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Interferencias

Interferencia (Wikipedia): "fenómeno en el que dos o más ondas se superponen para formar una onda resultante de mayor o menor amplitud".

Interferencias es un blog de Amador Fernández-Savater y Stéphane M. Grueso (@fanetin), donde también participan Felipe G. GilSilvia NanclaresGuillermo Zapata y Mayo Fuster. Palabras e imágenes para contarnos de otra manera, porque somos lo que nos contamos que somos.

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¿Es política la generación millennial?

Dos artículos dedicados a los millennials salieron el mismo día en el New York Times y en El País. El artículo de  Sarah Leonard y el de  Antonio Navalón hablaban del mismo tema, pero de formas completamente distintas, incluso opuestas. Navalón tenía un tono arrogante y vagamente reaccionario: según él, los millennials no han producido ninguna idea que no sea relativa a una nueva aplicación para el smartphone y no tienen ninguna opinión política.

Sarah Leonard observa, por el contrario, que los más jóvenes han votado mayoritariamente por Sanders, Corbyn y Mélenchon, es decir, tres viejos políticos con un nivel cultural incomparablemente superior a sus oponentes, que reivindican los valores políticos del socialismo y encarnan la coherencia ética de quien no se ha plegado al conformismo de la izquierda neoliberal.

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Jacques Rancière: "La denuncia del populismo quiere consagrar la idea de que no hay alternativa"

Están de acuerdo desde Juan Luis Cebrián hasta Federico Jiménez Losantos, el nuevo demonio se llama "populismo". Trump, Grillo, Le Pen, Pablo Iglesias... El término "populista" amalgama a todos ellos, los asimila al totalitarismo y nos presenta la política oficial como única salvación.

Según el siguiente artículo del filósofo Jacques Rancière, con el término "populismo" se quiere fabricar una cierta imagen del pueblo: bruto, desesperado, ignorante y racista. Una jauría humana habitada por rechazos irracionales tanto de los gobernantes como de "los otros" en general.

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Alain Badiou: Nuit Debout, la política, el comunismo, el amor

Se ha hablado mucho sobre Francia y el movimiento Nuit Debout. ¿Podemos ser optimistas? ¿Estamos frente a una reactivación de la política?

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Franco Berardi (Bifo): Racismo blanco, fascismo islamista y guerra civil global

Todo se deshace; el centro no puede sostenerse; Mera anarquía es desatada sobre el mundo, La oscurecida marea de sangre es desatada, y en todas partes La ceremonia de la inocencia es ahogada; Los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores Están llenos de apasionada intensidad.

( "La segunda venida": Yeats)

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Pensar desde los comunes: entrevista a David Bollier

El aire, la biodiversidad, el genoma, el lenguaje, las calles, Internet... Los comunes no nos rodean: nos atraviesan y constituyen, nos hacen y deshacen. De todos y de nadie, sostienen el mundo, son el mundo. En el cuidado y enriquecimiento de los comunes nos jugamos la vida misma. Es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos del Estado o del mercado. Nuestro desafío es hacernos cargo en común de un mundo común.

David Bollier es activista y una voz destacada dentro del movimiento de los comunes. Junto a Silke Helfricht, también activista de los comunes, han coordinado la antología Patterns of Commoning donde hacen hincapié en que los comunes no pueden definirse en términos de objetos, recursos ¡ni siquiera de bienes!, sino como estructuras, modelos y procesos sociales.

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Que coman pasteles

Una multitud corre detrás de él dando gritos. Está totalmente descamisado. Un manifestante le agarra de lo único que le queda por quitar. De repente, el directivo nota el tirón e intenta zafarse del nudo de la corbata que le aprisiona la garganta. La imagen cambia y ya con luz vespertina se le ve saltando la valla con la corbata aún al cuello. Tuvieron que huir, dice el reportero, porque un grupo de manifestantes los asaltaron a la salida de la reunión donde les comunicaron un ERE con 2.900 despidos previstos.

Los informativos nos cuentan la noticia saltándose la escena principal del primer acto, esa en la que están reunidos los que todavía conservan sus camisas impolutas y los representantes de los trabajadores. Esa en la que ante el rechazo a un aumento de jornada por el mismo sueldo, es decir, una bajada de sueldo encubierta, planea la amenaza de un ERE masivo. Pervierten el lenguaje como lo haría el matón de colegio que te quita la merienda en el patio con la amenaza velada del que se sabe más fuerte y sobre todo intocable. Hasta la palabra "negociación" es utilizada de manera falaz cuando lo único que se ofrecen son lentejas. El planteamiento es siempre el mismo: "La empresa ofrece esto, si lo rechazáis la contraoferta será mucho peor". Eso también es violencia, es recurrir al miedo y al intercambio de culpa como hace el maltratador después del la paliza: "No quería pero me has obligado a pegarte". 

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Enseña tus heridas

La fotografía del niño ahogado en alguna playa de Turquía, muerto junto su hermano y su madre en el intento de alcanzar Europa, ha vuelto a encender el debate sobre si mostrar o no las imágenes que contienen una violencia atroz. Los argumentos son casi siempre los mismos: ‘¿es necesario?’, ‘¿es ético?’, ‘¿a dónde lleva?’; lo mismo con las acusaciones de aquellos que las muestran: ‘¡morbosos!’, ‘¡inhumanos!’. Al respecto de este debate, merece la pena recordar el dos ensayos de Susan Sontag, Sobre la fotografía y Ante el dolor de los demás, en los cuales, si se leen juntos, tiene lugar una de las reflexiones más serias y comprometidas que pueden encontrarse sobre esta discusión. Sontag admite que al principio ella también pensaba que esas imágenes no debían mostrarse, pues no eran necesarias para entender y hacerse con el dolor o la catástrofe y que eran más bien prueba de la ‘espectacularización’ del dolor y la tragedia. Su puesta en circulación anestesiaba más que movilizaba. Y es cierto que el dolor ha sido devorado en muchos sentidos por la absurda lógica del espectáculo, que sólo tiene sentido si convenimos que las imágenes no nos afectan, no nos mueven, no nos conmueven, nada pueden con nosotros. Que la percepción y la acción están separadas (gran éxito del capitalismo).

Pero entre los dos ensayos, Sontag vira completamente sus argumentos a favor de mostrar las imágenes de las tragedias de las que los hombres son responsables. El matiz fundamental de este viraje es precisamente la comprensión ‘política’ de la imagen. En nombre de la moral, del respeto, la compasión piadosa, o cualquier otra gran virtud, se higieniza o ecologiza el espectro de lo visual, borrando todas aquellas imágenes que nos rompen la cabeza, que se nos clavan en el corazón. El capitalismo querría que fuéramos insensibles a las imágenes en general (salvo las que el capital cree tener ‘controladas’) pero sobre todo a las que descubren sus diversos disfraces, sus verdaderos intereses. Sería terrible que en la sociedad del espectáculo las imágenes aún contuvieran algún tipo de potencia. Pero el hecho es que, como dice Sontag, la idea de que todo se ha convertido en espectáculo es de un “provincianismo pasmoso”, pues no todo el mundo, menos aún las personas que sufren el desastre de las guerras, se puede permitir el lujo de considerar el dolor como un problema de la representación. Las personas que no sufrimos este dolor o estas catástrofes, inscribimos el problema enseguida en esa dimensión y, en nombre de una moral despreciable, pretendemos silenciarlas, no queremos verlas, queremos comer tranquilos, dormir tranquilos, si acaso traducirlas a algún tipo de categoría de lo visual (un borrón, un difuminado, el ciego grosor del píxel) que no resulte ‘ofensiva’. Pero ¿ofensiva para quién? ¿Para nosotros? Qué egoísta resulta oír a alguien aludir a su propia moral (o dolor) ante la imagen de un niño inocente muerto sin razón alguna, simplemente porque la hospitalidad, verdadera ley de la tierra, no cotiza en bolsa. Decimos que el niño tendrá padres o familia que no querrían ver esas imágenes y nos creemos defensores de sus derechos, haciendo mención a la ‘ética periodística’ cuando este debate, en la era de la reproducción global de imágenes y las redes sociales desborda por completo el trabajo del periodismo. Pero lo cierto que los familiares de los niños muertos en este tipo de desastres (véase Palestina, Líbano…) no han dejado de propagar y difundirlas y se resisten a que sean ignorada, pues dan cuenta de la dimensión de la tragedia, de la bestialidad (humana, siempre humana) de los responsables del desastre.

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John Holloway: el pensamiento crítico frente a la hidra capitalista

Pensamiento crítico: pensamiento que busca la esperanza en un mundo donde parece que ya no existe. Pensamiento crítico: pensamiento que abre lo cerrado, que sacude lo fijo. El pensamiento crítico es el intento de entender la tormenta y algo más. Es entender que en el centro de la tormenta hay algo que nos da esperanza.

La tormenta viene, o más bien ya está aquí. Ya está aquí y es muy probable que se vaya intensificando. Tenemos un nombre para esta tormenta que ya está aquí: Ayotzinapa. Ayotzinapa como horror, y también como símbolo de tantos otros horrores. Ayotzinapa como expresión concentrada de la cuarta guerra mundial.

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En la solitaria cabina de nuestras vidas: a propósito de Andreas Lubitz

Parece ser que el joven piloto Andreas Lubitz, quien se arrojó junto con un avión lleno de pasajeros contra una montaña rocosa, escondió a su compañía, Lufthansa, el certificado médico que diagnosticaba su patología depresiva. Fue algo incorrecto, sin duda, pero totalmente comprensible: al turbocapitalismo no le gustan los trabajadores que se dan de baja temporal por razones de salud, y mucho menos por depresión.

¿Deprimido yo? ¡Ni lo menciones! Me siento bien: soy perfectamente eficiente, feliz, dinámico, enérgico y, sobre todo, competitivo. Voy a correr todas las mañanas, y siempre estoy disponible para trabajar horas extras. Es la filosofía de las aerolineas low-cost, ¿sabes? Y es también la filosofía del mercado perfectamente desregulado, en el que a todos se nos pide incesantemente dar lo mejor de nosotros mismos para sobrevivir.

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Pintar el mundo de su color (acción contra los fondos buitre de Blackstone en Nueva York)

Nueva York, 17 de marzo del 2015. Hace mucho frío y la ciudad está pintada de gris y blanco por los restos de nieve que aún quedan congelados en el asfalto de las grandes avenidas.

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