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Sobre este blog

UNRWA es la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Medio. Desde 1949 trabajamos para proporcionar asistencia, protección y defensa a más de 6 millones de refugiados y refugiadas de Palestina, que representan más de la quinta parte de los refugiados del mundo y que actualmente viven en campamentos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria y el territorio Palestino ocupado (la franja de Gaza y Cisjordania), a la espera de una solución pacífica y duradera a su difícil situación.

Crisis de orfandad en Gaza: la historia de seis hermanos que perdieron a sus padres durante la ofensiva israelí

Franja de Gaza
Algunos sobrinos de Salah desplazados en Khan Younis
23 de junio de 2026 13:32 h

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En una tienda improvisada en Khan Younis, en el sur de la franja de Gaza, Suha Salah está rodeada de niños que la llaman “mamá”, aunque en realidad es su tía. Está cuidando de seis de sus sobrinos y sobrinas que perdieron a ambos padres en un solo instante el 29 de mayo de 2024, cuando un ataque israelí alcanzó su vivienda en Rafah, al sur de la Fraja.  

“De repente me encontré cuidando de nueve niños, en lugar de solo mis tres hijos. Ahora soy madre de nueve”, contó Salah, de 36 años, desde un campamento para huérfanos desplazados. “Sus padres murieron el mismo día”, continuó. “En ese momento, las órdenes israelíes de desalojo para los residentes de Rafah se repetían constantemente. La mayor parte de la ciudad ya había sido desplazada, pero mi hermano vivía cerca de la rotonda de Zoroub y los tanques israelíes todavía estaban lejos de su zona. Por eso permaneció en casa, porque no tenía adónde ir”.  

Durante la noche, el ejército israelí avanzó hacia la zona y la familia no tuvo más opción que huir. “Sin dudarlo, mi hermano me envió a sus seis hijos y les dijo: ”Id con vuestra tía y yo me reuniré con vosotros después de recoger algunas pertenencias y ropa de cama“. Su esposa se negó a abandonar la casa con los niños y dejarlo solo, y le dijo que se quedaría con él”, añadió Salah. 

“Los niños llegaron conmigo esa noche y se suponía que sus padres se reunirían con ellos al día siguiente al mediodía. Pero cuando llegaron las doce sentí que estaban tardando demasiado, así que empecé a llamarlos. Durante una hora entera seguí llamando, hasta la una de la tarde. Ni mi hermano ni su esposa respondían. Nadie contestó al teléfono”.  

Más tarde, Salah supo que la casa había sido bombardeada y que tanto su hermano como su esposa habían sido asesinados antes de conseguir evacuar. “Después supimos que, tras el ataque, mi hermano seguía con vida, aunque estaba herido. Salió corriendo a la calle buscando ayuda, pero no encontró a nadie y murió. Su esposa murió en el primer ataque”, relató. 

Desde entonces, Salah cuida de los hijos de su hermano: Amani, de 15 años; Ismail, de 13; Qatr al-Nada, de 12; Sila, de 10; Muhammed, de 7; y Ella, de 4. Los seis hermanos forman parte de las decenas de miles de niños y niñas que han quedado huérfanos en Gaza desde octubre de 2023. 

Según UNRWA, 55.000 menores han perdido a uno o ambos padres. Además, muchos han sido separados de sus seres queridos.  

En muchos casos, los niños no son registrados formalmente como huérfanos de inmediato, especialmente cuando se ha perdido la documentación o cuando familiares siguen desaparecidos bajo los escombros o atrapados en sucesivos desplazamientos. El personal humanitario habla de una orfandad oculta: menores que quedan al cuidado informal de familiares, como Salah, que de la noche a la mañana asumen la responsabilidad de cuidarlos a tiempo completo sin recibir apoyo financiero ni institucional.  

“Tengo tres hijos propios, dos niños y una niña, y aunque mi marido sigue vivo, resultó herido por los ataques, sufrió una lesión en la cabeza y una parálisis, y ahora es completamente incapaz de trabajar o aportar nada”, continuó Salah. “Durante la guerra arriesgaba mi vida para llegar a los puntos de distribución de ayuda. Conseguía arroz, lentejas y legumbres y volvía directamente a la tienda para cocinar para mis nueve hijos. Una vez logré conseguir azúcar. En aquel momento era totalmente imposible encontrarla y, cuando aparecía, un kilo costaba entre 500 y 600 séqueles (entre 168 y 202 dólares)”.  

Salah describió el momento en que pudo preparar té con azúcar para sus hijos por primera vez en meses como “el paraíso”. “Cuando la conseguí, sentí que había encontrado un tesoro. Recuerdo que aquel día fui directamente a la tienda e hice té: diez tazas, una para mí y nueve para mis hijos. Lo endulzamos con azúcar por primera vez en meses. Nos reunimos todos y bebimos té juntos; sentimos que estábamos en el paraíso”, recordó. 

Una vida sostenida por la ayuda 

Hoy, Salah afirma que depende principalmente del apoyo de la ayuda internacional para criar a los niños. “Registré a los niños en la mayoría de las instituciones que atienden a menores y huérfanos, especialmente en UNRWA. Toda ayuda que llega para ellos no lo utilizo para mí ni para mis propios hijos. Al contrario, mi dinero es para ellos”, explicó. 

Además de la ayuda alimentaria, UNRWA proporciona apoyo esencial a los niños y niñas de Gaza, incluyendo atención sanitaria, servicios psicosociales, protección infantil y actividades educativas de emergencia para cientos de miles de menores afectados por el desplazamiento y la pérdida. 

Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), al menos 1,6 millones de personas en Gaza, el 77 % de la población, afrontan niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda. Entre ellas se encuentran más de 100.000 menores y 37.000 mujeres embarazadas y lactantes que podrían sufrir desnutrición aguda. 

Salah añadió que la falta de alimentos y ayuda humanitaria no es el único desafío al que se enfrentan, ya que la vida diaria está marcada por un conjunto mucho más amplio de dificultades relacionadas con los cuidados, la protección y el acceso a servicios básicos. 

Con la educación formal prácticamente interrumpida, los niños y niñas de los campamentos del sur de Gaza reciben enseñanza en espacios improvisados: tiendas de campaña, patios y rincones educativos temporales organizados por voluntarios y grupos humanitarios. 

Estas “aulas improvisadas” aportan cierta estructura, pero no pueden sustituir la estabilidad de un sistema educativo plenamente operativo. 

“Por supuesto que me cuesta cumplir las promesas tácitas que le hice a mi hermano. Todavía no puedo enviar a sus hijos a la escuela porque no hay escuelas formales en nuestra zona”, lamentó. “Intento animarlos a aprender inglés y los envío a clases improvisadas en las tiendas. Pero es muy difícil convencerlos para que asistan a clases en una tienda de campaña”.  

Salah concluyó que, sin el apoyo de las organizaciones humanitarias y los programas de ayuda, no habría podido cuidar de los seis hijos de su hermano mientras también mantenía a su propia familia. 

“Cuando llega ayuda, significa que puedo poner comida delante de los niños, comprar lo que necesitan y darles una pequeña sensación de seguridad”, afirmó. “Sé que no puedo reemplazar a sus padres, pero cada día intento asegurarme de que no se sientan abandonados”.  

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UNRWA es la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Medio. Desde 1949 trabajamos para proporcionar asistencia, protección y defensa a más de 6 millones de refugiados y refugiadas de Palestina, que representan más de la quinta parte de los refugiados del mundo y que actualmente viven en campamentos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria y el territorio Palestino ocupado (la franja de Gaza y Cisjordania), a la espera de una solución pacífica y duradera a su difícil situación.

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