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Tripartidismo: el nuevo escenario de (in)gobernabilidad

La encuesta de ayer confirma el fin de una época y el inicio de otra en la que Podemos es protagonista del mapa político.

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Encuesta El País

Es la primera vez. La  encuesta publicada ayer por El País estima que Podemos sería la fuerza más votada en unas elecciones generales. Según Metroscopia, la formación de Pablo Iglesias obtendría hoy el 27,7% de los votos, mientras que PSOE y PP obtendrían 26,2% y 20,7%, respectivamente. Desde 1982 ningún tercer partido político se había colado en el bipartidismo mantenido por PP y PSOE. Es un hecho que rompe, en tan solo ocho meses, la dinámica electoral de los últimos treinta años en España.
 
¿Quiere decir que Pablo Iglesias será el próximo presidente del Gobierno? No. Quiere decir que la mesa tiene tres patas. Y eso es una novedad de dimensiones enormes.
 
A estas alturas, es imposible predecir cómo va a evolucionar la dinámica electoral hasta las próximas elecciones. Pero si Podemos llegase a ser la lista más votada en las próximas elecciones generales (o el PSOE o el PP), cualquier posibilidad de formar gobierno pasaría hoy por el pacto. ¿Coalición PSOE-PP? ¿Pacto Podemos-PSOE? ¿Podemos-PSOE-IU? ¿Coalición arcoíris? ¿Escenario “a la italiana”? Estas especulaciones son las que van a llenar más minutos de tertulia política hasta las elecciones. El nuevo debate se llama problema de gobernabilidad.
 
Falta todavía mucho para el 13 de diciembre de 2015 (la fecha más probable para las próximas elecciones generales). Son precisamente los meses después de las elecciones municipales, donde se sitúa el principal reto para Podemos, cuando las baterías políticas y mediáticas van a estar dirigidas a analizar con lupa las decisiones electorales de aquellos consistorios gobernados por personas militantes o simpatizantes con este partido. Acierto mayúsculo, el de no presentarse a las elecciones en ocho mil municipios. Pero, aun así, el flanco está abierto y habrá militantes de Podemos que formarán parte de varios gobiernos municipales a los que se les va a escrutar cada decisión. Inevitablemente, más de una noticia y más de dos van a aparecer.
 
Y será en ese espacio temporal entre las municipales y las generales donde se cristalizarán las nuevas estrategias electorales. A tres bandas (para variar).
 
El PP, salvo sorpresa mayúscula, tejerá una comunicación dirigida a evitar la hemorragia de votantes esgrimiendo el miedo al “neo-chavismo”, esgrimiendo ejemplos de decisiones de gobiernos locales con vinculaciones con Podemos que puedan ser utilizables con este fin. Y recordará lo malo que era Zapatero y los ERES de Andalucía.
 
En ese nuevo escenario interelectoral, Podemos seguirá con el discurso de crítica al bipartidismo (que tan buen resultado le está dando y que todavía no se ha agotado). Pero, además, tendrá que defenderse de algunas polémicas en los próximos gobiernos locales. Muy probablemente, subrayando la línea que separa el equipo de Pablo Iglesias de todos aquellos militantes que gobiernan en los municipios y de los que no se puede responsabilizar. Es quizás la estrategia que minimice los daños, pero incluso con la amputación de responsabilidades perderá algunos votos. Ya sabemos que el que se defiende está, solo por defenderse, en posición de pérdida electoral.
 
El PSOE tiene tres opciones estratégicas. Dirigirse hacia un escenario postelectoral en el que pueda pactar con el PP o con Podemos, acercando la línea discursiva a la coherencia con uno de los dos posicionamientos. O mantenerse en la ambigüedad. Esta última opción tiene muchas desventajas, el ciudadano de a pie percibe rápidamente el juego ambiguo y lo sanciona. Y a medida que nos vayamos acercando a diciembre de 2015 será cada vez más difícil de sostener. Sin embargo, esta es la opción que parece que va a adoptar el PSOE. Y cuando llegue el momento de elegir (momento que llegará): ¿pactarán con el PP o con Podemos? Obviamente no lo van a decir antes de las elecciones, pero se diría que Sánchez-Díaz parecen más cerca de lo primero que de lo segundo.
 
La encuesta de ayer (y la del CIS, que aparecerá en breve) confirma el fin de una época y el inicio de otra. Podemos es, ya, un actor de primera fila en el escenario electoral, a pesar de no disponer de ningún parlamentario ni de representación alguna en las instituciones en España. Ha roto la baraja, ha desplazado a Izquierda Unida y UPyD, que ahora esperan poder ser necesarios para pactar en un Parlamento fragmentado y que alguna eventualidad haga que Podemos se desplome tan rápidamente como ha subido. Podemos, hoy, podría ser la lista más votada; pero, en el nuevo escenario de tripartidismo que se perfila, esa no es condición suficiente para poder gobernar.
 
Pero el tripartidismo virtual que hoy se constata es una situación dinámica y los elementos que han aupado a Podemos todavía no se han detenido. Las encuestas muestran que la insatisfacción política busca sus cauces. Y Podemos tiene un aspecto y ocupa un lugar que lo convierte en la vaguada natural por el que baja buena parte del agua de la insatisfacción política, por los motivos que comenté  en este blog hace quince días. La capitalización del descontento por este nuevo partido tiene mucho que ver con sus decisiones pero también con el contexto. La miríada de casos de corrupción política, como una percusión incesante, agrieta, caso a caso, la ya muy mermada confianza que los españoles en el funcionamiento político (no solo erosiona el apoyo específico sino, también,  a niveles más difusos del sistema). Sectores empresariales y políticos parecen haberse emparejado obscenamente a costa de los impuestos y los recortes en el bienestar de (casi) todos.  Tarjetas black, paraísos fiscales, dinero b, regalos, favores. Lo peor (o lo mejor, según se mire) son los detalles; el morbo de ver en qué se gastan el dinero es un motor poderoso para el descreimiento y el resentimiento.
 
La corrupción no parece ya una  borrasca sino como algo generalizado desde hace tiempo, como “la verdad de la vida” que nadie nos había contado. Hay quienes creen que PP y PSOE pueden ser los instrumentos que permitan una regeneración de la política. Pero cada vez son menos. Podemos tiene el campo abonado para seguir creciendo. Pero, ahora que está en primera fila, va a recibir un fuego más intenso por parte del resto de actores políticos. Especialmente cuando haya elementos concretos a los que agarrarse, cuando en algún lugar alguien que dice que estuvo una vez en un círculo tome decisiones y gobierne. A partir de mayo, Podemos recibirá una confrontación directa más intensa, aunque no quiera. Por otro lado, la estrategia que adopte el PSOE frente al tripartidismo será clave y marcará la dinámica política de los próximos años. Cuando deje de poder ser equidistante, cuando tenga que elegir, ¿se acercará más a Podemos o al PP? Esa decisión generará nuevos discursos y marcará la dinámica política en el futuro.
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