Cómo un pueblo palestino se unió para ayudar a una familia a reconstruir su hogar
Cada mañana, Bassam Jaafreh conduce su taxi compartido por la carretera entre el pueblo de Tarqumiyah y la ciudad de Hebrón, en el sur de Cisjordania. Saluda a los pasajeros como de costumbre, pero sus ojos en el retrovisor revelan una profunda tristeza que no puede ocultar.
Hace aproximadamente un mes, Jaafreh regresó de realizar la Umrah en La Meca, esperando volver a la casa que había pasado años construyendo, ladrillo a ladrillo. Pero al llegar, descubrió que había sido reducida a escombros. “Viajé para realizar la Umrah y, cuando regresé, encontré que las autoridades israelíes lo habían demolido todo”, dice. “Destruyeron mis sueños y los años de trabajo que invertí en construir esta casa para mi familia”. Con dolor, hace una pausa y añade: “Imagina dejar tu casa en pie y luego regresar y no encontrar nada. Sentí un dolor profundo en mi corazón”.
La casa demolida era un edificio de tres pisos que albergaba a tres familias, incluidos unos 20 niños. Cuando llegaron las excavadoras, no solo derribaron las paredes. Según Mohammad Jaafreh la mayor parte de lo que había dentro también fue destruido. “Muebles, ropa, utensilios de cocina, incluso los juguetes de los niños. Cuando fui allí, vi colchones, camas y ropa esparcidos bajo los escombros. No dejaron nada para las familias”.
Las autoridades israelíes suelen justificar las demoliciones en Cisjordania alegando construcciones sin permisos en zonas clasificadas como “Área C”, que permanecen bajo control total israelí según los Acuerdos de Oslo. Pero Jaafreh afirma que su casa estaba ubicada dentro de los límites de Tarqumiyah, donde muchas otras viviendas palestinas enfrentan el mismo riesgo.
El Área C constituye la mayor parte de Cisjordania, aproximadamente el 61% de su superficie total. Establecida bajo el Acuerdo de Oslo II de 1995, permanece bajo control civil y militar total de Israel. Las estrictas restricciones de planificación hacen que sea casi imposible para los palestinos obtener permisos de construcción.
Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, miles de estructuras palestinas han sido demolidas en Cisjordania a lo largo de los años—la mayoría en el Área C—principalmente por carecer de unos permisos que nunca se conceden y llegan tarde, lo que ha provocado el desplazamiento de miles de personas y ha afectado a muchas más.
Cuando un pueblo se convierte en familia
A los pocos días de la demolición, los residentes de Tarqumiyah comenzaron a organizar una campaña de recaudación de fondos para ayudar a reconstruir la casa. Jaafreh se unió a la campaña con la esperanza de la reconstrucción.
Lo que empezó como una iniciativa sencilla creció rápidamente hasta convertirse en una amplia ola de solidaridad dentro del pueblo y más allá. “Cuando vimos la magnitud de la destrucción, no podíamos dejar solas a las familias”, dice Mohammad Jaafreh. “Lanzamos una campaña de donaciones para ayudar a reconstruir la casa […] La gente de Tarqumiyah dio un paso al frente. Hombres, mujeres y jóvenes contribuyeron con lo que pudieron. También recibimos donaciones de pueblos cercanos de toda la zona de Hebrón”.
En una comunidad pequeña como Tarqumiyah, la campaña se convirtió en algo más que apoyo financiero: fue una expresión colectiva de vulnerabilidad compartida, que surge en un momento de gran presión económica en toda Cisjordania, que se ha agravado desde el 7 de octubre de 2023. Los permisos de trabajo para palestinos dentro de Israel—una de las principales fuentes de ingresos—se han reducido significativamente. Al mismo tiempo, la retención de ingresos fiscales por parte de Israel ha provocado retrasos y pagos parciales de los salarios del sector público.
A pesar de estos desafíos, los residentes siguieron aportando. “Las familias está pasando dificultades económicas, pero aun así donaron lo que pudieron”, dice Mohammad Jaafreh. “La campaña sigue en marcha porque los costos de reconstrucción son altos”.
“La gente siente que lo que le pasó a Bassam podría pasarle a cualquiera”, añade. No es un caso aislado, sino parte de un patrón más amplio. “Las demoliciones llevan años ocurriendo. Hay otras casas bajo amenaza, y las tierras agrícolas también están siendo atacadas”. Él mismo perdió cuatro dunums de tierra agrícola tras ser arrasados en años anteriores. “Estaban completamente plantados con árboles frutales, y todo fue destruido, incluidos los tanques de agua”.
La vida continúa pese a la pérdida
Hoy, Bassam Jaafreh continúa trabajando como taxista entre Tarqumiyah y Hebrón, intentando mantener a su familia a pesar de la pérdida. No ha podido regresar al lugar donde estaba su casa demolida. “No puedo ir allí”, dice en voz baja. “Todos mis recuerdos y sueños están destrozados”.
Sin embargo, en medio del dolor, encuentra consuelo en el apoyo recibido. “Agradezco a todos en Tarqumiyah y a todos los que estuvieron a mi lado”, dice. “Su apoyo me dio la esperanza de que algún día podré reconstruir mi hogar”.