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Rafael Pérez Llano

Santander, 1959. Escritor y empleado público.

WannaCry Blues

Parece que todo cambió cuando William Gibson describió el firmamento de un día muy concreto en el Ensanche. "El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto". Y además explicó esa cosa del ciberespacio: "Una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores, en todas las naciones, por niños a quienes se enseña altos conceptos matemáticos... Una representación gráfica de la información abstraída de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad inimaginable. Líneas de luz clasificadas en el no-espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja...".

Dentro de cien años, todos neuromantes o rastafaris.

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Derivas imperiales

Me van a perdonar que empiece hablando de un sitio tan lejano, pero es que acabo de saber, por un breve capítulo del libro de José María de Mena "Los reinos olvidados de España", de la existencia de Os Guedes o Los Güedes, Coroa, Pescadores y Ocea, cuatro archipiélagos micronesios que fueron portugueses y luego pasaron a manos españolas. En el tratado que entregó a los Estados Unidos las Filipinas y otras islas, los burócratas se olvidaron de ellos y, según algunos, siguen siendo "nuestros". La afirmación de la soberanía actual es jurídicamente muy dudosa (vean los foros más o menos reivindicativos en internet), pero toda anacronía es más ficción que opinión, así que me la quedo como un esbozo de metáfora. Perder una colonia por olvido burocrático, por pura pereza o por no pintar nada en eso que llaman el concierto internacional (por todo a la vez en realidad) pese a nombrarse imperio hasta el último palmo saqueado, dice mucho de la vocación de dominar el universo mundo para conformarlo a imagen y semejanza del destino patrio. Perdido el interés, los valores absolutos se disuelven con el primer oleaje o la primera resaca. Aunque, dada la perseverancia habitual de los colonialismos, tal vez debamos pensar que el español (especialmente el del imperio en decadencia y presión interna creciente) era más obstinado hacia adentro que hacia afuera, incluso con difíciles elecciones que apuntan a lo arbitrario del presente. Un día, por ejemplo, hubo que optar entre Portugal y Cataluña, y pudo más la atracción mediterránea. A propósito de Portugal, cuando Napoleón lo invadió, su rey se estableció en Brasil, igualando esa alucinante extensión de los mapas al pequeño país. En la misma circunstancia, nuestra monarquía podía entonces haber emigrado incluso al océano Pacífico, pero prefirió entregarse al invasor hasta que el pueblo demostró que prefería las cadenas. Me parece que se mantiene firme el hábito de creer que el nuestro fue un imperio amable o al menos que empezó a serlo cuando perdió las grandes colonias. Es una muestra más de un adoctrinamiento que la democracia de la Transición no ha derrumbado: para eso no sirve, que diría Melquíades arrastrando la armadura de un conquistador. No sé cómo actuaban en los atolones, pero en Guinea Ecuatorial (provincias de Rio Muni y Fernando Poo), organizaron desplazamientos masivos de la población continental a las islas del cacao y operaciones "de castigo" contra las tribus poco colaboradoras, y se permitieron los abusos de gobernadores sátrapas aplaudidos por la minoría blanca, la corrupción administrativa y todos los etcéteras de los manuales de las ocupaciones. Sin embargo, por ahí aparecen todavía semblanzas que pintan el gobierno español como un período si acaso un tanto rancio y beato, pero grato y, por supuesto, civilizador. Recomiendo como contrapartida la lectura del libro de Gustau Nerín "Un guardia civil en la selva" y dejar de remitirse sólo a las memorias de plantadores y a las revistas claretianas. Y también revisar a toda prisa el concepto de civilización (no es más que una cultura con ciudades) para evitar ese valor exclusivamente positivo que se le suele atribuir. Pero hay un olvido aún más grave, interesado, manipulado y brutal que sigue muy activo. Es decir, un falso olvido, una omisión deliberada en los despachos de la geopolítica: el del Sahara Occidental, que entregamos al amigo/enemigo marroquí  en lugar de darle la independencia a la que tiene derecho. Al lado de la historia de las colonias y sus derivas de intereses neocoloniales, que siguen produciendo y perpetuando atentados contra los derechos humanos, las islas abandonadas son una anécdota, pero el mal chiste se actualiza, como todo, y en ese marasmo que es la www hay  quienes proponen reclamarlas para convertirlas en paraísos fiscales. No sé si unas islas cercanas a territorios papúes tendrán ese atractivo (aunque para eso no hace falta enviar expediciones, sino registrar un dominio de internet; como mucho, poner una bandera mediante un dron; lo demás son algoritmos financieros) ni si los indonesios establecidos en ellas estarán de acuerdo, pero quizá, en alguna oficina bien conectada, alguien que no desaprovecha nada está pensando que no es mala idea. Porque un paraíso fiscal perdido en los mapas es el correlato de muchas situaciones de dominio, coloniales o no.

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Surreales viajeros

En el libro que dedicó a sus memorias españolas ('Para matar el recuerdo', se titula, nada menos), Jean-Claude Carrière debate consigo mismo una afirmación de José Bergamín, que sostenía que cada pueblo es responsable de los tópicos que lo identifican.

El francés no lo tiene claro, pero se inclina por reconocer que las representaciones caricaturescas del carácter de una población, aunque sean construidas por extranjeros y contengan malevolencia, morbo o burla, son muchas veces aceptadas por los afectados porque, incluso a su pesar, ven en ellas la utilidad de una máscara protectora, un  refugio sintético contra los temores de los pueblos a sí mismos o contra la tentación de encararse a sí mismos -matícenlo ustedes a su aire, que la frase se hace larga-.

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Currículos

Debe de ser coincidencia que en poco tiempo hayamos descubierto que dos representantes políticas publicaron falsedades en sus currículos. Una de ellas, directora de un “observatorio”, cargo de designación, ha dimitido. La otra, alcaldesa, cargo electo aunque en sustitución del que fue cabeza de lista, se niega a hacerlo pese a los requerimientos de la oposición. Son de partidos diferentes, pero aliados en lo fundamental, o sea, igualmente fundamentalistas en la sustitución de la política por las apariencias, y creo que, si se hubieran cambiado los papeles, las actitudes hubieran sido las mismas, determinadas por la importancia de los puestos que ocupan y la dimensión de la debilidad mostrada. Además, parece ser que ambos repentinos descubrimientos de informaciones falsas que, como aquella carta robada del relato de Poe, estaban a la vista de todos (¿cuánto tiempo llevaban expuestos los currículos sin que nadie decidiera hacer caso de ellos?), proceden de maniobras internas de esas entidades donde otros conceptos relacionados con la verdad (el respeto a la discrepancia, el juego limpio...) son consideraciones extremadamente relativizadas. Para los que somos el vulgo, por mucho que opinemos y hagamos literatura con esas cosas, un “observatorio” es algo difícil de identificar salvo quizá cuando asoma a los medios haciendo propaganda, mientras que una alcaldía nos parece que se ocupa de la gestión de una ciudad. Es probable que en ambos casos estemos equivocados, pero es lo que hay: el electorado no damos más de nosotros mismos y "ellos" prefieren dárnoslo todo elaborado y de fácil digestión.

La verdad tiene un alto valor escatológico en todos los sentidos de la palabra, es decir, lo mismo cuando se refiere a la trascendencia que cuando subvierte el marasmo de las cloacas. Hay que admitir que la etimología y los diccionarios, en estos asuntos, se muestran despiadados. Pero, a estas alturas, después de que los filósofos levantaran un muro de lenguaje alrededor de la lógica para luego derruirlo con la práctica, entre los conceptos opuestos media una proximidad inquietante. Entre la verdad y la mentira están las máscaras, muchas veces indefinibles, pero sólidamente asentadas como un puente que las une: incluso cuando se hacen descaradas, su invitación al juego, a la evasión, nos hace estimarlas más que a la cruda realidad. La máscara, por estrambótica que sea, soluciona la contradicción del mismo modo que las consignas del doblepensar (palabra viajera desde la dictadura de aquel desarticulado 1984 hasta la democracia formal) hacen soportable la coexistencia imposible de la guerra y la paz, equilibrio que sirve para mantener la pobreza y la riqueza en un limbo de igualdad que autoriza al portavoz de turno a decir que todo va bien, valga la parte bien cebada por el todo.

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Hologramas girando como AVES

El modelo kennedyano de político puede poner a cualquiera mirando para donde haga falta sin perder la apostura ni la cara de ingeniero bueno. Para recibir las culpas y el folclore ya están esos personajes de Matt Groennig que dicen burradas y se llevan el humor grueso de los votos populares.

En el tiempo en que el objetivo cinematográfico era digno de tal nombre porque se entendía que todo lo demás estaba en la mente y sus relaciones, lo importante era saber que la verdad, aunque no opuesta, era diferente de lo visible. Lev Kuleshov ya demostró que el mismo rostro con la misma expresión denotaba sentimientos encontrados o complementarios. A cada cual según sus necesidades. Entonces todas las formas de lenguaje exigían una sintaxis. Ahora da igual: el orden de las cosas en el carrusel televisivo vale para todo y su contrario.

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Jubileo

Creo que fue poco después de que los hérulos arrasaran estas costas cuando un rey mandó desde su trono remoto amurallar el puerto y constituir un monasterio al que dio el señorío de la villa, sus tierras y sus costas. Por suerte, había a la entrada del puerto una roca horadada donde encajó perfectamente la nave que trajo las cabezas de los mártires.

Al abadengo, además de los arriendos de sus huertos y los portazgos y pontazgos, pertenecían los diezmos de la pesca, los escabeches, las salazones y el vino. Y también las lenguas y corazones de las ballenas varadas. Las cocinas de Su Reverendísima Señoría estaban, pues, regularmente surtidas.

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Chelsea

El otro día, el expresidente Obama, como gracia de su final de mandato, decidió poner en libertad a Chelsea Manning, que, cuando se llamaba Bradley Manning y tenía apariencia masculina, fue condenada a 35 años de cárcel por entregar al dominio público pruebas de abusos de detenidos, falsedades en los datos oficiales sobre el número de bajas y ataques a la población desarmada y a periodistas en las guerras de Irak y Afganistán.

Se supone que Chelsea saldrá en mayo. Para entonces habrá cumplido siete años de cárcel. Las condiciones de su encierro han sido muy duras y ha intentado suicidarse dos veces. Un resumen de lo que hizo y de lo que representa puede leerse en este artículo.

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El clima y la providencia

Me dice un empleado de una agencia inmobiliaria que promotores y vendedores contemplan un futuro óptimo para sus intereses en la cornisa cantábrica gracias al cambio climático. El descenso de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas puede convertir estas costas en un nuevo Mediterráneo. (No me queda claro en qué infierno puede convertirse el Mediterráneo). Lo ha dicho, durante un congreso, uno de esos instructores de la mercadotecnia. Me gusta más 'instructor' que 'coach', no sólo para evitar el anglicismo, sino porque 'instructor' me recuerda al ejército y a los expertos en enseñar a los soldados a no sentirse culpables y sublimarlo todo en el ascenso. En este caso, el papel banal frente a intereses superiores le ha tocado al clima.

Hace años que en esos encuentros organizados por las empresas para ofrecer a los nuevos guerreros un soporte lírico y doctrinal circula una frase de Goethe que Goethe nunca escribió. Creo que es una especie de réplica a aquella de Brecht que en realidad era de un sermón de un pastor protestante llamado Martin Niemöller.

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Inocentes

Uno de los mitos fundacionales del cristianismo tuvo lugar en el año 1 en Belén de Judea. Es muy poco probable que se trate de un hecho histórico, pero la historia teológica (que transcurre en un universo paralelo) dice que el rey Herodes, alarmado por la noticia de que un niño recién nacido sería entronizado, mandó matar a todos los menores de dos años.

1209 años después, durante la cruzada contra la herejía albigense, tras la caída de Bèziers, el enviado papal Arnaud Amalric ordenó acabar con toda la población. Cuando le recordaron que entre los sitiados podía haber buenos católicos, la respuesta fue: "Matadlos a todos. El Señor reconocerá a los suyos".

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Gorros rojos

Es requisito indispensable dominar el biciclo autoequilibrado. Conviene además no tener el cuero cabelludo muy sensible, porque los gorros son asiáticos y de tinturas dudosas. Se graban las presentaciones individuales de los candidatos y se almacena todo para atesorar presencias tan sumisas como esforzadas. La imagen es muy importante para el cultivo de lo idéntico. Es imprescindible el consentimiento escrito de los aspirantes para el uso global de la imagen y la palabra. No vaya a ser que por animar el consumo nos metamos en un lío.

El cursillo obligatorio de formación dura media hora y su contenido, letánico, recuerda vagamente a los "koans", esas preguntas zen que tienden a reemplazar la razón con la ensoñación y que sobre todo prescriben la infalibilidad de los maestros como única forma de conocer la verdad. Todo sigue pautas recursivas: ¿Se puede ser feliz sin empleo? ¿Se puede tener empleo y no ser feliz? ¿Existe tu trabajo cuando estás en el paro o en el ERE o en el ERTE o en cualquier otro estado del cuerpo laboral? Tu trabajo va contigo, es tu vida, la felicidad es tu vida, el empleo es la felicidad. No hay en ello ningún misterio. Sólo necesitas tu necesidad.

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