Los “géiseres” marinos de Asturias que solo aparecen cuando el Cantábrico “se enfada”
Hay paisajes que muestran siempre la misma cara y otros que dependen por completo del estado de la naturaleza. Un bosque sigue ahí haga sol o llueva, una montaña conserva su silueta durante siglos y una playa apenas cambia de un día para otro. Sin embargo, existen lugares cuyo mayor atractivo solo aparece en momentos muy concretos. En este caso, deben casarse el viento, las mareas y el agua. Estos tres pilares naturales se deben alinear para ofrecer un espectáculo imposible de garantizar con exactitud.
Eso es precisamente lo que ocurre en algunos puntos de la costa asturiana, donde el mar es capaz de transformar simples grietas en la roca en auténticas fuentes gigantes. Los protagonistas son los Bufones de Pría, uno de los fenómenos naturales más sorprendentes de Asturias y una de las experiencias más espectaculares para quienes buscan lugares diferentes dentro de las propuestas de qué ver en Asturias.
Los Bufones de Pría que parecen géiseres
La respuesta a la pregunta del titular tiene una explicación geológica. Aunque muchas personas los comparan con géiseres, los Bufones de Pría no están relacionados con actividad volcánica ni con aguas termales. Según explica la web oficial de Turismo de Asturias, se trata de fenómenos naturales originados por la erosión del mar y de la lluvia sobre la roca caliza.
Con el paso de miles de años, el agua fue creando grietas, conductos y chimeneas naturales que conectan el mar con la superficie terrestre. Cuando las olas golpean el pie de los acantilados, el aire contenido en esas galerías subterráneas se comprime y busca una salida. En jornadas tranquilas apenas se percibe el fenómeno, pero cuando el Cantábrico se embravece la situación cambia por completo.
Turismo de Asturias narra que durante los episodios de fuerte oleaje “el aire y el agua escapan al exterior a alta presión mediante chorros que alcanzan grandes alturas”. Esa es la razón por la que muchos visitantes los describen como géiseres marinos. La diferencia es que aquí la fuerza no procede del calor del subsuelo, sino de la energía del mar chocando contra la costa.
Cuando el Cantábrico “se enfada”
La expresión 'enfadarse' tiene todo el sentido si asumimos que los Bufones de Pría ofrecen su mejor versión precisamente cuando el mar está más agitado. Durante los días de temporal, las columnas de agua pueden elevarse varios metros por encima de los acantilados y generar un estruendo que se escucha desde una gran distancia.
La propia web oficial de Turismo de Asturias destaca que “en los días en los que el mar está bravo el espectáculo es increíble”. En esas jornadas, el agua sale disparada por las chimeneas naturales acompañada de fuertes silbidos provocados por la presión del aire. De hecho, el nombre “bufón” procede precisamente de ese sonido característico que recuerda a un resoplido o bufido. Por este motivo, muchos viajeros consultan el estado del mar antes de acercarse hasta la zona. Aunque el paisaje merece la visita en cualquier época del año, contemplar el fenómeno en pleno funcionamiento multiplica el atractivo del lugar. Eso sí, siempre es importante mantener una distancia prudente y respetar las indicaciones de seguridad, especialmente durante los temporales.
Una de las rutas más espectaculares de la costa asturiana
Los bufones más conocidos de Asturias se encuentran en la localidad de Llames, dentro del concejo de Llanes. Desde allí parte un recorrido que permite disfrutar tanto del fenómeno natural como de algunos de los paisajes más impresionantes del litoral cantábrico. Turismo de Asturias recomienda dejar el vehículo en el pueblo y continuar caminando por los acantilados. La ruta circular que ofrecen “presenta una dificultad baja y tiene una duración aproximada de cuatro horas”, afirman. Además, a lo largo del recorrido se suceden los miradores naturales sobre el mar, los prados costeros y las panorámicas abiertas sobre una de las zonas más salvajes de la costa asturiana.
Incluso cuando los bufones no están activos, las vistas justifican el desplazamiento. Los acantilados ofrecen una perspectiva privilegiada del Cantábrico y permiten comprender la enorme fuerza que el mar ha ejercido durante siglos sobre estas rocas calizas. Cuando coinciden la marea alta y el fuerte oleaje, el espectáculo se vuelve todavía más impresionante.
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