En el fondo del océano habita una medusa colosal que casi nadie ha visto: su cuerpo mide más de un metro y sus brazos superan los diez

Se deja ver en muy pocas ocasiones

Héctor Farrés

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El esfuerzo humano por cruzar grandes extensiones de agua siempre estuvo acompañado de relatos sobre amenazas invisibles que podían surgir bajo la superficie. Con el paso del tiempo, el oceano se convirtió en un espacio narrado como territorio de leyendas de criaturas gigantescas que atacaban barcos y ponían a prueba la pericia de los marineros. Historias como el kraken nórdico, descrito como un ser capaz de envolver cascos con brazos inmensos, o las serpientes marinas que aparecían en mapas medievales, circularon durante siglos como advertencias y explicaciones ante naufragios y desapariciones.

Algunos relatos tenían base en encuentros reales con animales poco conocidos, mientras otros se apoyaban en exageraciones transmitidas de generación en generación. Esa tradición oral ayudó a construir una imagen del mar como un entorno donde podían existir formas de vida fuera de toda escala habitual. La persistencia de esas narraciones dejó abierta la idea de que aún quedaban seres reales por identificar y documentar.

Un hallazgo que desvela cómo vive una especie casi imposible de ver

Esta circunstancia conecta con un hecho concreto que la ciencia ha logrado registrar con medios actuales. Investigadores han observado a la Stygiomedusa gigantea, una medusa de gran tamaño que habita zonas profundas y que durante décadas fue conocida solo por descripciones fragmentarias.

La información disponible procede de registros obtenidos con vehículos sumergibles y cámaras capaces de operar a grandes profundidades, según datos recopilados por institutos oceanográficos especializados. Estas observaciones han permitido confirmar dimensiones que superan el metro en la campana y brazos que se extienden más de 10 metros, además de documentar su movimiento lento y su presencia esporádica en distintos puntos del planeta.

La rareza de los avistamientos se explica por las condiciones extremas de su entorno. La Stygiomedusa gigantea vive en aguas donde la luz no penetra y la presión limita la duración de las exploraciones. Los equipos de investigación han realizado miles de inmersiones, pero solo en contadas ocasiones han logrado encontrarla, según recuentos de campañas prolongadas. Esa escasez de registros ha hecho que cada encuentro aporte información nueva sobre su aspecto, su comportamiento y su relación con otras especies del mismo nivel de profundidad.

Las nuevas grabaciones amplían la visión de la vida en el fondo del planeta

Las observaciones también han servido para detallar rasgos biológicos poco habituales. A diferencia de otras medusas, este animal no presenta tentáculos urticantes reconocibles y utiliza cuatro brazos planos y largos para capturar alimento. Esa forma de alimentación aumenta la superficie de contacto en un entorno donde los recursos son limitados. Los registros visuales muestran que puede desplazarse con suavidad mientras mantiene los brazos extendidos, una estrategia adaptada a un medio con baja densidad de presas.

Otro elemento relevante es el rango de profundidad en el que aparece. Aunque se asocia de forma habitual a cotas de entre 1000 y 3000 metros, se han documentado encuentros en niveles mucho menores, desde unos 80 metros. Esa variabilidad indica que puede moverse entre capas siguiendo corrientes o disponibilidad de alimento. Los datos recopilados en distintas expediciones apuntan a una distribución amplia, con presencia en varios océanos y zonas alejadas entre sí.

Las grabaciones más recientes proceden de campañas con vehículos operados a distancia en áreas antes inaccesibles, como fondos liberados tras desprendimientos de hielo o cañones submarinos profundos. En esos contextos, la Stygiomedusa gigantea ha sido filmada junto a otros animales de gran tamaño, lo que amplía el conocimiento sobre comunidades que permanecen ocultas la mayor parte del tiempo.

Cada nuevo registro añade una pieza a un panorama incompleto y confirma que, más allá de las leyendas antiguas, existen seres reales cuya escala y rareza explican por qué durante siglos fueron materia de relatos transmitidos entre navegantes.

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