Los acantilados vascos que permiten “leer” millones de años de historia de la Tierra

Flysch de Zumaia

Adrián Roque

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A simple vista parecen unos acantilados espectaculares más de la costa cantábrica. El mar golpea con fuerza las rocas, las olas dejan espuma entre las plataformas de piedra y los senderos permiten contemplar algunos de los paisajes más impresionantes del litoral vasco. Sin embargo, quienes observan con atención descubren que este lugar es mucho más que un escenario natural. Cada estrato visible en la roca guarda información sobre acontecimientos que ocurrieron mucho antes de la aparición del ser humano. Por eso muchos geólogos lo describen como un enorme libro abierto sobre la historia del planeta. Hablamos del Geoparque de la Costa Vasca, uno de los enclaves científicos y paisajísticos más fascinantes de Europa.

El flysch de Zumaia, una enciclopedia de piedra

El territorio protegido ocupa cerca de 90 kilómetros cuadrados repartidos entre las localidades guipuzcoanas de Deba, Mutriku y Zumaia. Aunque el visitante puede encontrar playas, montañas, pueblos pesqueros y paisajes rurales, la verdadera protagonista es la geología. Los famosos acantilados del País Vasco que recorren esta franja costera esconden una formación rocosa conocida como flysch, considerada una de las más importantes del mundo para comprender la evolución de la Tierra.

Zumaia, en San Sebastián

Según cuenta la web de Turismo de Euskadi, “Los 13 kilómetros de acantilados del Geoparque guardan una espectacular formación de capas de roca llamadas flysch que, a modo de una gran enciclopedia, nos muestran más de 60 millones de años de la historia de la Tierra”.

La comparación con una enciclopedia resulta especialmente acertada. Cada capa de roca representa un periodo concreto del pasado y conserva información sobre antiguos océanos, cambios climáticos, movimientos tectónicos y grandes transformaciones geológicas. A diferencia de otros lugares donde estos registros permanecen ocultos bajo tierra, aquí la erosión marina los ha dejado completamente expuestos, permitiendo leer la historia del planeta como si las páginas de un libro se encontraran abiertas frente al visitante.

Esta singularidad ha convertido al flysch de Zumaia en un lugar de referencia para investigadores de todo el mundo. Numerosos estudios científicos han utilizado estas formaciones para analizar algunos de los episodios más importantes de la evolución terrestre, incluyendo grandes extinciones y cambios ambientales que modificaron la vida en el planeta.

Los acantilados del País Vasco que interesan a científicos de todo el mundo

La importancia científica del enclave es tan grande que forma parte de la red de Geoparques Mundiales reconocidos por la UNESCO. Actualmente existen cientos de territorios protegidos bajo esta figura, pero solo unos pocos poseen un registro geológico tan excepcional como el del litoral guipuzcoano. El paisaje del Geoparque de la Costa Vasca resulta especialmente llamativo durante la marea baja. En esos momentos, el mar deja al descubierto extensas plataformas rocosas donde las capas del flysch aparecen perfectamente visibles. Desde ciertos puntos, las formaciones recuerdan a las páginas de un gigantesco libro inclinado hacia el océano.

La zona también ha ganado notoriedad gracias a documentales, producciones audiovisuales y reportajes científicos que han contribuido a divulgar su valor internacional. Incluso personas sin conocimientos de geología pueden apreciar fácilmente la espectacularidad de unas rocas que parecen haber sido colocadas cuidadosamente una encima de otra durante millones de años.

Más allá de la observación visual, existen rutas guiadas y excursiones en barco que permiten comprender mejor los procesos geológicos que dieron origen a este paisaje. Estas actividades se han convertido en una de las propuestas más interesantes para quienes buscan qué ver en Euskadi más allá de las ciudades, la gastronomía o las playas tradicionales.

Flysch, en Zumaia

Mucho más que geología en el Geoparque Mundial de la UNESCO

Aunque la costa concentra gran parte de la atención, el interior del territorio protegido también alberga espacios de enorme interés. Allí aparece un paisaje completamente diferente dominado por formaciones kársticas, cuevas y cavidades subterráneas. De hecho, esta zona reúne la mayor concentración de cuevas de todo el territorio guipuzcoano.

Entre ellas destaca la cueva de Ekain, situada en Deba y reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Sus pinturas rupestres figuran entre las manifestaciones artísticas prehistóricas más importantes de Europa. Para garantizar su conservación, las visitas se realizan en una réplica denominada Ekainberri, que reproduce fielmente el aspecto de la cavidad original.

Esta coexistencia entre patrimonio geológico, arqueológico y cultural constituye uno de los rasgos distintivos del Geoparque Mundial de la UNESCO. El territorio no solo protege formaciones naturales excepcionales, sino también elementos históricos y paisajísticos que forman parte de la identidad local. Además, el concepto de geoparque implica algo más que la simple conservación. Según la filosofía impulsada por la UNESCO, estos espacios deben contribuir al desarrollo sostenible de las comunidades que viven en ellos. La protección del patrimonio natural se convierte así en una herramienta para fomentar el turismo responsable, la investigación científica y la mejora de la calidad de vida de la población local.

Por todo ello, los espectaculares acantilados del País Vasco ofrecen vistas impresionantes, pero también algo mucho más valioso: la posibilidad de contemplar millones de años de historia escritos directamente sobre la roca. Pocos lugares permiten viajar tan lejos en el tiempo sin abandonar el presente. Y quizá esa sea la razón por la que el flysch de Zumaia sigue fascinando tanto a científicos como a viajeros de todo el mundo.

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