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Periodismo a pesar de todo

Marta Peirano

Marta Peirano es la Jefa de Cultura de eldiario.es. Antes lo fue en ADN.es y últimamente ha publicado tres libros: El Rival de Prometeo, The Cryptoparty Handbook y Turtles & Dragons

Los falsos pioneros del ajedrez informático

Toda contracultura sufre el mismo destino: ser asimilada, reprogramada y redistribuida en una segunda vida que no sólo será mucho más larga que la original, también será el reverso exacto de todo aquello que representaba. La paradoja es tan inevitable como omnipresente, desde las fábricas de explotación infantil produciendo camisetas con la cara de Che Guevara a los anuncios de Mastercard con Lust for Life de banda sonora, el himno que escribió Iggy Pop contra la cultura de consumo. O el McDonald's que incluye en sus propaganda las palabras local, orgánica y sostenible.

Les pasó a los hippies, a los Ángeles del infierno, al punk, al retrete de Duchamp. Les pasó a la heroína y a las Pussy Riot y, contra todo pronóstico, a la Ruta Destroy. Poco después, y con la aceleración natural que nos trajo la Red, empezó a pasar tan deprisa que la industria insaciable reprogramó las succionadoras y acabó generando algo monstruoso: el informático molón.

Ocurrió todo muy deprisa; del hacker a-la-matrix de los 90 pasamos al nerd cool del nuevo milenio para acabar con American Apparel vendiendo lo que antes llamabamos gafas de tontito, y Michael Cera y Jesse Eisenberg liderando la última reencarnación del brat pack.

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Descubre el triángulo orwelliano de Barcelona

Orwell junto a Stafford Cottman y otros miembros del ILP, verano de 1937 | Fuente: labarcelonadeorwell.wordpress.com

“Me fui a vivir en Barcelona en 1975, cuando tenía 20 años -contaba el autor irlandés Colm Tóibín en una entrevista- Incluso antes de ir, sabía más sobre la guerra civil española que sobre la irlandesa”. La culpa, por supuesto, es de George Orwell. Su Homenaje a Cataluña ha servido de inspiración literaria, biblia política y mapa de rutas de Ciudad Condal para todas las generaciones posteriores desde su publicación en abril de 1938.

En el caso de Tóibín, la influencia ha sido especialmente productiva: todas sus historias “catalanas” son descendientes de Orwell, desde su propio Homenaje a Barcelona -que retrata no la guerra civil sino la vida en una Barcelona traumatizada por el franquismo- a su primera novela, El Sur, donde una pintora irlandesa protestante viaja a la Barcelona de los 50 y acaba viviendo con un anarquista en un pequeño pueblo del Pallars. Es por eso que el irlandés ha sido el encargado de homenajear al británico con motivo del Día Orwell 2014. Una efeméride que se ha inventado el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona porque la oficial, decidida el año pasado por sus herederos, The Orwell Prize y su editorial Penguin, es el 21 de junio, aniversario de su muerte.

Como parte de los festejos, Tóibín dará el martes a las 19.30 una conferencia titulada Barcelona, de George Orwell a la democracia. La fiesta incluye una guía por la Barcelona de Orwell (concretamente, una ruta literaria en catalán, castellano e inglés) aquí. Este artículo, también.

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Bellas y bestias: las seis fabulosas hermanas Mitford

Cinco fabulosas hermanas Mitford

Los Mitford eran personajes de Scott Fitgerald atrapados en la era de George Orwell. A la cabeza, el apuesto, excéntrico e irascible David Bertram Ogilvy Freeman-Mitford, segundo Barón de Redesdale, "un magnífico sibarita, byroniano, aburrido, de una indolencia contagiosa", como lo retrató veladamente Evelyn Waugh en Retorno a Brideshead y su esposa Sydney Bowles, hija del fundador del Vanity Fair británico. Retirados  en vida la comidilla de toda Europa y, para la historia, un ejemplo ilustrativo de la decadencia de la aristocracia británica en el periodo de entreguerras.  Pero las estrellas de la saga fueron y siguen siendo sus seis hijas, declaradas por unanimidad las mujeres más bellas y enloquecidas de Inglaterra.

Irreverentes, iconoclastas y políticamente aberrantes, las "chicas Mitford" eran tan famosas por sus caras bonitas y sus amistades bohemias como por su inteligencia venenosa y su ácido sentido del humor, un talento que desarrollaron durante su estrambótica infancia para destrozarse verbalmente unas a otras. Cuando se hicieron debutantes, extendieron el látido a sus pretendientes, sus amigas y todos los demás, para jolgorio de las crónicas sociales de la época.

Con los años, la fijación se convirtió en un género literario en sí mismo, llamado encantadoramente Mitfordiana. A las incontables biografías, novelas, compilaciones epistolares y ensayos culturales que se han publicado sobre las seis Mitford se unen las memorias de las propias Mitford que, en la menos tres casos, desataron un fanatismo en Inglaterra sólo comparable al de Lord y Lady Byron o el matrimonio de Ted Hugues y Sylvia Plath.  

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Los cinco incunables de la visualización de datos

La Mona Lisa de la Visualización de datos: "Carta figurativa de las sucesivas pérdidas de hombres de la armada francesa en la campaña de Rusia de Napoleón en 1812" de Charles Minard (1869)

En junio de 1812, la Grande Armée de Napoleón cruzó el río Niemen en dirección a Moscú. No era una visita de cortesía. El Ejército más grande y mejor preparado del mundo invadía Rusia mientras las tropas del zar Alejandro I retrocedían dejando un sendero de humo y destrucción, su famosa táctica de tierra quemada. Cuando los franceses llegaron a Moscú, los generales rusos se habían marchado pero no sin antes prenderle fuego. El 19 de octubre, después de seis semanas esperando una capitulación que no llegaba en una ciudad defenestrada donde no quedaba ni comida para los soldados, ni pasto para los caballos ni refugio contra el invierno, Napoleón emprendió la vuelta a casa. Allí se encontraron al comandante Mijaíl Kutúzov, que les esperaba tranquilamente en el río Bérézina.

De los 422.000 hombres que empezaron la campaña, sólo 100.000 llegaron a Moscú. De los que dieron la vuelta, sólo 10.000 llegaron vivos a Francia. La famosa "Carta figurativa de las sucesivas pérdidas de hombres del Ejército francés en la campaña de Rusia de Napoleón en 1812" del venerable ingeniero francés Charles Joseph Minard (tenía ya 80 años) retrata con precisión y sencillez la penosa historia de esta campaña con una línea dorada que se desangra y cinco dolorosas variables: la fecha, su dirección y localización geográfica, el descenso de las temperaturas, la dirección del Ejército y la pérdida de vidas humanas. Los especialistas la Gioconda de la visualización de datos.

Minard marca los descensos de temperatura y las batallas importantes, notas a pie de página que resultan especialmente dolorosas en la lenta fuga del ejército que da la vuelta -ya en negro como la sangre seca- y que se va diezmando dramáticamente, víctima del hambre, las enfermedades, el general invierno y el comandante Kutúzov.

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Cuatro combos inesperados que reventaron el Sónar

Sonar 2014

Alguien lo comparaba con una sauna finlandesa, donde vas de la cabina al lago helado, del lago a la cabina y, en el medio, te fustigas locamente con una rama de abedul. Así era bajar de la sala de fiestas de James Murphy y 2ManyDjs, con sus siete tótems McIntosh colocados en atávico círculo, a la helada instalación de Carsten Nicolai dos plantas más abajo. El inesperado combo funcionaba tan bien que debería convertirse en canon de la programación festivalera, como el Energy Control donde testan las drogas o la caseta de las crepes de nutella con plátano que tantas vidas salvan cada año en la Fira Gran Via L'Hospitalet.

La serenidad monocromática Unidisplay era el contrapunto perfecto al hedonismo setentero de Despacio. Para entrar en lo de Carsten había que atravesar una alfombra negra acordonada y un largo túnel oscuro, un agujero de conejo diseñado para abandonar el sudoroso universo del festival y bañarse en cuarenta metros por seis de reflexión electroacústica.

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El hombre que hacía bailar a los drones

El artista japonés Daito Manabe

Daito Manabe era una de las estrellas de Sonar+D, el brazo tecnológico de Sónar 2014. También es una superestrella en Japón, donde es el fundador de Rhizomatiks, uno de los estudios de producción artística más calientes del momento. Su trabajo es ecléctico y va desde proyectos de música para sordos o bellísimas instalaciones oníricas a los anuncios de chicles o los visuales para un adorable trío de j-pop llamado Perfume. En Sónar presentó una colaboración con la compañía de teatro Eleven Play en la que, además de las exquisitas proyecciones, hace bailar a tres drones.

Corre el rumor de que su espectáculo de danza con drones estuvo a punto de no ocurrir. ¿Qué pasó?

Los drones son muy inestables y las condiciones del espacio no estaban del todo controladas. Necesitábamos muchas horas de preparación -un mínimo de ocho horas- para testarlo todo y no las tuvimos, entre otras cosas porque uno de los drones se estropeó. Al final lo arreglé pero los drones y las chicas tuvieron que bailar por separado.

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El Muro de Sonido en tiempos de iTunes

DESPACIO: las siete torres MacIntosh del Sónar

¿Hay algo más bonito que un ingeniero satisfecho? El viernes por la mañana, el aura de John Klett brillaba tanto como la bola de espejos que decora el centro de Despacio, la sala de baile improvisada que ha montado con James Murphy, 2ManyDjs y los ingenieros de McIntosh Laboratory. Juntos han parido un sistema de sonido con siete torres de altavoces y amplificadores de 3 metros con un total de de más de 50.000 vatios, que presentaban hoy, segundo día del Sónar, en la misma sala donde pinchan su colección de vinilos durante seis horas al día.

"Es el tercer gran sistema que hemos construído en la historia de McIntosh, explicaba Ellis Reid, jefe de marketing de la casa. El primero fue el MI-350, que crearon para el Woodstock en 1969, 10 amplificadores de tubo con una potencia de 3.500 vatios que trabajaban bajo el escenario para protegerse de la lluvia. El segundo modelo fue el MC 2300 construído para The Wall of Sound de los Gratefull Dead.

El Muro de los Grateful Dead

El Muro de los Grateful Dead


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Las cinco imprescindibles de Sónar+D

Unidisplay: Carsten Nicolai en Sonar+D

Lo dice el director de Sonar +D: si vienes a Sónar y no ves el Unidisplay de Carsten Nicolai, es como no haber ido a Sónar. El artista alemán conduce una doble vida entre la instalación artística y la música electrónica, que publica, toca, pincha y produce como su doppleganger Alva Notto, detrás de su sello berlinés Noton.Archiv Fuer Ton Und Nichtton. Las dos fórmulas están pegadas por la cintura: líneas sobrias que exploran la respuesta emocional que nos produce el error en un entorno industrial de precisión matemática.

Nicolai realiza grandes instalaciones cimáticas que debaten con el público sobre de la percepción de los fenómenos electroacústicos. Su estrategia sonora es menos lírica que científica, aunque produce espacios de inmersión decididamente poéticos y mesmerizantes. Unidisplay es una monumental instalación audiovisual de 50 metros de largo por 6 de alto que se podrá ver durante el festival en la recién estrenada SónarPLANTA, una iniciativa se estrena en Sónar en colaboración con la Fundació Sorigué, que servirá de plataforma para distintos proyectos de New media en los próximos tres años.

Si gustan, pueden extender la visita a Spectral Diffractions, la otra instalación sonora del holandés Edwin van der Heide en el Pabellón Mies van der Rohe.

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Reconstruyen la oreja de Van Gogh con el ADN de un descendiente

Reconstruyen la oreja de Van Gogh a partir de las células de un descendiente

No es una oreja cualquiera. Para empezar, no se presenta de la manera habitual, pegada a la cabeza de alguien. Además, se trata nada menos que de la oreja de Van Gogh o, para ser más exactos, una posible réplica. Ha construida con tejido modificado de cartílago, combinado con las células vivas extraídas del bisnieto de su hermano Theo y de un sello que el pintor chupeteó en 1883, dejando una pequeña sección de ADN mitocondrial ("ADN histórico", lo llaman) que el Centro Universitario Romand de Médecine Légale en Lausanne ha secuenciado, clonado in vitro y añadido a la receta.

La forma -aseguran- es idéntica y ha sido recreada con una impresora 3D. La oreja -emparedada en un bioreactor de cristal y regada con una solución nutritiva- es uno de los greatest hits de la exposición que ha abierto el Centro para el Arte y los Medios (ZKM) de Karlsruhe, en el suroeste de Alemania. La madre de la criatura es Diemut Strebe, una artista alemana que vive en Boston y que trabaja con especialistas del campo de la biología y la ingeniería genética. "El bioreactor es como el cuerpo humano - explicó Strebe en una entrevista- el acrílico es como piel, el fluido nutritivo es como plasma. Y el aire que entra se filtra a través de una cámara de procesamiento oxígeno".

"La Paradoja de Teseo es la base literaria de este proyecto", ha explicado la artista. Dicha paradoja, también conocida como El barco de Teseo, especula sobre la identidad metafísica de la materia, preguntándose: si a un objeto se le reemplazan una por una todas sus partes, ¿sigue siendo el mismo objeto? En el caso de la oreja de Van Gogh, la cuestión aparece ingeniosamente invertida: si el código genético a nivel molecular es el mismo, y la composición celular es la misma y los tejidos y órganos a nivel anatómico son idénticos a los del original: ¿podemos decir que se trata de la oreja de Van Gogh? La instalación del ZKM es la primera de una serie, en la que Strebe producirá varias réplicas del órgano auditivo. Todas serán idénticas en apariencia, pero tendrán en su orígen distintos materiales.

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Rafael Lozano-Hemmer, el animista escéptico

Rafael Lozano Hemmer

Hoy en la Fundación Telefónica hay un ojo gigante que sigue al visitante con educada desconfianza. Parece la recepcionista perfecta para una agencia de modelos futurista, pero es parte de la exposición retrospectiva que se inaugura esta misma tarde con Rafael Lozano-Hemmer, uno de los artistas más respetados del arte digital.

Titulada Abstracción Biométrica, la muestra ha sido comisariada por la interesante Kathleen Forde -responsable también de la muestra Datascapes en Laboral- y repasa 20 años de reflexión sobre el registro de las constantes vitales humanas, un aspecto de la obra de Lozano-Hemmer que ha adquirido especial urgencia en la era postSnowden. Las nueve piezas de la muestra exploran nuestra relación con el mundo de las estructuras mediáticas y el recuerdo que dejamos en ellas.

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