Ponga, el rincón de Asturias donde bosques, desfiladeros y pueblos de montaña conservan un paisaje casi intacto

Tiatordos desde San Juan de Beleño en Asturias

Ada Sanuy

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Entre los Picos de Europa y el Parque Natural de Redes se extiende uno de los territorios más abruptos y mejor conservados del oriente asturiano. Ponga ocupa algo más de 200 kilómetros cuadrados de la Cordillera Cantábrica y su concejo está integrado en un espacio declarado Parque Natural y Reserva de la Biosfera, donde grandes masas forestales conviven con cumbres, estrechos desfiladeros, ríos de montaña y pequeñas aldeas que mantienen buena parte de su arquitectura tradicional. El hayedo de Peloño, el desfiladero de Los Beyos, las siluetas del Tiatordos y el Pierzu o los pueblos de Viego y Taranes forman parte de un paisaje definido por fuertes desniveles y por asentamientos que durante generaciones se desarrollaron en un territorio especialmente exigente.

La naturaleza es el principal hilo conductor del concejo. Los procesos geológicos y la posterior acción de los glaciares, los ríos de montaña y los fenómenos kársticos fueron modelando valles encajados entre laderas escarpadas y gargantas como la de Los Beyos. El relieve abrupto, unido a unas condiciones climáticas relativamente suaves y a la escasa explotación de determinadas áreas, favoreció además el desarrollo de grandes masas forestales. Más de un tercio del Parque Natural está ocupado por bosques maduros entre los que aparecen robledales, abedulares, fresnedas con arce y alisedas. Dentro de ese mosaico sobresale Peloño, situado en el sureste del espacio protegido y dominado por las hayas, con una superficie aproximada de 1.500 hectáreas.

Peloño, el gran bosque de Ponga

Llegar a Peloño es una de las formas más directas de adentrarse en el paisaje pongueto. Una de las opciones señaladas por Turismo Asturias parte de la collada de Les Bedules y conduce hacia uno de los bosques más emblemáticos del Principado, recomendable durante todo el año aunque especialmente llamativo en otoño por el cambio de color del hayedo. Estas masas forestales proporcionan además un hábitat fundamental para especies sensibles como el urogallo cantábrico, que encuentra en los hayedos y acebales zonas adecuadas para sus cantaderos. El bosque se integra en un paisaje vegetal donde aparecen también brezales, tojales, piornales y castañedos, mientras el narciso de Asturias y la genciana forman parte de la flora amenazada presente en el espacio protegido.

El buen estado de los hábitats convierte también Ponga en refugio de una fauna estrechamente vinculada a la Cordillera Cantábrica. En los ecosistemas fluviales están presentes la nutria y el desmán, considerados indicadores de la buena conservación de estos ambientes, mientras las praderías y los piornales albergan liebres de piornal, un endemismo cantábrico. El oso pardo aparece de manera ocasional, junto con rebecos, ciervos, corzos y jabalíes. A ello se suma una avifauna que ha llevado a integrar el territorio en la Red Natura 2000 como Zona de Especial Protección para las Aves, con especies como el urogallo cantábrico, el pico mediano, el águila real, el buitre leonado y el azor.

El relieve que favorece esa biodiversidad define también la forma de recorrer el concejo. Las montañas se organizan en cordales separados por profundos valles fluviales, con perfiles como el Tiatordos, el Pierzu o las cumbres próximas a Peña Ten dominando distintos sectores del territorio. Entre esas elevaciones, los ríos Ponga y Sella atraviesan gargantas y cañones que multiplican los contrastes entre roca, agua y bosque. El desfiladero de Los Beyos es uno de los ejemplos más espectaculares, aunque el río Ponga forma también estrechamientos en torno a Sobrefoz y aparecen otros pasos encajados hacia Sellaño, Viego y Taranes. Esa combinación explica el peso que tienen el senderismo y las actividades de naturaleza en la oferta del espacio protegido.

Senderos entre montañas, ríos y desfiladeros

El Parque Natural dispone de una red de recorridos señalizados con alternativas de diferente longitud que permiten acercarse a esa diversidad sin abandonar los caminos autorizados. Entre las propuestas oficiales figuran la ruta de la Foz de los Andamios, de 13,5 kilómetros; la de Vallemoro, de diez; la subida al pico Pierzu, de 9,6 kilómetros; el recorrido circular por el valle de Ponga, de 9,3; o itinerarios más breves como Sellañu-Semeldón y la Senda del Cartero. La condición de espacio protegido implica, no obstante, limitaciones: el territorio se divide en zonas con distintos niveles de protección y determinadas actividades solo pueden realizarse en áreas o senderos autorizados. La acampada libre y los deportes con vehículos a motor no están permitidos, mientras que algunas prácticas acuáticas están restringidas y solo pueden autorizarse en lugares concretos, como los cañones de Viboli y Carangas.

El agua ofrece otra forma de descubrir Ponga. Los ríos de alta montaña, entre ellos el propio Ponga y el Sella en su límite oriental, atraviesan un territorio de cascadas, gargantas y cañones. Turismo Asturias incluye entre las posibilidades de turismo activo el rafting y el barranquismo en los sectores donde la normativa permite o puede autorizar estas actividades. El contraste lo aportan las aguas termales de Mestas, donde se encuentra un antiguo balneario rehabilitado para uso turístico. En San Juan de Beleño existe asimismo una piscina pública desde la que se contemplan el Tiatordos y el cordal de Ponga, una panorámica que resume la proximidad constante entre los pequeños núcleos habitados y la montaña.

Aldeas que explican cómo se vivía en la montaña

Sus pueblos conservan una arquitectura estrechamente relacionada con las condiciones de vida impuestas durante generaciones por un terreno abrupto y con escasas superficies aptas para el cultivo. En Viego y el entorno de Los Beyos pueden verse los denominados hórreos beyuscos, construcciones de menor tamaño que los hórreos más habituales y caracterizadas por sus tejados de dos o tres aguas. Son uno de los elementos más singulares de la arquitectura popular del concejo y responden precisamente a la necesidad de adaptarse a la limitada disponibilidad de tierras de labor. A ellos se suman caserías con corredores de madera, cuadras, edificaciones auxiliares y casonas que conservan las huellas de una economía tradicional ligada al medio rural.

El patrimonio construido incorpora además diferentes momentos de la historia local. Entre sus piezas más destacadas se encuentra la Torre de Cazo, del siglo XII y considerada por la información del espacio natural uno de los edificios medievales más antiguos de Asturias. También aparecen iglesias rurales como las de San Juan de Beleño, San Lorenzo de Abiegos, Santa María de Viego o Santa María de Taranes, junto con las ermitas de Arcenorio y Ventaniella. Esta última se encuentra en el sur del concejo y forma parte del antiguo Camino Real de Ribadesella a Castilla, una vía histórica utilizada para transportar productos entre distintos territorios a través de la Cordillera Cantábrica.

Esos antiguos caminos recuerdan que las montañas de Ponga funcionaron también como vías de comunicación. Ventaniella y Arcenorio estuvieron vinculadas a pasos históricos de la Cordillera, mientras las construcciones religiosas y las pequeñas poblaciones mantienen la memoria de quienes transitaban por ellos. En San Juan de Beleño, capital del concejo, el patrimonio etnográfico se completa con un ecomuseo dedicado a la madera, mientras Sobrefoz conserva construcciones señoriales y otros núcleos reúnen ejemplos de arquitectura popular y casas ligadas a distintas etapas de la historia local.

La identidad de Ponga permanece asimismo vinculada a tradiciones y productos surgidos de ese entorno. Entre ellos destaca el queso de Los Beyos, uno de los productos más conocidos de la zona y objeto de celebraciones gastronómicas en el concejo. Sobrefoz mantiene también el mercado tradicional de El Trasiegu, mientras en San Juan de Beleño se celebra la fiesta de los aguinalderos, reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional y protagonizada por la figura del Guirria. Son manifestaciones de una cultura de montaña que completa el valor natural del territorio y permite entender Ponga como algo más que una sucesión de bosques y cumbres.

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