El lenguaje ha servido para nombrar lo que el ser humano no entiende del cielo. Desde ahí nace la idea de lo extraterrestre, que suele evocar imágenes de criaturas verdes, antenas y naves flotando sobre cielos nocturnos. Sin embargo, el adjetivo se refiere en realidad a cualquier materia que procede del espacio exterior y alcanza la Tierra.
Esa condición abarca desde diminutos granos de polvo cósmico hasta rocas de gran tamaño que atraviesan la atmósfera convertidas en meteoritos. Todo aquello que sea extraterrestre no implica necesariamente vida, sino un origen más allá del planeta, un rastro físico de otros lugares del sistema solar.
Los científicos utilizan esta palabra para designar materiales que no se formaron en la Tierra y que, al analizarse, revelan composiciones químicas distintas de las terrestres. Esa diferencia permite rastrear su procedencia y entender los procesos que ocurren fuera del entorno terrestre. Con ello, cuando un objeto contiene componentes extraterrestres, se abre una puerta hacia el conocimiento del cosmos desde un fragmento tangible hallado aquí.
Un análisis aclara de qué estaba hecho realmente el Tesoro de Villena
Un estudio publicado en 2024 en la revista Trabajos de Prehistoria confirmó que dos piezas del Tesoro de Villena fueron elaboradas con hierro procedente de un meteorito, el primero identificado en la Península Ibérica. La investigación estuvo dirigida por Salvador Rovira-Llorens, Martina Renzi e Ignacio Montero-Ruiz, vinculados respectivamente al Museo Arqueológico Nacional de España, la Diriyah Gate Development Authority de Arabia Saudí y el Instituto de Historia del CSIC.
El análisis determinó que la composición de las piezas contenía más de un 5% de níquel, proporción característica del hierro meteórico y ausente en el terrestre. En los objetos antiguos elaborados con hierro de origen terrestre, el contenido de níquel nunca supera el 4%, de modo que valores por encima de ese límite se consideran un indicador fiable de procedencia extraterrestre. Esa constatación resolvió un debate de décadas sobre la datación del tesoro y su posición en la Edad del Bronce.
El estudio se apoyó en técnicas avanzadas de espectrometría de masas que permitieron medir la proporción exacta de elementos presentes en el metal. Los expertos compararon las muestras con referencias de meteoritos conocidos y detectaron coincidencias con el meteorito Mundrabilla, que cayó en la Tierra hace cerca de un millón de años. Los resultados, verificados en el Curt-Engelhorn-Zentrum Archäometrie de Mannheim, en Alemania, confirmaron que el casquete y el brazalete de hierro del conjunto eran de origen extraterrestre.
El conjunto hallado en Alicante gana peso histórico por su composición
El Tesoro de Villena, encontrado en 1963 por José María Soler García, incluye 59 objetos de oro, plata, ámbar e hierro que suman casi 10 kilos de peso. Se data entre 2200 y 750 a. C. y destaca por su refinada orfebrería. Su conservación se realiza en una vitrina blindada del museo arqueológico de la ciudad. El hallazgo de hierro meteórico añade un nuevo significado a este conjunto, considerado uno de los más importantes de la Edad del Bronce en la península.
La identificación del hierro extraterrestre revaloriza el tesoro no solo por su rareza material, sino por lo que revela sobre las capacidades técnicas y las creencias de las sociedades antiguas. Trabajar un metal con alto contenido de níquel requería destreza, y su procedencia celeste probablemente le otorgaba un valor simbólico excepcional. Los investigadores explicaron que el uso de este material sugiere un conocimiento avanzado de la metalurgia y una posible atribución ritual o de prestigio a los objetos fabricados con él.
El conjunto arqueológico de Villena presenta once cuencos, tres botellas y 28 pulseras elaboradas en oro de 23,5 quilates, además de los dos objetos de hierro analizados. Su diseño y materiales permiten entender la transición entre la piedra y el metal, una etapa en la que la artesanía reflejaba tanto la riqueza de las poblaciones como la complejidad de sus intercambios comerciales. El tesoro se asocia a una comunidad más que a una familia concreta, reflejando un sistema de poder conjunto en el final de la Edad del Bronce.
Los análisis revelaron que el casquete tenía un 5,5% de níquel y el brazalete un 2,8%, cifras que encajan con el patrón del hierro meteorítico. Los resultados situaron su fabricación entre 1400 y 1200 a. C., anterior a la producción terrestre de hierro. Con ello, se confirmó que ambas piezas son las primeras de la Península Ibérica elaboradas con hierro procedente del espacio. El hallazgo se suma a otros ejemplos europeos, como la daga de Tutankamón o una punta de flecha de Möringen, y amplía la comprensión de cómo las civilizaciones antiguas percibían los materiales llegados desde las estrellas.