Que no te la den con queso: los cinco quesos que debes probar si viajas a Rumanía
Cuando se habla de gastronomía rumana, es habitual que la atención se centre en platos contundentes como los sarmale, las sopas tradicionales o las carnes a la parrilla. Sin embargo, existe otro producto profundamente ligado a la historia y al paisaje del país que lleva siglos acompañando la vida cotidiana de las comunidades rurales: el queso.
La tradición quesera de Rumanía está estrechamente vinculada al pastoreo de los Cárpatos y a una cultura rural que ha conservado durante generaciones técnicas artesanales de elaboración. Desde los quesos frescos consumidos en desayunos familiares hasta las recetas transmitidas en remotas aldeas de Transilvania, los lácteos ocupan un lugar fundamental dentro de la cocina rumana. Algunos de estos quesos apenas son conocidos fuera del país, pero ayudan a comprender mejor la identidad gastronómica de una de las regiones más auténticas de Europa. Vamos a repasar cinco quesos rumanos recogidos por la web especializada Mundo del Queso.
Brânză de vaci
Si existe un queso que forma parte del día a día de millones de rumanos, ese es la Brânză de vaci. Su nombre significa literalmente “queso de vaca” y, aunque a menudo se compara con el requesón, su elaboración es diferente, ya que se obtiene directamente a partir de leche fermentada o cuajada. Se trata de un queso fresco, ligero y muy versátil que aparece constantemente en la cocina doméstica. Puede encontrarse en desayunos, rellenos de repostería tradicional, platos salados o simplemente acompañado de frutas y miel.
A diferencia de otros quesos asociados a regiones concretas, la Brânză de vaci se consume prácticamente en todo el país. Su popularidad refleja perfectamente una de las características de la gastronomía rumana: la importancia de los productos sencillos, elaborados con pocos ingredientes y profundamente ligados a la vida cotidiana.
Capriciu
En la comuna de Hărman, cerca de Brașov, se elabora el Capriciu, un queso que representa el auge de una nueva generación de productores artesanales rumanos. Detrás de este proyecto se encuentra Anca Moga, quien decidió abandonar la vida urbana junto a su familia para crear una pequeña granja basada en la producción natural y sostenible. Desde entonces, controla personalmente todo el proceso de elaboración de sus quesos, apostando por métodos tradicionales y rechazando cualquier tipo de industrialización.
El Capriciu refleja precisamente esa filosofía. Es un queso elaborado a pequeña escala, donde la frescura del producto y el respeto por las materias primas tienen más importancia que los grandes volúmenes de producción. Una forma de entender el queso muy ligada a la recuperación de las tradiciones rurales rumanas.
Gran Sârbova
Algunos quesos cuentan historias que van mucho más allá de la gastronomía. El Gran Sârbova es uno de ellos. Su origen se encuentra en el pequeño pueblo de Sârbova, en el oeste de Rumanía, una localidad donde apenas viven poco más de cien personas y donde la vida sigue marcada por los ritmos de la naturaleza. Allí llegó hace años Adriana Formenti, una italiana que decidió crear un proyecto social destinado a ayudar a jóvenes que abandonaban los orfanatos al alcanzar la mayoría de edad.
Además de ofrecerles un hogar, Adriana les enseñó un oficio: elaborar queso siguiendo recetas tradicionales italianas. Con el tiempo, ese conocimiento dio lugar a varios quesos artesanales, entre ellos el Gran Sârbova, bautizado en honor al propio pueblo. Más que un queso, se ha convertido en un ejemplo de cómo la gastronomía puede servir también para construir oportunidades y preservar comunidades rurales.
Brânză lui Vodă
La historia ocupa un lugar central en el Brânză lui Vodă. Su nombre puede traducirse como “el queso del príncipe” o “del voivoda”, una referencia directa a los antiguos gobernantes de los principados rumanos. La receta se inspira en preparaciones que ya circulaban entre las élites locales durante los siglos XVII y XVIII. Incluso se vincula simbólicamente con figuras históricas como Radu Mihnea o Alexandru Ioan Cuza, dos nombres fundamentales en la historia de Rumanía.
Hoy este queso se elabora artesanalmente en una quesería situada cerca de Bucarest, manteniendo métodos tradicionales que buscan conservar ese vínculo con el pasado. El resultado es un queso que combina la herencia histórica con la producción artesanal contemporánea.
Floarea de Colț
A los pies de las montañas de Trascău, en pleno corazón de Transilvania, se produce el Floarea de Colț, uno de los ejemplos más interesantes de la actual quesería rumana. La quesería Torockoi, fundada por la familia Szakacs hace aproximadamente un cuarto de siglo, ha construido su reputación combinando técnicas inspiradas en las tradiciones suizas con ingredientes y sabores locales. Allí nacen quesos aromatizados con tomillo, lavanda, pimienta, guindillas o incluso trufa.
El Floarea de Colț resume perfectamente esa mezcla entre tradición e innovación. Rodeado por algunos de los paisajes más espectaculares de Transilvania, este queso refleja una Rumanía cada vez más abierta a experimentar sin renunciar a sus raíces rurales.
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