El 'perro fantasma' del Amazonas ya no se esconde: las cámaras trampa lo ponen cara
Tras meses de espera, una cámara olvidada entre hojas puede justificar durante segundos el esfuerzo que una expedición entera no había conseguido devolver. Algunos animales viven tan lejos de los caminos humanos, se mueven con tanta cautela y detectan tan bien cualquier presencia extraña que verlos exige campañas largas, equipos caros y una paciencia difícil de mantener.
Esa dificultad importa porque una especie que apenas aparece ante los ojos puede parecer más escasa de lo que es, o quedar fuera de las decisiones que permiten proteger su refugio. En esos casos, cada señal obtenida tras mucho tiempo y mucho dinero ayuda a pasar de la sospecha al conocimiento.
Una investigación reunió cientos de pruebas del cánido amazónico
El perro de orejas cortas, conocido también como perro fantasma de la Amazonia, acaba de ganar una presencia mucho más definida gracias a una investigación publicada en la revista Neotropical Biology and Conservation. El trabajo analizó registros obtenidos durante casi 25 años en zonas bajas de Bolivia y Perú, donde los investigadores reunieron 594 eventos fotográficos independientes de una especie descrita como uno de los carnívoros menos conocidos de América Latina.
Según el estudio, esa colección es la mayor serie confirmada de registros de este cánido dentro de su área de distribución y permite revisar varias ideas previas sobre su abundancia, sus horarios de actividad y el tipo de bosque que necesita.
Las nuevas imágenes ofrecen una de las descripciones más completas de una especie que rara vez ha sido observada. El perro de orejas cortas tiene una cabeza grande, orejas pequeñas y redondeadas, patas cortas, una cola larga y abundante y un pelaje espeso que puede variar entre tonos gris oscuro y marrón rojizo.
Las imágenes también han permitido identificar una característica poco común entre los cánidos de la Amazonia: unas patas parcialmente palmeadas. Aunque este rasgo podría hacer pensar que vive cerca del agua, el estudio indica que suele habitar en zonas elevadas de bosque denso, lejos de los ríos.
La conservación aparece como una parte decisiva del hallazgo, porque los registros no se repartieron igual por todos los tipos de paisaje. El estudio encontró una abundancia relativa mayor en parques nacionales y en áreas donde esos espacios protegidos se solapan con territorios indígenas, mientras que las cámaras no registraron la especie fuera de unidades sometidas a gestión de conservación.
Esa diferencia señala que el perro de orejas cortas depende de refugios con poca alteración, donde el bosque mantiene continuidad, alimento y margen para moverse lejos de carreteras, asentamientos o zonas abiertas.
Los cálculos situaron la población por encima de lo previsto
La sorpresa principal no fue solo verlo mejor, sino descubrir que la especie podía ser menos escasa de lo que se temía. El equipo calculó una densidad aproximada de 15 individuos por cada 100 kilómetros cuadrados, una cifra que sitúa al perro de orejas cortas por debajo de carnívoros medianos como los ocelotes, pero por encima de depredadores de mayor tamaño como los jaguares.
Los investigadores matizaron esa lectura porque el animal sigue siendo raro y difícil de localizar. En su valoración, el resultado cambia la percepción previa sin convertirlo en una especie común: “El aspecto más sorprendente de los resultados fue que, pese a ser una bestia casi mítica, los perros de orejas cortas son mucho más abundantes de lo que imaginábamos”.
Las cámaras también corrigieron una suposición lógica pero equivocada sobre su rutina diaria. Un animal tan esquivo podía parecer nocturno, aunque el 72% de los eventos registrados ocurrió durante el día y la actividad alcanzó su punto más alto entre las seis de la mañana y el mediodía.
Esa pauta encaja con una especie que evita a las personas por su conducta reservada, su oído agudo y su olfato muy desarrollado, en vez de depender simplemente de la oscuridad. Los modelos de ocupación reforzaron la misma dirección, ya que los registros se concentraron en estaciones situadas dentro del bosque y no aparecieron en playas abiertas ni sabanas.
El volumen de datos llegó después de un esfuerzo largo y muy repartido sobre el terreno. Los investigadores desarrollaron 34 campañas intensivas con cámaras trampa en tierras bajas de Bolivia y Perú durante más de dos décadas, en muchos casos con dispositivos instalados inicialmente para estudiar jaguares.
Con el paso del tiempo, esas cámaras reunieron miles de imágenes de mamíferos amazónicos, incluidas 4.635 fotografías de perros de orejas cortas, y permitieron comparar sus registros con los de otras especies.
Robert Wallace, científico de conservación en la Wildlife Conservation Society y autor principal del estudio, vinculó el avance a la llegada de sistemas de detección remota: “Es un ejemplo maravilloso de cómo la tecnología de conservación y la teledetección, en este caso el uso intensivo de cámaras trampa, pueden proporcionar datos sustanciales sobre una de las especies menos conocidas de las selvas amazónicas”.
Los refugios conservados siguen siendo esenciales para la especie
La principal conclusión del estudio no es que este animal sea especialmente extraño, sino que depende de zonas de la Amazonia que siguen relativamente aisladas y protegidas. El problema es que esos refugios están cada vez más amenazados por distintos factores. En algunas áreas se talan árboles y el bosque queda dividido en fragmentos más pequeños, en otras aumenta la presencia de cazadores o madereros y, además, muchas regiones son ahora más vulnerables a los incendios.
Para una especie asociada a bosques altos, continuos y poco alterados, esa transformación reduce justo el tipo de espacio que la había mantenido a salvo y casi invisible. Los investigadores sitúan la respuesta en la protección del dosel amazónico y en una gestión eficaz de las áreas protegidas, junto con el manejo sostenible de los territorios indígenas. Así, el perro fantasma deja de ser solo un animal difícil de ver y pasa a mostrar qué clase de bosque todavía permite que ciertas vidas sigan apartadas de las manos humanas.
0