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CV Opinión cintillo

Conexión Ceuta València

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Asistimos a palizas diarias a migrantes en Ceuta. Nos enseñan en este mismo periódico cabezas grapadas, rostros enrojecidos e inflamados por gas pimienta, espaldas amoratadas. Incluso un niño de ocho años recibió un perdigonazo en la cabeza. José María Figaredo, diputado de Vox en el Congreso, habló de “cazar inmigrantes”. Pidió sangre y eso es lo que ha obtenido.

Hace dos años una fábrica abandonada en Aldaia acogió a un grupo de migrantes tras haber sobrevivido a la dana. La veintena de jóvenes argelinos y marroquíes que allí se resguardaban estaban destrozados. Recuerdo sus heridas abiertas en las piernas, sus síntomas respiratorios, casi todos tenían afecciones gastrointestinales.

El panorama era desolador. Seres humanos abandonados a su suerte. Solo un puñado de entidades sociales se acercaban esos días para proporcionarles algo de ayuda: mantas, primeras curas, indicaciones para gestionar sus papeles.

Meses después supimos, por la denuncia de algunas activistas, que un grupo de matones al estilo Desokupa les desalojó con una paliza que acabó con varios de ellos en el hospital.

En la genealogía del racismo es muy importante la memoria histórica. También la reciente. Recordemos que, previamente a estos hechos, en plena negociación de los presupuestos con Vox, el molt honorable Mazón pidió conocer la nacionalidad de los saqueadores en l'Horta Sud. Sin sutilezas.

No parece casual, pues, que se persiguiera y apalizara a quienes se quiso señalar desde las instituciones como culpables. Dos por uno: impusieron la prioridad “nazional” a lo bruto y aprovecharon para desviar el tema de la pésima gestión que causó la muerte a más de 230 personas.

Ahora hay patrullas de salvapatrias que se pasean con total descaro buscando personas migrantes en el paseo marítimo de València. Y el caso más sangrante: una cacería humana a un par de jóvenes en Tavernes de la Valldigna hace apenas unas semanas.

Las asociaciones de migrantes y militantes antirracistas lo califican de pogromo: una persecución incansable de una manada sedienta por ver caer a su presa. Lo peor del ser humano en plenas fiestas patronales. Casi puedes sentir cómo el miedo paralizante de las víctimas traspasa la pantalla. Les rompieron la mandíbula.

Existen responsables de esta barbarie: quienes la perpetran, pero también los que apuntalan una Ley de Extranjería segregacionista o azuzan desde sus despachos.

Desde los que acomodan los discursos sobre las personas migrantes según sus propias necesidades demográficas, laborales o de cuidados —en función del papel que jueguen para su bienestar— hasta los que insisten machaconamente en vincular inseguridad y migraciones.

Al final algo de razón tienen: hay relación directa entre inseguridad y migraciones. Para las personas migrantes.

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