El Niño y el tráfico ilegal ponen en jaque a las iguanas marinas de Galápagos

Iguana marina descansando en la playa de arena blanca de Santa Cruz, Islas Galápagos.

Laura Cuesta

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Todo empezó el pasado mes de mayo, cuando las autoridades ecuatorianas interceptaron doce iguanas marinas que habían sido sacadas ilegalmente de Galápagos y trasladadas al continente. Dos de ellas murieron y diez fueron finalmente devueltas al archipiélago, aunque tuvieron que permanecer bajo control sanitario. 

La cosa no quedó ahí y, en agosto, otra persona fue detenida en el aeropuerto de Quito cuando intentaba sacar del país 32 iguanas marinas procedentes del archipiélago. Los animales estaban distribuidos en ocho recipientes de plástico dentro de una maleta, y fueron encontrados débiles y deshidratados.

La iguana marina (Amblyrhynchus cristatus) es una especie endémica de las Galápagos, lo que significa que no vive de forma natural en ningún otro lugar del mundo. Ante el reciente e inusual aumento del tráfico ilegal, los expertos advierten que estos reptiles están viviendo una situación especialmente peligrosa para su supervivencia. 

Un reptil en peligro

Actualmente, la iguana marina de las Galápagos está catalogada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), pero el tráfico ilegal no es el único peligro al que se enfrenta. En una carta publicada en la revista Science, el ecotoxicólogo marino Juan José Alava y sus colegas han advertido que las consecuencias del actual fenómeno de El Niño también podrían ser un problema para su supervivencia.

“Las poblaciones de iguanas marinas ya se enfrentan a amenazas como los vertidos químicos y la contaminación por plásticos”, señalan en la carta. “Y ahora este extraño aumento del tráfico para abastecer el mercado de mascotas exóticas está ocurriendo al mismo tiempo que el Súper Niño está acabando con las macroalgas de la zona intermareal”.

En condiciones normales, estas iguanas buscan algas entre las rocas de las aguas poco profundas que rodean las costas de Galápagos. Pueden llegar a sumergirse hasta 12 metros de profundidad y aguantar la respiración durante casi una hora, sin embargo, durante El Niño, el aumento de la temperatura del océano reduce el crecimiento de estas algas y, por tanto, su disponibilidad de alimento. 

Sobre esta especie vulnerable al cambio climático, los expertos dicen que se enfrenta a “una mortalidad masiva, ya sea por inanición o por intentar nadar distancias más largas en busca de comida”. “Escribimos esta carta para llamar la atención sobre esta amenaza adicional del tráfico ilegal”, alertan.

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