Un personaje que aparece unos instantes en el Evangelio de Marcos lleva siglos poniendo contra las cuerdas a los expertos por su identidad

Algunos investigadores vinculan este episodio con el autor tradicional del evangelio gracias a la referencia que el Libro de los Hechos hace de la casa familiar

Héctor Farrés

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La palabra griega sindōn deja abierta una duda que ha condicionado durante siglos la lectura del joven que escapó de Getsemaní sin su ropa. Marcos llama neaniskos al joven desnudo y señala que llevaba una pieza de lino que podía servir como capa, vestido o sábana, de modo que algunas interpretaciones entienden su desnudez como exposición pública y humillación, aunque conservara alguna prenda mínima. La cuestión lingüística importa porque la escena admite tanto una desnudez literal tras perder la tela como una degradación social asociada a quedar públicamente desvestido.

El episodio aparece únicamente en el Evangelio de Marcos y rompe la secuencia entre la huida de los discípulos y el interrogatorio de Jesús, una anomalía narrativa que ha alimentado numerosas explicaciones. Los cuatro evangelios describen la detención, pero solo Marcos introduce a este muchacho cuando Judas ya ha traicionado a Jesús, los discípulos se dispersan y hombres armados avanzan para capturarlo.

La Nueva Versión Internacional recoge que “un joven, vestido solo con una prenda de lino, seguía a Jesús”, antes de precisar que los hombres trataron de detenerlo y él escapó dejando la tela atrás. El personaje no recibe nombre, no habla y desaparece después del relato.

Una antigua tradición relaciona al muchacho con Juan Marcos

Una de las propuestas recogidas en un estudio del Journal of the Evangelical Theological Society identifica al joven con Juan Marcos, tradicionalmente relacionado con la autoría del evangelio. El Libro de los Hechos menciona a Juan Marcos y sitúa en la casa de su madre, María, un lugar de reunión de los primeros cristianos.

A partir de esa relación, algunos estudiosos han planteado que la Última Cena pudo celebrarse allí y que Judas acudió primero a esa vivienda antes de dirigirse a Getsemaní. Según esa reconstrucción, el grupo habría descubierto que Jesús ya había salido y habría continuado después hasta el huerto.

La reconstrucción sitúa el origen del episodio antes de Getsemaní

La hipótesis explica la prenda de lino al imaginar a Juan Marcos dormido cuando llegó el grupo encargado del arresto, de modo que habría salido deprisa tras cubrirse con la tela. Desde allí habría seguido a los hombres hasta el huerto, habría presenciado la captura de Jesús y habría conservado después un recuerdo personal que terminó incorporado al evangelio. Esa reconstrucción permite entender por qué Marcos ofrece un detalle que los otros tres relatos de la detención omiten y por qué algunos autores cristianos posteriores terminaron identificando al muchacho con el evangelista.

Las dudas debilitan la identificación con el evangelista

Las objeciones afectan precisamente a los pasos que fundamentan esa identificación, porque ningún evangelio sitúa la Última Cena en casa de Juan Marcos ni afirma que Judas pasara antes por allí. Tampoco existe certeza de que el autor del Evangelio de Marcos sea el mismo Juan Marcos mencionado en Hechos ni de que estuviera presente en Getsemaní. Por ese motivo, la propuesta depende de varias inferencias que el propio texto bíblico no confirma y carece de una afirmación expresa que enlace al personaje con aquella familia.

Otra línea de interpretación parte del segundo neaniskos que aparece casi al final de Marcos, cuando varias mujeres entran en la tumba tras la crucifixión y encuentran a un joven vestido de blanco. Ese personaje anuncia que Jesús ha resucitado, y el evangelio utiliza para ambos la misma palabra griega, que solo aparece esas dos veces.

Algunos especialistas ven ahí un vínculo literario entre miedo y abandono, por un lado, y victoria y renovación del discipulado, por otro. La lectura no exige que ambos jóvenes sean la misma persona, ya que la repetición del término puede funcionar como enlace entre dos escenas opuestas.

El joven desnudo también ha sido entendido como un seguidor anónimo que aguanta más que los discípulos antes de acabar huyendo, una lectura en la que perder la ropa representa la renuncia final a acompañar a Jesús. Otras propuestas lo han identificado con el apóstol Juan, Santiago o Lázaro, aunque el relato ofrece poco apoyo textual para esas posibilidades.

La falta de una respuesta concluyente mantiene abierto un debate de siglos sobre su identidad y sobre la función de su desnudez, completa o social, dentro de la historia. Precisamente esa ausencia de confirmación impide cerrar una interpretación única y deja el episodio como una pieza deliberadamente difícil de fijar dentro del relato de Marcos.

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