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Los testículos, esos desconocidos

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James Bond.

Sean Connery y Ursula Andress durante el rodaje de 'Dr No'

Siempre me he preguntado por qué en la literatura o en el cine —pero qué digo, o en las mismas sobremesas— no se habla del proceso de espermatogénesis. ¿Por qué este asunto parece continuar siendo un tema tabú en nuestra sociedad, y qué tienen que decir sobre ello las nuevas generaciones? ¿Cómo es posible que a estas alturas no sepamos cómo afectaba a Don Quijote el ritmo de secreción de testosterona, con sus mínimos a última hora de la tarde? ¿Qué le pasaba al agente 007 cuando se le desbarajustaba el ciclo circadiano de sus hormonas masculinas?

Realmente me preocupa este silencio. En toda novela, película u obra de teatro que se precie se nos da cuenta puntualmente de los procesos fisiológicos de los protagonistas: las veces que van al baño, las particularidades de cada uno en referencia a su tránsito intestinal, los días en que las mujeres tienen la menstruación, las reacciones del sistema nervioso vegetativo ante una situación de estrés; pero del proceso de espermatogénesis, nada de nada. Y esto provoca desconcierto: ¿qué está pasando exactamente en las gónadas masculinas? Cuando los espermatozoides se acumulan en el conducto eferente, ¿duele?, ¿afecta esto al humor del hombre? Y claro, entonces cabe preguntarse si Monseiur Grandet, el personaje de Balzac, tenía un nivel excesivamente bajo de testosterona y de ahí su fatiga e irritabilidad. Del mismo modo cabría sospechar que Lord Chatterley hubiera entrado en la andropausia. ¿Por qué se nos han ocultado estos datos?

Vamos a ver, ¿cómo es exactamente la actividad testicular y por qué en el Cantar de mío Cid no hay ninguna referencia a ello? ¿Qué pasa con los tubos seminíferos que se abren en la pubertad de los niños? ¿Qué ocurre exactamente en el epidídimo del testículo? Todo son interrogantes.

Un ciclo espermatogénico dura alrededor de dos meses, de acuerdo, si bien dentro de él la maduración de los espermatozoides en sí requiere entre 10 y 14 días. Lo que no se entiende es por qué no se hace ninguna alusión a estos periodos temporales mientras que la duración y los pormenores del ciclo ovárico los conocemos todos.

El miembro masculino y sus funciones han quedado ocultos, pasto de leyendas, de mitos, de risitas y de miradas furtivas. De desconocimiento. Se ha mantenido el asunto en el más completo silencio. La espermatogénesis debería salir a la luz. Dejar de ser un tabú. Ya es hora de encararlo.

(Y sí, claro que encontré cosas en la red sobre la menstruación, muchas, y no necesitan palabras, mira:

- Aquí una fotógrafa chilena, Emma Arvida, que “se rebela contra el tabú de la menstruación”.

- Aquí una página entre kitsch y ecologista, entre cutre y flower-power, entre esotérica y pesetera, entre cómica y trágica. Ofrece un “Kit menstruación” o un “Kit viajera” por poco más de cuatrocientos euros.)


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