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Periodismo a pesar de todo

Marta Peirano

Marta Peirano es la Jefa de Cultura de eldiario.es. Antes lo fue en ADN.es y últimamente ha publicado tres libros: El Rival de Prometeo, The Cryptoparty Handbook y Turtles & Dragons

Morir de pie en cinco monólogos inolvidables

Lenny Bruce en el Fillmore (el mismo poster que aparece en la tercera temporada de Louie

Es una de las últimas de Lenny Bruce y no es que tenga mucha gracia, porque Bruce en la última época tenía ya un grave problema de adicciones y la policía ya no le dejaba ni subir al escenario. Lo que hacía las pocas veces que salía era contar sus problemas con la ley. En el libro hablo de cómo en los 60 el cómico empieza a hacer algo que hace muy bien Louis CK que es mostrar su "verdadera persona" y no su "persona verdadera" . Y lo que pasa con Lenny Bruce es que deja de ser su "verdadera persona" y empieza a subir su persona verdadera, y esa persona que es él se pone a contar sus problemas en los juicios.

El problema de las personas verdaderas es que no tenemos estructura ni guión y por tanto no tenemos gracia, y esto se ve en las grabaciones más tardías de Bruce, que ya es un hombre en las últimas, derrotado por las drogas, el alcohol y la edad. Pero este es un momento tan histórico que el cartel de este monólogo aparece en un capítulo de Louie (3x11) en el que está tomando clases de piano y una ex-novia le llama para decirle que le ha pasado ladillas.

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Reír por no matar: anatomía del monologuista político

Pedro Toro en el Festival de Comedia de Paramount Comedy.

Para empezar, no hay traducción de stand-up en castellano. "Aquí diríamos monologuismo, aunque el monologuismo en Asturias es también un señor relatando escenas costumbristas -explica Eduardo Galán, experto-. Y el monologuismo es lo que hacía Eugenio, o Gila, pero no es la misma cosa. Contar chistes no tiene una estructura narrativa, un planteamiento, nudo y desenlace que se piensa de arranque como algo completo". Según Galán, la diferencia entre Rubianes y Louis C.K. es política. "En España no existe una primera enmienda y nuestra tradición no es protestante sino católica".

Morir de pie, un libro de Edu Galán sobre la Stand-up

Morir de pie, un libro de Edu Galán sobre la Stand-up

En su recién publicado Morir de pie. Stand-up comedy (y Norteamérica), Galán explica que el hombre público norteamericano -una figura que incluye al predicador, vendedor de crecepelos, político y comediante- solamente es posible en una cultura protestante, basada en el individualismo y la libertad de expresión. El stand-up es la evolución del cómico de variedades de los años 40 (Bob Hope) pero sale del cascarón en la contracultura de los 60, en un contexto de humanismo hippie, de poetas beatniks, cantautores folk y de bares subterráneos (el Gaslight, el Wha), donde se fumaban cigarrillos y se escuchaba jazz. Allí se amontonan los niños de clase media que, por primera vez, van a la universidad en lugar de ir a la guerra. Un contexto que está muy bien retratado en dos películas recientes: A propósito de Llewyn Davis, de los hermanos Coen y la fabulosa adaptación de On the Road, del hipster primigenio Jack Kerouac.

"Allí es donde se materializa la lucha por los derechos civiles y donde se pone a prueba la primera enmienda de EEUU -cuenta el autor, que destaca especialmente al controvertido Lenny Bruce- porque se encuentran en el mismo programa Bob Dylan y Bill Cosby, los poetas, los músicos, los cómicos y los soldados". En nuestra Españaza católica, el principal valor no es el individuo, sino el grupo. "Y, como somos 40 millones de personas, si tu discurso se vuelve radical, tu público se vuelve extraordinariamente pequeño".

Lenny Bruce, arrestado en San Francisco (1963)

Lenny Bruce, arrestado en San Francisco (1963)

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Las siete joyas de Ars Electronica 2014

Bebe aumentado en Transfigurations

Sint-Maartensdal, el mayor complejo residencial de Bélgica, se construyó en los 60 en la localidad de Leuven con la intención de crear una serie de apartamentos idénticos para una comunidad de ambiciones creativas. Lamentablemente, no todos los hijos del idealista arquitecto Renaat Braem salieron iguales a los ojos de Dios: las que están orientadas al norte no recibe ninguna luz natural. Para redistribuir el riego de vitamina D, el astuto Lef Spincemaille ha instalado unos espejos motorizados que reflejan la luz y la introducen en las casas.
 
Naturalmente, hay muchas más casas que espejos. Es por eso que los vecinos tienen que reservar las horas de luz en este simpático formulario online. La pieza tiene algo de experimento en la gestión de un recurso común muy valioso y para ellos muy limitado, sin perder un exquisito valor simbólico.

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Diez libros excepcionales para superar la astenia postvacacional

Marilyn supera la astenia otoñal con un clásico liberador

Stoner era un secreto a voces en los ambientes literarios hasta que fue traducida al francés y dió el pelotazo. John Williams la publicó en 1965 y cayó de imprenta después de vender menos de dos mil copias. Una flamante traducción al francés y una crítica del New York Review of Books que la declara un clásico americano en 2006 la resucitó como inesperado bestseller. La novela relata en clave de existencialismo estóico la miserable vida de William Stoner, un profesor adjunto en una universidad de tercera fila casado con un agujero negro y rodeado de inconsciente pero pura maldad.

Williams murió en 1994 y escribió otras tres novelas, incluyendo una que ganó el National Book Award en 1972. Murió si saber que ya no sería un escritor de escritores pero no fracasó: su escritura elegante y contenida es una lección en una época donde el estilo triunfa sobre la belleza. Y Stoner es un regalo para los que creen en el poder redentor de la literatura y "la epifanía de conocer a través de la palabra algo que no puede ser expresado en palabras".

La opera prima de Nickolas Butler no lleva ciervos en la portada pero sí incluye uno de los grandes santos del género: Lee Sutton, el famoso cantautor de la ficticia ciudad de Little Wing, Winsconsin, está inspirado en Justin Vernon, cantante de Bon Iver. " Sus canciones eran nuestros himnos: eran nuestros megáfonos y nuestros micrófonos y nuestros versos de jukebox -explica el narrador en la primera página. - Lo adorábamos; nuestras mujeres lo adoraban. Nos sabíamos la letra de sus canciones y a veces hasta salíamos en alguna."

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Las cinco caras de Matthew Dear

Matthew Dear is in da house

"Soy 4 o cinco personas distintas en cualquier momento dado", observa el productor. Desde que salió de un rancho de Kingsville, Texas para comerse con patatas la mítica escena de Detroit en los 90, Matthew Dear ha vivido varias vidas, todas heroicamente productivas, incluyendo la fundación del fundamental sello Ghostly International que montó con Sam Valenti IV en 1998. Como muestra, que estas cinco pistas sirvan de introducción. El resto, esta noche en el Mondo a partir de las 00:30h.

Black City es, de momento, su Magnum Opus, un viaje de intensidad variable que marca su mudanza del Detroit minimalista al cinemático Nueva York. Y no sólo es uno de los mejores en lo suyo sino que también es único: a diferencia del resto de los grandes productores actuales, sabe escribir letras y canta formidablemente bien. La romántica Slowdance -no confundir con la más reciente y diabólica Slow Dance de Duke Dumont- es la pista más memorable, gracias en parte al delicado video de Charles Bergquist y lo bien que le sale en directo

Su quinto y último álbum como Mathew Dear ( Beams, 2012) explora su faceta más cínica y vanguardista. Su primera pista, Her Fantasy, es de hecho una fantasía retrofuturista donde una voz de cadencia mecánica se pregunta genuinamente sobre la naturaleza de sus sentimientos amorosos ( Am I the chrome man, am I not of great design? / Do I feel love like all of the others or this feeling only mine?). Como contraste, el videoclip de Tommy O'Haver ofrece una serie de personajes típicamente neoyorquinos a medio camino entre Diane Arbus y la Factory, humanos que se esfuerzan en ser lo más artificiales posible.

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Los falsos pioneros del ajedrez informático

Toda contracultura sufre el mismo destino: ser asimilada, reprogramada y redistribuida en una segunda vida que no sólo será mucho más larga que la original, también será el reverso exacto de todo aquello que representaba. La paradoja es tan inevitable como omnipresente, desde las fábricas de explotación infantil produciendo camisetas con la cara de Che Guevara a los anuncios de Mastercard con Lust for Life de banda sonora, el himno que escribió Iggy Pop contra la cultura de consumo. O el McDonald's que incluye en sus propaganda las palabras local, orgánica y sostenible.

Les pasó a los hippies, a los Ángeles del infierno, al punk, al retrete de Duchamp. Les pasó a la heroína y a las Pussy Riot y, contra todo pronóstico, a la Ruta Destroy. Poco después, y con la aceleración natural que nos trajo la Red, empezó a pasar tan deprisa que la industria insaciable reprogramó las succionadoras y acabó generando algo monstruoso: el informático molón.

Ocurrió todo muy deprisa; del hacker a-la-matrix de los 90 pasamos al nerd cool del nuevo milenio para acabar con American Apparel vendiendo lo que antes llamabamos gafas de tontito, y Michael Cera y Jesse Eisenberg liderando la última reencarnación del brat pack.

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Descubre el triángulo orwelliano de Barcelona

Orwell junto a Stafford Cottman y otros miembros del ILP, verano de 1937 | Fuente: labarcelonadeorwell.wordpress.com

“Me fui a vivir en Barcelona en 1975, cuando tenía 20 años -contaba el autor irlandés Colm Tóibín en una entrevista- Incluso antes de ir, sabía más sobre la guerra civil española que sobre la irlandesa”. La culpa, por supuesto, es de George Orwell. Su Homenaje a Cataluña ha servido de inspiración literaria, biblia política y mapa de rutas de Ciudad Condal para todas las generaciones posteriores desde su publicación en abril de 1938.

En el caso de Tóibín, la influencia ha sido especialmente productiva: todas sus historias “catalanas” son descendientes de Orwell, desde su propio Homenaje a Barcelona -que retrata no la guerra civil sino la vida en una Barcelona traumatizada por el franquismo- a su primera novela, El Sur, donde una pintora irlandesa protestante viaja a la Barcelona de los 50 y acaba viviendo con un anarquista en un pequeño pueblo del Pallars. Es por eso que el irlandés ha sido el encargado de homenajear al británico con motivo del Día Orwell 2014. Una efeméride que se ha inventado el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona porque la oficial, decidida el año pasado por sus herederos, The Orwell Prize y su editorial Penguin, es el 21 de junio, aniversario de su muerte.

Como parte de los festejos, Tóibín dará el martes a las 19.30 una conferencia titulada Barcelona, de George Orwell a la democracia. La fiesta incluye una guía por la Barcelona de Orwell (concretamente, una ruta literaria en catalán, castellano e inglés) aquí. Este artículo, también.

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Bellas y bestias: las seis fabulosas hermanas Mitford

Cinco fabulosas hermanas Mitford

Los Mitford eran personajes de Scott Fitgerald atrapados en la era de George Orwell. A la cabeza, el apuesto, excéntrico e irascible David Bertram Ogilvy Freeman-Mitford, segundo Barón de Redesdale, "un magnífico sibarita, byroniano, aburrido, de una indolencia contagiosa", como lo retrató veladamente Evelyn Waugh en Retorno a Brideshead y su esposa Sydney Bowles, hija del fundador del Vanity Fair británico. Retirados  en vida la comidilla de toda Europa y, para la historia, un ejemplo ilustrativo de la decadencia de la aristocracia británica en el periodo de entreguerras.  Pero las estrellas de la saga fueron y siguen siendo sus seis hijas, declaradas por unanimidad las mujeres más bellas y enloquecidas de Inglaterra.

Irreverentes, iconoclastas y políticamente aberrantes, las "chicas Mitford" eran tan famosas por sus caras bonitas y sus amistades bohemias como por su inteligencia venenosa y su ácido sentido del humor, un talento que desarrollaron durante su estrambótica infancia para destrozarse verbalmente unas a otras. Cuando se hicieron debutantes, extendieron el látido a sus pretendientes, sus amigas y todos los demás, para jolgorio de las crónicas sociales de la época.

Con los años, la fijación se convirtió en un género literario en sí mismo, llamado encantadoramente Mitfordiana. A las incontables biografías, novelas, compilaciones epistolares y ensayos culturales que se han publicado sobre las seis Mitford se unen las memorias de las propias Mitford que, en la menos tres casos, desataron un fanatismo en Inglaterra sólo comparable al de Lord y Lady Byron o el matrimonio de Ted Hugues y Sylvia Plath.  

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Los cinco incunables de la visualización de datos

La Mona Lisa de la Visualización de datos: "Carta figurativa de las sucesivas pérdidas de hombres de la armada francesa en la campaña de Rusia de Napoleón en 1812" de Charles Minard (1869)

En junio de 1812, la Grande Armée de Napoleón cruzó el río Niemen en dirección a Moscú. No era una visita de cortesía. El Ejército más grande y mejor preparado del mundo invadía Rusia mientras las tropas del zar Alejandro I retrocedían dejando un sendero de humo y destrucción, su famosa táctica de tierra quemada. Cuando los franceses llegaron a Moscú, los generales rusos se habían marchado pero no sin antes prenderle fuego. El 19 de octubre, después de seis semanas esperando una capitulación que no llegaba en una ciudad defenestrada donde no quedaba ni comida para los soldados, ni pasto para los caballos ni refugio contra el invierno, Napoleón emprendió la vuelta a casa. Allí se encontraron al comandante Mijaíl Kutúzov, que les esperaba tranquilamente en el río Bérézina.

De los 422.000 hombres que empezaron la campaña, sólo 100.000 llegaron a Moscú. De los que dieron la vuelta, sólo 10.000 llegaron vivos a Francia. La famosa "Carta figurativa de las sucesivas pérdidas de hombres del Ejército francés en la campaña de Rusia de Napoleón en 1812" del venerable ingeniero francés Charles Joseph Minard (tenía ya 80 años) retrata con precisión y sencillez la penosa historia de esta campaña con una línea dorada que se desangra y cinco dolorosas variables: la fecha, su dirección y localización geográfica, el descenso de las temperaturas, la dirección del Ejército y la pérdida de vidas humanas. Los especialistas la Gioconda de la visualización de datos.

Minard marca los descensos de temperatura y las batallas importantes, notas a pie de página que resultan especialmente dolorosas en la lenta fuga del ejército que da la vuelta -ya en negro como la sangre seca- y que se va diezmando dramáticamente, víctima del hambre, las enfermedades, el general invierno y el comandante Kutúzov.

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Cuatro combos inesperados que reventaron el Sónar

Sonar 2014

Alguien lo comparaba con una sauna finlandesa, donde vas de la cabina al lago helado, del lago a la cabina y, en el medio, te fustigas locamente con una rama de abedul. Así era bajar de la sala de fiestas de James Murphy y 2ManyDjs, con sus siete tótems McIntosh colocados en atávico círculo, a la helada instalación de Carsten Nicolai dos plantas más abajo. El inesperado combo funcionaba tan bien que debería convertirse en canon de la programación festivalera, como el Energy Control donde testan las drogas o la caseta de las crepes de nutella con plátano que tantas vidas salvan cada año en la Fira Gran Via L'Hospitalet.

La serenidad monocromática Unidisplay era el contrapunto perfecto al hedonismo setentero de Despacio. Para entrar en lo de Carsten había que atravesar una alfombra negra acordonada y un largo túnel oscuro, un agujero de conejo diseñado para abandonar el sudoroso universo del festival y bañarse en cuarenta metros por seis de reflexión electroacústica.

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