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Xavier Abu Eid

Xavier Abu Eid es politólogo y magister en diplomacia. Ha sido asesor del equipo negociador palestino desde 2008, año en que se incorporó al Departamento de Asuntos de las Negociaciones de la OLP. Ha trabajado en todos los procesos de negociación con Israel desde Annapolis (2008), así como también ha formado parte de las iniciativas diplomáticas para el reconocimiento del Estado de Palestina y su admisión en la ONU.

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La negación y perpetuación de la Nakba

La Nakba, catástrofe, no es solo una fecha en la historia, sino que un proceso que aún no acaba. Conmemorada cada 15 de Mayo desde 1948, la Nakba se refiere a la desposesión del pueblo palestino de su tierra. Fue la consecuencia del colonialismo británico que hasta hoy siquiera pide disculpas por sus resultados. Fue la expulsión del 70% de los palestinos, ejemplificada en la limpieza étnica de al menos 436 aldeas. Pero por sobre todo, fue la interrupción total de un pueblo, que como otros de la región, aspiraba a su independencia, encontrándose en cambio con el exilio.

La Nakba como momento histórico se refiere a lo que los israelíes llaman “Guerra de Independencia”. Es cuando Israel nace, y con el apoyo tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética, ocupa el 78% de la Palestina histórica. Marcado por el 15 de Mayo, día de la declaración de nacimiento de Israel, el desplazamiento forzado de población no comenzó ese día sino meses antes.

Aunque parte de la mitología sionista establezca que los refugiados salieron de sus hogares llamados por los ejércitos árabes que combatirían al naciente Israel, lo cierto es que antes de cualquier guerra, bandas sionistas con la permisividad de las tropas británicas ya habían ocupado decenas de aldeas y ciudades palestinas. Desde Deir Yassin hasta Safad, Tiberiades, Beisan, Haifa y Jaffa, habían sido tomadas antes de aquel 15 de Mayo de 1948, con la inmensa mayoría de su población siendo forzosamente desplazada.

La Nakba contradice a quienes creen que el de Palestina es un “conflicto milenario” y también a los que postulaban que era una “tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra". Cuando Max Nordau, fiel colaborador del padre del sionismo europeo Teodoro Herzl, envió una delegación de rabinos austriacos a Palestina hace más de un siglo, estos reportaron de vuelta una frase histórica: “la novia es bonita, pero está casada con otro hombre.”

Palestina, en virtud de la evidencia histórica,  no era precisamente un “desierto” esperando al “buen colonizador” para explotarlo, sino que era un país que producía no solo para satisfacer los recursos locales sino también para exportar, siendo uno de los principales exportadores de cítricos hasta ese entonces. 27 mil kilómetros cuadrados entre el Mar Mediterráneo, el Mar Rojo, Mar de Galilea, el Rio Jordán, el Mar Muerto y una serie de acueductos subterráneos que hacían de la agricultura una de las principales fuentes de subsistencia. Hacia 1948, los sionistas controlaban menos de un 6,5% de las tierras de Palestina.

Las crónicas sobre lo ocurrido durante la Nakba de 1948 son de un dramatismo que permiten entender cuál era el objetivo de los militantes sionistas. Eso de ello lo supo el vice-cónsul español Manuel Allende-Salazar, asesinado por terroristas sionistas junto con 26 palestinos mientras celebraban la navidad ortodoxa en el barrio de Qatamon en Enero de 1948. Ese hecho fue clave para el desalojo de gran parte de lo que se conoce como “Jerusalén Occidental". Escenas similares se vieron en ciudades como Jaffa y Haifa. Al cerrarse el Mandato Británico de Palestina el 14 de Mayo de 1948, este había cumplido parcialmente el objetivo de Balfour, Churchill y Lloyd George de convertir a Palestina en un “hogar nacional judío.”

Aunque la frase “los padres morirán y los hijos olvidaran” fuese articulada por Ben Gurion, quizás el mayor estadista en la historia del sionismo, lo cierto es que fue otro fracaso más en el intento por borrar los derechos del pueblo palestino. Hoy, a 68 años, Israel ocupa toda Palestina y se niega a reconocer lo que sus mismos historiadores han documentado: Una política sistemática de expulsión de población para su “reemplazo” con gente venida de otras partes del mundo.

Cuando el 11 de Mayo de 1949 Israel se convirtió en miembro de la ONU, su resolución de admisión (R.273) señalaba “notando la declaración del Estado de Israel que sin reservas acepta las obligaciones de la Carta de Naciones Unidas y se compromete a respetarla desde el día que se transforme en miembro de la ONU (…) tomando nota de las declaraciones del representante de Israel (…) de la implementación de esas resoluciones (181 y 194)". Ambas resoluciones hablaban de dos estados y del derecho a retorno de los refugiados palestinos. A pesar de sus compromisos frente a la ONU, 68 años de impunidad se han consolidado. 

La negación de la Nakba no la hace menos real. El régimen de Tel Aviv hoy se niega a asumir su responsabilidad histórica, de la misma forma que se niega a terminar con su beligerante ocupación del territorio internacionalmente reconocido como palestino. Israel se niega a lograr una solución real de dos estados soberanos (de allí su negativa a la iniciativa de paz francesa) de la misma forma que se niega a la existencia de un estado secular y democrático sobre toda la Palestina histórica con igualdad de derechos para todos. Su opción real, el Apartheid de un estado con dos sistemas distintos para judíos - Israelíes y otro para palestinos, no solo demuestra miopía política, sino que ratifica el hecho de que la Nakba como fenómeno se ha perpetuado en el tiempo.

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¿Año Nuevo en Palestina?

En el informe se aprecia el trabajo de representantes de ciertos países para que se suavice el lenguaje sobre los documentados crímenes israelíes. Algunos diplomáticos europeos, probablemente encantados por el brillo de las olas en Tel Aviv, intentan rebajar la crítica en pro de las “relaciones constructivas” con Israel. Aun así, el informe era categórico y recomendaba una serie de medidas tales como restringir el ingreso de colonos a la Unión Europea y desincentivar los negocios con las colonias israelíes, incluyendo Jerusalén Este. Lo cierto es que pocas acciones se llevaron a cabo, de manera que el anuncio del “etiquetado” de los productos provenientes de las colonias como tales por parte de Bruselas ha representado un mínimo paso.

Durante el 2015 el Gobierno palestino también advirtió sobre el peligro real de un estallido. El Gobierno israelí se había encargado de cerrar todo horizonte político a la población palestina (“Si soy elegido, no habrá Estado palestino bajo mi mandato”, fue una de las principales promesas de campaña que le valió salir reelegido a Benjamín Netanyahu). Ante eso, pocos intentaron adoptar acción alguna. Francia insistió en el papel de Europa ante esta situación e intentó jugar sus cartas para conseguir una resolución en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero se encontró con una respuesta clara de sus principales socios europeos: hay que esperar a Estados Unidos.

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A 20 años del asesinato de Rabin

Se cumplen 20 años del asesinato del primer ministro Israelí Yitzhak Rabin, impulsor del proceso de paz con Palestina. Un terrorista israelí contrario al fin de la ocupación, Yigal Amir, logró llegar a unos pasos de distancia armado con una “beretta”, consumando el mayor asesinato de un líder político en la historia de Israel. A dos décadas de su muerte, muchos aun consideran que con la muerte de Rabin comenzó a morir el "proceso de paz".

Antes de escribir esta columna llame a un buen amigo israelí, experto en asuntos palestinos, que ejerce como corresponsal de uno de los medios israelíes más importantes. Evidentemente hay muchas cosas que nos diferencian, pero hay otras que nos acercan. Él es un ferviente defensor de la necesidad de un estado palestino, por lo que aspira a ilusionarse con cada destello de esperanza. Yo muchas veces, manejando más información que él, lo he llamado un iluso. Sin embargo una importante diferencia entre nosotros es que él fue testigo del Acuerdo de Oslo firmado el 13 de Septiembre de 1993 entre Yitzhak Rabin y Yasser Arafat. 

Mi amigo, por ende, pudo ver como el mismo general que dio las ordenes de romper los huesos de los palestinos que lanzasen piedras a las fuerzas de ocupación durante la Primera Intifada (1987 – 1993), asumió la decisión de reconocer de que Israel no podría sobrevivir manteniendo mientras negase los derechos del pueblo palestino. El acuerdo de Oslo especificaba algo que luego del asesinato de Rabin en Israel quisieron olvidar: el objetivo de respetar las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad, es decir la retirada israelí de la ocupación que comenzó en 1967. El plazo para su cumplimiento eran cinco años. Ya vamos en 22. 

Rabin pudo derrotar electoralmente al campo de israelíes que quiso usar las negociaciones para la construcción de colonias. El terrorista internacional Yitzhak Shamir, cuyo grupo Stern intentó formar una alianza con los nazis en 1941 ( http://www.theguardian.com/commentisfree/2015/oct/21/netanyahu-faitytale-hitler-mufti-holocaust ), fue el primer ministro israelí durante la conferencia de Madrid (1991). Al retornar a Tel Aviv, Shamir dio una de sus frases célebres: "vamos a negociar por décadas, no entregaremos territorio, seguiremos construyendo colonias hasta que no haya nada que negociar". Su portavoz era el joven Benjamín Netanyahu.

Pero esa victoria electoral de Rabin fue dividida. No todos en su bloque estaban convencidos de la conveniencia de un estado palestino (en palabras de Shlomo Ben Ami, Rabin estaba convencido, Shimon Peres no) y el otro Israel, ese de Shamir y Netanyahu, estaban dispuestos a hacer todo lo posible por evitarlo. Ello llevó a una campaña de incitación al odio sin precedentes en la historia de Israel, donde a Rabin se le llamó desde traidor a nazi. Una de las cabezas de esa campaña fue el actual primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, a quien la viuda de Rabin, Leah, describió como una “pesadilla.” Una vez consumado el asesinato Leah no permitió que Netanyahu le de las condolencias, lo que si permitió de Yasser Arafat, quien se trasladó de Gaza a Tel Aviv el 10 de Noviembre. 

Yasser Arafat preguntó tres veces si es que era cierto que Rabin había muerto para luego llorar. El proyecto político que unía a ambos, el fin de la ocupación israelí y la consolidación de dos-estados, se empezaba a derribar. Rabin, gozaba de dos características que ningún otro líder en Israel ha conjugado desde su asesinato: La legitimidad de un férreo militar que combatió a los palestinos por décadas, y la visión política de quien entendió que ese no era el camino. Netanyahu parece tener mucha legitimidad, pero nada de visión política.

Mi amigo periodista israelí me decía que el gran éxito de la Primera Intifada fue forzar a Israel a entrar en un proceso político para el fin de la ocupación. Hoy las cosas han cambiado mucho desde la esperanzadora Conferencia de Madrid. La pistola de Yigal Amir, no solo terminó con la vida de Rabin sino que dio vida política a los seguidores de Shamir. Hoy, el número de colonos en territorio ocupado se ha triplicado y muchos dudan de que la solución de dos-estados pueda ser aplicable. "La única forma de mover a Netanyahu es que sienta contra la esquina", me decía mi amigo. Mucha razón, pero ¿Cuáles son las reales posibilidades de que Netanyahu abandone su miopía política? Saeb Erekat decía al Canal 2 israelí "cuando nos sentábamos con Rabin, escuchábamos a un hombre que pensaba en el futuro de Israel en 300 años; escuchando a Netanyahu uno ve un hombre interesado en que dirá el noticiario de las 9 de la noche".

Hay quienes cuestionan la real voluntad de Rabin de terminar con la ocupación. Sin embargo, es un hecho que Rabin siempre respetó sus compromisos, y entre Septiembre de 1993 y Noviembre de 1995 muchos cambios pudieron verse, incluyendo el retorno desde el exilio de 250.000 palestinos. Si hoy habría un estado palestino soberano es una incógnita. Lo concreto es que muchos ven el asesinato de Rabin como el efectivo fin del proceso de paz. El documental israelí 'The Gatekeepers', muestra a una serie de ex jefes de la inteligencia israelí denunciando a quienes hoy están en el poder como quienes destruyeron las posibilidades de paz. Netanyahu fue elegido por primera vez en 1996 bajo el lema de destruir el Acuerdo de Oslo. No lo hizo mal: de ese acuerdo, hoy poco y nada queda.

El 2013, el asesino de Rabin, Yigal Amir, pidió a su hermano (y cómplice en el asesinato) Hagai, que vote en representación de el en las elecciones israelíes. Su voto fue para Neftali Bennett , actual ministro de educación israelí y una de las figuras más fuertes del gobierno de Netanyahu. En Israel, con un gobierno empeñado en consolidar un régimen de Apartheid, una izquierda reducida a su mínima expresión, un Partido Laborista comprometido con cualquier cosa menos el fin de la ocupación, y un centro populista con pocas diferencias frente al proyecto del Likud, no me quedan dudas de que el asesino de Rabin, encarcelado y todo, debe mirar a la situación actual con bastante satisfacción. 

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El contexto es importante

Fue lastimoso, pero no sorprendente, leer un artículo en uno de los periódicos tradicionales españoles, sobre jóvenes palestinas en una manifestación, siendo una nota llena de banalidades y prácticamente nada de contexto. Lamentablemente, no es una excepción en cuanto a la descripción de lo que sucede en Palestina. Por ello es que me gustaría dar cierto contexto para entender lo que ha pasado en los últimos días:

1. Israel ocupa a Palestina, no al revés

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Los problemas son la ocupación y la equidistancia

La periodista Israelí Amira Hass lo describía con la simpleza de quien no tiene compromisos con nadie: los palestinos luchan por su existencia, Israel por mantener la ocupación. Luego del reconocimiento palestino de Israel sobre las fronteras de 1967 (hecho ocurrido hace 28 años, muchas veces olvidado, y que representa reconocer a Israel sobre el 78% de la Palestina histórica), Israel no puede argumentar que su lucha sea por nada más que proteger su ocupación y colonización de Palestina.

Independiente de la negación sistemática de los derechos del pueblo palestino por cerca de medio siglo, incluyendo millones viviendo en el exilio y otros millones bajo ocupación militar, hoy Israel argumenta que el problema no es ese sino que la "incitación" de los líderes palestinos. Diplomáticos israelíes en todo el mundo han sido instruidos en definir la actual ola de manifestaciones como "violencia basada en dos mentira". Una las ejecuciones de palestinos y otra que Israel quisiese cambiar el estatus quo de la Mezquita de Al Aqsa.

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Lo llamen intifada o no, Europa deja a Palestina sin opciones

El último informe de los jefes de "Misión de la Unión Europea" en Jerusalén fue muy claro: filtrado a la prensa en marzo de este año, el informe señalaba de que estaban todos los ingredientes listos para una situación de violencia y presentaba una serie de recomendaciones para evitar que ello ocurriese. En Bruselas, como todos los años, las recomendaciones del informe fueron archivadas, prefiriendo dar luz verde a Netanyahu.

Hay quienes habrán dicho que cualquier acto podría “poner trabas al retorno a la mesa de negociación”, haciendo de las mismas un fin en sí mismo más que un vehículo para terminar la ocupación israelí de Palestina. La actitud de la Unión Europea frente al informe de sus jefes de misión en Palestina es una de las razones principales por las cuales se ha creado una situación que algunos llaman “la tercera Intifada.”

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Algo más que izar una bandera

Tanto el discurso del Presidente Abbas como izar la bandera de Palestina en la ONU marcan el comienzo de una nueva etapa para Palestina. A pesar de la férrea oposición israelí, la bandera de Palestina hoy flamea junto al resto de las naciones, en lo que indudablemente más que un capricho es el ejercicio de un derecho. Por su parte, es la primera vez en que el presidente Abbas, de forma clara, señala frente a la comunidad internacional que las decisiones tomadas por el Consejo Central de la OLP el pasado Marzo, de re-definir la relación con Israel, han de implementarse.

Lo dicho por el presidente Abbas es irrebatible. El contenido del discurso, donde demuestra que Israel ha hecho todo lo posible por destruir la posibilidad que la solución de dos-estados pueda implementarse, podría haber salido de cualquier informe de la ONU, de la Unión Europea e incluso del Departamento de Estado norteamericano. La pregunta formulada en más de una ocasión por el presidente palestino a la comunidad internacional fue "¿es algo lógico?", en relación a que toda la comunidad de naciones no haya podido terminar con la ocupación israelí de Palestina.

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La Guerra Santa de Netanyahu

Los últimos ataques israelíes contra la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén ocupada no deben sacarse del contexto de Israel intentando cambiar la identidad de la ocupada capital palestina, y del marco aun mayor de su estrategia de colonización. Hoy, las tropas israelíes obedecen órdenes de un gobierno altamente ideologizado y que ha hecho todo lo posible por transformar la Cuestión de Palestina en una guerra religiosa. Netanyahu lleva a cabo su propia guerra santa bajo el alero de Israel como "estado judío" y de Jerusalén como la "capital eterna e indivisible del pueblo judío".

Son pocos los que identifican la notoria retórica del discurso del gobierno israelí. En ese afán, los ataques contra el pueblo palestino pueden ser justificados como un mandato divino para defender a la nación judía. Es interesante, como dijese el historiador israelí Illan Pappe, que incluso habiendo un alto número de políticos israelíes que no practican la religión judía, la inmensa mayoría de ellos creen que dios les prometió Palestina. En ese contexto, con dios convertido en un corredor de bienes raíces, la posibilidad de un conflicto religioso aumenta.

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Una bandera: más que un símbolo, un reconocimiento

Más que la aplastante votación en la ONU del pasado jueves para levantar la bandera de Palestina en la organización, el momento de las explicaciones de voto fue probablemente el más interesante. 10 países de la Unión Europea votaron a favor. En sus explicaciones fueron desde España, que corrió a señalar que ese voto no significa que Madrid reconozca a Palestina, hasta Francia y Polonia, con París señalando que levantar la bandera de Palestina es un símbolo de esperanza, y Varsovia explicando que para ellos la bandera polaca significó un símbolo de existencia "cuando Polonia no existía". En otras palabras, una resolución llena de simbolismo.

Los 18 europeos que se abstuvieron siguieron todos las mismas explicaciones: desde Gran Bretaña hasta Alemania y Holanda explicaron que el voto tenía que ver solo con un tema de "procedimiento", ya que por 70 años solo las banderas de los países miembros plenos se habían elevado en la ONU. A ellos les respondió indirectamente el representante de Islandia: "Si, cambia una tradición, pero no hace ningún daño". A ello, agregaría que Islandia espera que pronto Palestina sea un miembro de pleno derecho en la organización.

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Mahmoud Abbas y el futuro de Palestina

Una sesión ordinaria del Consejo Nacional Palestino, el parlamento que representa a todos los palestinos, ha sido llamada para este 15 de Septiembre. Se ha señalado que el Presidente Mahmoud Abbas ha mostrado su intención de no continuar al frente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y que la decisión más importante de esta reunión sería elegir un nuevo Comité Ejecutivo para la organización, que a su vez es el gobierno interino del Estado de Palestina. Algunos mensajes han llegado desde varias capitales a Ramallah pidiendo al presidente Abbas que continúe.

Mahmoud Abbas nació en Safad, Galilea, y a los 13 años fue expulsado de su hogar por terroristas sionistas, debiendo caminar junto a su familia hasta Siria, donde se convirtieron en refugiados. Siendo uno de los miembros fundadores de Al Fatah, no existe ningún registro en que Abbas haya apoyado la lucha armada. De hecho su nombre no aparece en las legendarias gestas de los combatientes de la OLP de Al Karamah en Jordania o en el cerco de Beirut del Líbano. Su nombre sobresale cuando se trata de buscar una solución pacífica, iniciando los primeros contactos con sectores israelíes opuestos a la ocupación. Mahmoud Abbas fue reconocido como uno de los arquitectos del llamado "Proceso de Paz", convertido en el segundo de Al Fatah luego de Yasser Arafat en 1993, durante la firma del Acuerdo de Oslo.

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