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Operación Epsilón: Diez genios sin piedad

Mientras los jueces, militares y oficiales supervivientes del Gobierno nazi se preparaban para el juicio de Nuremberg, los diez hombres más peligrosos de Alemania disfrutaban de un retiro campestre en una mansión de la campiña británica "como invitados de su majestad Jorge VI"

Fermi & Cia

Fermi & Cia

Así funciona el progreso: cuando James Chadwick descubre el neutrón en su laboratorio de Cavendish (Cambridge, 1932), todo empieza a ir muy deprisa. Werner Heisenberg publica en Leipzig el primero de sus tres ensayos con el modelo de neutrón-protón que le valen el Nobel de Física por “la creación de la mecánica cuántica, cuyo uso ha conducido, entre otras cosas, al descubrimiento de las formas alotrópicas del hidrógeno”. Al mismo tiempo, no muy lejos de allí, el italiano Enrico Fermi bombardea la tabla periódica con neutrones con la esperanza de que la absorción de sus núcleos neutrales produzca nuevos elementos radiactivos.

Los pesados elementos que genera a partir del uranio y el torio se convierten en el centro de la investigación de la judía austríaca Lise Meitner y su colega Otto Hahn en el Kaiser Wilhelm Institute de Berlín. Cuando los nazis ocupan Austria en marzo del 38, Meitner escapa a Estocolmo y sigue trabajando con Hahn a distancia, esas navidades, descubren asombrados que le han partido al uranio su bonito corazón en dos, generando dos núcleos de dos sustancias distintas (bario y criptón) y liberando una cantidad de energía descomunal en el proceso. Otto Frisch, sobrino y colaborador de Meitner en el exilio, bautiza la reacción como fisión nuclear.

En abril, el equipo de Frédéric Joliot-Curie en el Colegio Francés de París por un lado y Leo Szilard en Columbia por el otro descubren que la fisión genera más neutrones de los utilizados, haciendo posible la reacción en cadena necesaria para la construir un reactor. Niels Bohr y el físico de Princeton John Wheeler publican El mecanismo de la fisión nuclear, donde aventuran que el uranio-235 es la clave de la reacción. Alemania deja de vender el uranio que extrae de la Checoslovaquia ocupada. Otto Frisch y Rudolph Peierls calculan que con un solo kilo del material fisiado podrían generar una explosión de proporciones bíblicas. El asesor de la Agencia de Armamento del Reich Paul Harteck escribe al Ministerio de la Guerra alemán: “El país que lo utilice primero tendrá una ventaja inconmensurable sobre todos los demás”. 

La gran carrera atómica

Al otro lado del Atlántico, Albert Einstein envía una carta similar a Franklin Roosevelt, redactada por su protegido Leo Szilard:

"En el curso de los últimos cuatro meses se ha hecho probable –gracias al trabajo de Joliot en Francia, así como el de Fermi y Szilard en América– que sea posible implementar una reacción nuclear en cadena sobre una gran cantidad de uranio, de la cual se generaría una enorme cantidad de energía y grandes cantidades de nuevos elementos similares al radio. (…) Este nuevo fenómeno podría conducir a la construcción de bombas".

Para entonces, Alemania ya tenía el Uranverein (el Club del Uranio), Inglaterra, el MAUD y Rusia habían construido el acelerador de partículas más grande de Europa. Roosevelt aprobó el primer comité norteamericano del uranio en octubre con un presupuesto de 6.000 dólares para comprar material pero no se lo tomó muy en serio hasta el bombardeo de Pearl Harbour. Ese verano se trasladó el proyecto nuclear al Distrito de Ingeniería Manhattan en Los Alamos, bajo la dirección de Julius Robert Oppenheimer y la colaboración de luminarias como Fermi, Böhr, Richard Feynman y John von Neumann, entre otros. El presupuesto era ahora de 500 millones de dólares.

En 1942, Heisenberg lideraba el proyecto para construir un reactor nuclear en el Instituto Max Planck de Berlín pero al Gobierno le sobraba la prisa y le faltaba el dinero. Con Rommel en África y el Ejército sitiando a Inglaterra por mar y a Rusia por tierra, el ministro de la Guerra, Albert Speer, le preguntó si podrían usar armas nucleares para acabar la guerra y, Heisenberg le dijo que no, dando casi por terminada la carrera nuclear alemana. Años más tarde, el físico aseguró que había saboteado el proyecto para que Hitler no ganara la carrera, escogiendo un papel más heroico para la posteridad, al tiempo que salvaba su dignidad profesional. 

Operación Epsilón: el Gran Hermano del DARPA

En 1944, la Real Academia Sueca de Ciencias concedió el Nobel de Química a Hahn (e ignoró a Lise Meitner), que no pudo ir a recogerlo porque había sido capturado por los británicos. Pocos meses después de la caída de Berlín, en julio de 1945, Heisenberg y Hahn fueron trasladados a un refugio del MI6 británico cerca de Cambridge llamado Farm Hall. Allí estaban ya Erich Bagge, Kurt Diebner, Walther Gerlach, Paul Harteck, Horst Korsching, Carl Friedrich von Weizsäcker y Karl Wirtz, el Club del Uranio de Hitler, la gran aristocracia fisiconuclear alemana. La casa estaba llena de micrófonos pero ellos no lo sabían. “No creo que [los aliados] conozcan los verdaderos métodos de la Gestapo –se oye decir a Heisenberg en una de las grabaciones–. En ese aspecto están un poco retrasados".

Los aliados estaban muy preocupados. Truman tenía la bomba preparada desde septiembre de 1944 y era 3.000 veces más potente que la carga completa del bombardero más mortífero de la época, el B-29. Si Alemania escondía algo similar, era probable que lo encontraran los rusos, pero pronto se tranquilizaron. La transcripción de sus conversaciones, que no se hicieron públicas hasta cincuenta años más tarde, demuestra que los alemanes perdieron la carrera nuclear años antes de perder la guerra.

El Uranverein se había dispersado en nueve instituciones independientes que se comunicaban sólo a través de sus informes en el boletín interno, mientras que el Proyecto Manhattan crecía a gran velocidad. Los diez científicos llevaban encerrados un mes cuando escucharon el informe de la BBC sobre el ataque sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Horst Korsching comentó amargamente: “Esto demuestra hasta qué punto los americanos son capaces de colaborar de verdad a gran escala. Esto habría sido imposible en Alemania, con cada uno de nosotros despreciando el trabajo de los demás”.

También se reveló que Heisenberg había calculado mal la masa crítica del artefacto pero, antes de que la segunda bomba detonara sobre Nagasaki, ya había corregido su error y convocado una reunión para explicárselo a los demás. Quizá sea verdad que traicionó a su país y sus colegas por miedo a crear un monstruo. 

Paradójicamente, el padre del principio de incertidumbre es hoy el villano de la bomba atómica (y hasta el apodo sociópata del protagonista de Breaking Bad) mientras que su homónimo Oppenheimer, que sí construyó la bomba y luego la utilizó, ha pasado a la historia como El Prometeo Americano. El progreso también es así.

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