Comer carne mata

Un cerdo en el camión que le conduce al matadero

La principal causa de muerte en el mundo no son las balas ni los accidentes de coche; son las llamadas enfermedades cardiovasculares. Una de cada tres personas que muere en el planeta lo hace como consecuencia de un fallo cardíaco provocado por la acumulación de grasa y colesterol en las paredes de sus arterias coronarias. El 45%, antes de los 70 años. La segunda es el cáncer, una muerte de cada seis.

 

La tercera es la enfermedad pulmonar crónica, una inflamación causada por la exposición prolongada a irritantes que lesionan los pulmones y las vías respiratorias. La cuarta es la diabetes. La quinta es la demencia, sobre todo en forma de Alzheimer. Cuatro de las cinco principales causas de muerte para los humanos en el todo el mundo están vinculadas a su dieta. La quinta, a un derivado de su dieta: la contaminación medioambiental.

 

“La dieta causa más muertes a escala global que cualquier otra cosa, incluido fumar”, dice el último informe del Institute for Health Metrics and Evaluation de la Universidad de Washington, en Seattle (EE UU). Por mala se refiere a los siguientes factores de riesgo: exceso de sodio, carne roja y azúcar, y la consecuente escasez de legumbres, granos integrales, semillas y vegetales, cuya fibra es clave para equilibrar los niveles de colesterol.

 

Más propensos a la diabetes

La Asociación Americana de Diabetes dice que la gente que consume mucha proteína animal es un 22% más propensa a padecer diabetes que la que no lo hace. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que solo 50 gramos de carne procesada al día (salada, curada, fermentada, ahumada o sometida a otros procesos para mejorar su sabor o su conservación) aumenta un 18% la probabilidad de desarrollar cáncer de colon, que la carne roja es probablemente carcinógena y que, cocinada a altas temperaturas o con la comida en contacto directo con la llama o una superficie caliente, como la barbacoa o la sartén, se añaden otros tipos de químicos cancerígenos, como los hidrocarburos aromáticos policíclicos y las aminas aromáticas heterocíclicas.

La OMS registra 600 millones de enfermedades y 420.000 muertes al año por intoxicación alimentaria, la mayoría vinculadas al E. Coli, Salmonella y Campylobacter. Son bacterias que se encuentran en los intestinos y heces de los animales, y contaminan el producto durante el sacrificio o el procesado. Afecta especialmente a las aves. Según la Asociación de Consumidores americana, el 97% del pollo que se vende en los supermercados de EE UU está contaminado con bacterias nocivas.

Bañar al pollo

En EE UU, uno de los grandes exportadores mundiales de carne avícola, se ha popularizado la técnica de bañar al pollo en una solución antimicrobiana de agua clorada para matar bacterias y otros patógenos. El proceso es más barato para la industria que la implementación sistémica de medidas higiénicas durante toda la cría, muerte y procesado de los animales. Por ese motivo, en la Unión Europea está prohibida su venta. Pero, para ofrecer las debidas garantías, habría que confiar en el sistema de certificados sanitarios.

 

En 2017, una investigación de la Policía Federal de Brasil destapó una extensa red de sobornos en al menos 19 empresas brasileñas de procesamiento de carne, incluyendo JBS (el mayor exportador de carne de res del mundo) y BRF (el mayor exportador de carne aviar del mundo). En la rueda de prensa, el jefe de la Policía Mauricio Moscardi explicó que las empresas “usaban ácidos y otros productos químicos, en algunos casos cancerígenos, para disimular las características físicas del producto podrido y su olor”.También modificaban las fechas de caducidad de los productos e hinchaban su peso inyectando agua a la carne, para venderla en Europa, China y Oriente Medio. El entonces ministro de Agricultura, Blairo Maggi, ordenó la suspensión de 33 funcionarios del gobierno acusados de estar involucrados en el escándalo. La actual ministra de Agricultura, Tereza Cristina Dias, ya ha anunciado que el gobierno de Jair Bolsonaro quiere aprobar un proyecto de ley para establecer sistemas de autocontrol para productos agrícolas y procesadores de carne.

Mientras tanto, está pendiente la investigación aprobada por el Tribunal Supremo de Brasil por presunta financiación irregular de la campaña de Bolsonaro con donaciones del grupo cárnico JBS.

 

Crías confinadas y hacinadas

Las granjas de producción intensiva que producen la mayor parte de la carne, leche y huevos que consumimos se caracterizan por la cría de ganado en confinamiento de alta concentración. Estas condiciones requieren el uso sistemático de antibióticos y pesticidas para contener la propagación de las enfermedades derivadas del hacinamiento de los animales.

 

Se estima que más del 70% del uso de antibióticos en el mundo se produce en las granjas. No solo para reducir infecciones, sino como estimulante del crecimiento. Por ese motivo, se han convertido en la principal fuente de superbacterias, cepas resistentes a la mayoría de los antibióticos conocidos.

 

Hace años que la OMS destaca a las superbacterias como una de las mayores amenazas para la especie humana, después del cambio climático. “La capacidad de las bacterias, parásitos, virus y hongos para resistir estos medicamentos, amenaza con enviarnos a un momento en que no pudimos tratar fácilmente infecciones como la neumonía, la tuberculosis, la gonorrea y la salmonelosis”, dice su último informe.

 

El hongo inmune

Algo parecido ocurre con hongos como la Cándida Auris, que mata a los humanos y es inmune a los fármacos gracias al uso indiscriminado de fungicidas en los monocultivos que requiere esta clase de producción. Curiosamente, la infección más grave de Cándida Auris (al menos, conocida) fue en el Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia, donde 372 pacientes fueron colonizados, 85 desarrollaron candidiasis invasiva (entró en su torrente sanguíneo) y en estos casos el índice de mortalidad puede alcanzar el 41% a los 30 días. Se han identificado cuatro cepas completamente distintas que se separaron hace miles de años y que han desarrollado resistencia por su cuenta y a la vez, con el uso de azoles en agricultura. Bayer/Monsanto ha empezado a pagar por casos de cáncer causados por exposición a sus populares herbicidas con glifosato.

En los últimos cinco años, la población mundial se ha duplicado, pero el consumo de carne se ha multiplicado por cinco. En los años 60, se producían 70 millones de toneladas anuales; en 2018 se produjeron 336.4 millones, una cifra que no para de aumentar. La industria agroganadera necesita más recursos que ninguna otra. Ahora mismo ocupa más de la mitad del planeta habitable y se bebe el 70% del agua disponible. También produce el 24% de los gases de efecto invernadero. También es el principal causante de la deforestación. “Está bastante bien establecido que la deforestación es un poderoso vehículo para la transmisión de enfermedades infecciosas”, explicaba la especialista Andy MacDonald, del Instituto de Investigación de la Tierra de la Universidad de California, a la revista National Geographic en noviembre de 2019. “Cuanto más degradamos y despejamos el bosque, más probabilidades tenemos de encontrarnos en situaciones donde se dan epidemias”.

 

Enfermedades por falta de árboles

En las dos últimas décadas, MacDonald ha documentado el efecto cascada de la deforestación en distintas partes del globo, incluyendo la propagación de enfermedades letales como el virus Nipah, cuyo huésped natural había sido hasta ahora el murciélago frutero, o la fiebre de Lassa, o del mosquito Anopheles darlingi –transmisor de la Malaria– que ha hecho su agosto en la destrucción del Amazonas. Otro compañero de la deforestación y el monocultivo es el fuego, como hemos podido comprobar recientemente en Brasil. Es un imperio habitado por especies “productivas”: soja, trigo, arroz y maíz.

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que, en el proceso de industrialización que caracterizó el siglo XX, se perdió el 75% de la diversidad de los cultivos. Como el baño de cloro, proteger los monocultivos con antifúngicos y herbicidas cancerígenos es un proceso más conveniente y barato que trabajar en el desarrollo de un proyecto de alimentación sostenible para el planeta y su población. En términos racionales, la carne es la fuente de alimentación menos productiva que conocemos. Necesita muchos más recursos de los que proporciona. Un dato a tener en cuenta si queremos alimentar a 10.000 millones de personas en 2050, en un planeta caracterizado por una meteorología extrema y hostil. 

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Publicado el
1 de agosto de 2020 - 20:57 h

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