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Ferran Martínez i Coma

Ferran Martínez i Coma, sociólogo y politólogo, doctor miembro del Instituto Juan March. He publicado en varias revistas académicas nacionales e internacionales. Trabajo como investigador en el proyecto de investigación electoralintegrityproject.com en la Universidad de Sydney, Australia. Me interesan diversas vertientes de la opinión pública.  Soy miembro de Líneas Rojas. Es un placer compartir esta columna con todos vosotr@s.

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El genocidio que viene

La aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos se conoce como genocidio. Algunos los tenemos muy cerca en el tiempo –como el de Ruanda o la antigua Yugoslavia. Otros influenciaron parte de la geopolítica después de la segunda guerra mundial como el de los judíos. Sabemos que entre 1975 y 1979 en Camboya los jemeres rojos liderados por Pol Pot exterminaron, como poco, a dos millones de personas. Los hay que sucedieron hace muchos años y que aún siguen coleando, como el del gobierno de los Jóvenes Turcos con los armenios: valga como muestra la orden de captura del gobierno de Erdogan al escritor Dogan Akhanli de origen turco (pero pasaporte alemán). Mientras estás leyendo esto, en Myanmar la minoría musulmana Rohingya es perseguida y, por desgracia, la lista anterior no es una lista completa.

La ciencia política lleva décadas tratando de analizar cuáles son los factores que explican que se produzcan genocidios. Se han propuesto muchas variables –desde la diversidad étnica a una guerra civil, pasando por si ha habido conflictos con el país vecino o el tamaño de la población, entre muchos otros. La literatura académica especializada proporciona trabajos muy sólidos con los más diversos y originales diseños de investigación.  Pero lo que suelen hacer estos trabajos, y no es poco, es explicar. Y la explicación viene después de que haya acontecido un evento, cuando lo queremos darle sentido, entenderlo.

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Votar limpiamente

La acción de ir a votar es más compleja de lo que primera vista parece porque conlleva dos tipos de desafíos: los logísticos y los políticos. Entre los primeros, se encuentran todos los asuntos relacionados con la mera organización de los comicios: desde la contratación para la impresión de las papeletas a garantizar que se abra el centro de votación el día concreto a la hora precisa, pasando por la coordinación de las fuerzas de seguridad.

Los retos políticos tampoco son menores: desde garantizar que se vota en libertad a controlar que las fronteras de las circunscripciones electorales no cambien de un día para otro; pasando por vigilar que los medios públicos de comunicación –el medio mayoritario que utilizan los ciudadanos para obtener la información electoral– sean equilibrados en su cobertura y que ningún partido o candidato compita con recursos indebidos.

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¿Cuánto ganan nuestros diputados?

Uno de los mantras más extendidos sobre la política española es que nuestros representantes ganan mucho dinero. En esta entrada analizo si nuestros políticos –los diputados en este caso- cobran demasiado. Es un asunto de mucha importancia por varias razones. Primero porque si ganan demasiado, pueden alejarse del ciudadano medio. Segundo, porque los políticos cobran de los impuestos que pagamos (casi) todos. Tercero, porque queremos políticos que ganen lo suficiente como para tener una vida desahogada y se concentren en los problemas de toda la sociedad, aunque este es un supuesto que algunos puedan cuestionar.

¿Ganan nuestros representantes mucho dinero? Según el Régimen Económico y Ayudas de los Señores Diputados, todos los diputados tienen una asignación idéntica de 2.813,87 € al mes. Luego tienen complementos “en función del cargo que desempeñe el Diputado por ser miembro de la Mesa, o de la Junta de Portavoces, bien de la Cámara o bien de alguna Comisión.” Los cargos de cada grupo no son acumulables. La tabla 1 muestra los complementos mensuales por razón del cargo:

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Nuestros primeros quinientos

En estos años nuestro país ha cambiado mucho: cuando empezamos, Podemos no existía, Ciudadanos solo estaba en Cataluña, CiU todavía era el partido de referencia en Cataluña. Otras cosas no han cambiado mucho: Rajoy se había instalado en Moncloa, el paro era y es el principal problema de nuestro país y el PSOE no tenía un liderazgo creíble y ahí sigue.

La orientación de Piedras de Papel ha sido la misma: un análisis riguroso de la realidad social y política basada en datos. Resumir  lo que hemos cubierto en estos 500 artículos podría dar para varias entradas. Pero he puesto todos los títulos de los 500 artículos en https://tagul.com/create, me he desecho de aquellas palabras que solo aparecían una vez y de los artículos; he retocado un par de colores y sale el resumen gráfico que podéis ver en el gráfico 1.

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¿De qué depende el destino de los embajadores?

Una de las primeras acciones del nuevo presidente de los Estados Unidos ha sido molestar a China. Trump decidió que lo mejor era iniciarse con una llamada a Taiwán. Dicha conversación telefónica fastidió al gigante asiático. En los siguientes días, la nueva Administración ha anunciado el nombramiento de Terry Branstad, como el nuevo embajador en China, si el Senado así lo aprueba.

Branstad es el gobernador de Iowa y mantiene excelentes relaciones con Xi Jinping -el presidente chino- y es un gran conocedor de China, algo a tener en cuenta para la relación entre ambos países y el nuevo equilibrio de poderes global. Pero el nombramiento de Brandstad nos lleva a una pregunta más general: ¿qué criterios se siguen para nombrar a embajadores?

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Cuatro propuestas para mejorar las elecciones en Estados Unidos

Se ha escrito mucho sobre las elecciones en los Estados Unidos. Hemos leído sobre Clinton, Trump, las encuestas, la campaña, las barbaridades que se han dicho… etc. Se ha escrito menos sobre qué funciona bien o mal en la política de ese país. Hace unas semanas pude escuchar un podcast de Freakonomics radio en el que se entrevistaba a una serie de políticos, académicos, expertos y periodistas en cuestiones político-electorales de dicho país. La pregunta que se les hacía era muy simple: ¿Qué practica/comportamiento político-electoral merece morir?

La pregunta es más que relevante. Comparemos las siguientes cifras. El American National Election Study –el estudio demoscópico de referencia entre los investigadores– de 1958 mostraba que un 73% de los americanos –utilizo este término junto el de estadounidense de forma equivalente– confiaban en su gobierno siempre o casi siempre. En 2015, el porcentaje era del 19%. A continuación, y a partir de dicho programa de radio, voy a presentar y comentar algunas de las muchas propuestas que ahí se presentan y se pueden implementar en Estados Unidos. Prácticamente a coste cero. Algunas, se podrían trasladar a Europa.

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Y si hay terceras elecciones, ¿cómo sería la participación?

El otro día, Ignacio Jurado habló de los costes para Ciudadanos de su pacto con el PP. En entradas posteriores trataremos otros partidos. Pero, algo fundamental a tener en cuenta si se produjeran las terceras elecciones en nuestro país en menos de un año –algo realmente insólito-serían dos preguntas fundamentales relacionadas con la participación: ¿cuál sería la tasa de participación? y, más importante todavía, ¿quién iría a votar? Y En esta entrada voy a tratar estas dos preguntas. Spoiler: no voy a dar una cifra concreta, pero sí apuntar qué indicadores podemos mirar en caso de que se celebren unas terceras elecciones.

La participación es importante porque para muchos es una forma en la que el sistema democrático se legitima. Visto de otra forma, aquellos países con elecciones con mayor participación parecen tener mejor salud democrática que aquellos con baja participación. Cuando la participación es baja, lo asociamos con apatía ciudadana. Pensemos en las elecciones al Parlamento Europeo y la desconexión entre Bruselas y los ciudadanos.

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La vida ‘civil’ para un expresidente

Tony Blair dejó Downing Street y empezó a trabajar para JP Morgan Chase por algo más de dos millones de libras al año. George W. Bush se une al grupo Carlyle. Uno de los anteriores primeros ministros canadienses, Brian Mulroney, empezó a trabajar para Ogilvy Renault. En Australia, Bob Hawke- que llevó al partido laborista a un record histórico de tres victorias seguidas- después de su paso por la política vendía terrenos a inversores chinos. A nivel patrio, Aznar se incorporó al imperio de News International de Rupert Murdoch, mientras que Felipe González fue consejero en Gas Natural.

El profesor de la universidad Federico II de Nápoles Fortunato Musella ha recopilado las trayectorias de 290 primeros ministros y 151 presidentes después de dejar sus cargos. Lo ha hecho recogiendo datos de 441 líderes durante el periodo 1989-2011 en 78 democracias, cubriendo todo el mundo.

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¿Un PP moderado?

Desde el inicio de la campaña electoral, el PP utiliza el concepto de la moderación como uno de sus argumentos clave. Según Rajoy, el PP abandera “un proyecto de moderación, que es lo que necesita España”. Sobre lo que necesita España, que es mucho, no puedo discutir en esta columna. De lo que sí puedo hablar, sin embargo, es si el PP ha conseguido transmitir una imagen de moderación.

Empecemos por definir el concepto, así todos sabemos de qué hablamos. Según la Real Academia Española (RAE), moderación tiene dos acepciones. La primera “Acción y efecto de moderar.”; la segunda, “Cordura, sensatez, templanza en las palabras o acciones.” Siguiendo la RAE, moderar es “Templar, ajustar o arreglar algo, evitando el exceso”. Evitar el exceso, los extremos.

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¿Qué podemos aprender de Uganda?

En los últimos tiempos, los españoles nos hemos vuelto más indecisos en lo que a política se refiere. Hace 15 o 20 años, la gran mayoría declaraba llegar a la campaña electoral con su voto determinado. Para que se hagan una idea, según los datos postelectorales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en 1996 un 90% decía que tenía su voto decidido antes del inicio de la campaña electoral. En 2008, era un 79%. En las elecciones pasadas, el 63%. Se puede afirmar, por tanto, que los nuevos actores –Podemos y Ciudadanos- han hecho que aumente la incertidumbre. En cierto sentido, es lógico: hay más opciones y el ciudadano tiene más dónde elegir.

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