una especialización relacionada con la marcha
A partir de estas diferencias, los autores plantean que la anatomía verdaderamente singular sería la de los hombres actuales. El desplazamiento hacia delante de las articulaciones de la cadera aumenta su distancia horizontal respecto a la línea de gravedad del cuerpo. Según el modelo propuesto, esta disposición permitiría que la pelvis ayudara a amortiguar el descenso del centro de masas al apoyar el talón y, al mismo tiempo, favoreciera el almacenamiento de energía en músculos y tendones flexores del muslo. Otras modificaciones anatómicas, como el mayor grosor del ramo púbico, estarían relacionadas con esa misma reorganización. Sin embargo, existe un posible coste: una mayor capacidad para absorber impactos podría ir acompañada de una menor estabilidad mediolateral. Los investigadores insisten por ello en que todavía debe comprobarse si esta configuración supone una ventaja neta para caminar largas distancias.
La configuración ancestral no sería la masculina actual
La interpretación evolutiva cambia también la manera de entender las diferencias entre hombres y mujeres. Los investigadores consideran que los neandertales masculinos y las mujeres modernas conservarían una configuración ancestral, mientras que la pelvis masculina de Homo sapiens habría adquirido posteriormente su anatomía derivada. Las exigencias del parto habrían impedido que las mujeres siguieran la misma trayectoria, ya que determinadas modificaciones afectarían al canal obstétrico. Así, parte del marcado dimorfismo sexual de la pelvis humana actual podría estar relacionado no solo con las necesidades reproductivas femeninas, sino también con una especialización desarrollada en los varones. El propio estudio define la migración anterior de los acetábulos como una condición derivada propia de los hombres modernos.
Los autores advierten, no obstante, de una limitación importante: se conoce muy poco sobre la pelvis completa de las mujeres neandertales. Los restos disponibles sugieren que el dimorfismo sexual pudo ser reducido en buena parte de esta región anatómica, aunque existen diferencias claras. Una de ellas se encuentra en la escotadura ciática mayor, especialmente estrecha en los neandertales masculinos y mucho más amplia en las mujeres modernas. La semejanza identificada por el estudio debe entenderse, por tanto, como un patrón anatómico compartido en determinados rasgos y no como una equivalencia completa entre ambas pelvis.
El trabajo permite así reinterpretar características que durante décadas se habían considerado peculiaridades de los neandertales. Kebara 2, un individuo masculino que vivió hace unos 55.000 años, sirve ahora como referencia para plantear que parte de esa anatomía pertenece en realidad a una configuración más antigua. La gran transformación habría ocurrido posteriormente en los varones de nuestra especie, aunque todavía queda por demostrar experimentalmente hasta qué punto esa especialización modificó su manera de caminar.
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