A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más reconocidos en todo Irán

Gaz iraní

Adrián Roque

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Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Irán juega en otra liga. Su historia culinaria, profundamente ligada al antiguo Imperio Persa y a siglos de comercio de especias y frutos secos, explica por qué los dulces iraníes destacan por su aroma, su delicadeza y su equilibrio. Aquí el azúcar convive con el azafrán, el cardamomo y el agua de rosas para crear postres que son casi un ritual.

En este recorrido por la repostería iraní asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: el baklava persa, el zoolbia o el faloodeh, dulces que forman parte de la vida cotidiana y de las celebraciones. Irán puede dividirse por regiones históricas y ciudades milenarias, pero hay algo que lo mantiene unido: su forma refinada de acompañar el té con algo dulce.

1. Faloodeh

Uno de los postres más antiguos del país. Se elabora con finísimos fideos de almidón congelados mezclados con sirope de azúcar y agua de rosas. Se sirve frío, a menudo con zumo de lima, y es especialmente popular en verano.

2. Zoolbia y bamieh

Dulces fritos bañados en almíbar aromático. La zoolbia tiene forma de espiral crujiente, mientras que el bamieh recuerda a pequeños churros. Son especialmente consumidos durante el Ramadán.

3. Sholeh zard

Arroz dulce preparado con azafrán, azúcar y agua de rosas, decorado con canela y almendras. Es un postre muy ligado a celebraciones religiosas y reuniones familiares.

4. Gaz

Dulce tradicional de Isfahán parecido al nougat, elaborado con clara de huevo, azúcar y pistacho. Tiene textura suave y es uno de los dulces más representativos del país.

5. Baklava persa

La versión iraní del baklava utiliza pistacho, almendras y un almíbar aromatizado con agua de rosas o cardamomo. Es más perfumada que otras variantes regionales y muy apreciada en celebraciones.

Irán demuestra que el postre también puede ser perfume. Sus dulces hablan de pistacho, de azafrán y de una tradición donde el té nunca llega solo. A veces, entender un país empieza por ese pequeño bocado verde brillante que acompaña la conversación.

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