¿Legalizar “la calle”?

La prostitución permitiría al Estado recaudar 6.000 millones de euros

Cleia Montesdeoca

Las Palmas de Gran Canria —

Albert Rivera, líder de Ciudadanos, anunciaba que incluirá en su programa de las elecciones generales la legalización de la prostitución. Esgrimió argumentos económicos, aunque los disfrazaba con aparente empatía, haciendo mención a la “doble moral” cuando se refería a la invisibilización social que sufren estas mujeres. Aseguró que “hay cálculos que dicen que la tercera actividad económica de Europa podría ser ésta” y sostiene que “regular la prostitución permitiría al Estado recaudar 6.000 millones de euros”. Las reacciones no se hicieron esperar y desde los distintos partidos políticos se iban posicionando. Pero, ¿por qué nadie se acuerda de las protagonistas? Las voces de los colectivos que apoyan los derechos a las trabajadoras del sexo volvieron a sonar, pidiendo un reconocimiento de derechos laborales y sociales. Cristina Garaizábal, portavoz del Colectivo Hetaira, sostenía hace algunos días en una entrevista que hacía para 3W Radio, que no están de acuerdo con la propuesta de Ciudadanos porque “se puede legalizar desde varios puntos de vista”, y en este caso, el partido de Rivera lo hace “desde el punto de vista de los empresarios, en donde se legalizan los locales pero no se reconoce la relación laboral”. Aboga por la reclama de estos derechos puesto que según ella, “ayudaría a aminorar el estigma, a normalizar el trabajo sexual y a luchar contra las discriminaciones a este sector”. Ciudadanos propondría dar de alta como autónomas a quienes decidan ejercer la prostitución de manera voluntaria, pero relegándolas a llevarla a cabo en locales ya que se prohibiría su ejercicio en espacios públicos. Es otra de las cosas en las que Garaizábal se pronuncia en contra, porque considera que ejercer en el espacio público les da mayor “libertad y autonomía” teniendo en cuenta que la propuesta de C’s se antoja a favor de una perspectiva empresarial y no de una perspectiva de derechos sociales y laborales.

Rocío Nieto, coordinadora de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (AMPRAMP), ha declarado a Efe que la legalización “sería un sello de garantía para todos los que explotan a estas mujeres”. Nieto mantiene su postura de no legalizar, y desde su asociación trabajan en la recuperación y reinserción de muchas mujeres que provienen de situaciones de prostitución forzada. Ha dicho en varias ocasiones que no conoce a ninguna mujer que ejerza la prostitución voluntariamente y además no es la primera vez que escucha la frase de “mi vida no vale nada, y mi cuerpo es un objeto de venta”. En cualquiera de los casos, tras las declaraciones de Albert Rivera, tanto colectivos feministas como los que apoyan a mujeres en situación de prostitución, coinciden en lo poco preciso que es el planteamiento de C’s y en que además favorecería a toda costa los intereses de los empresarios.

Cuestión de feminismos

El debate de la prostitución es la gran asignatura pendiente del feminismo. Existen posturas bien diferenciadas y argumentadas, en donde hoy por hoy, no existe consenso alguno. El pensamiento abolicionista plantea la prostitución como una relación desigual entre mujeres y hombres, una relación de dominación en donde el dinero otorga el poder de comprar el cuerpo de la mujer. Las abolicionistas la consideran una esclavitud que no es similar a ningún otro trabajo, ya que se relaciona con un fuerte componente de género, declarando la prostitución como una institución patriarcal que prolonga la subordinación de la mujer con respecto al hombre. Piensan que la legalización de la prostitución no acabará con la trata de mujeres y niñas y que seguiría fomentando la desigualdad, al considerar que la prostitución es una forma de violencia de género. Por otra parte, el pensamiento regularista cree en un reconocimiento de derechos laborales y sociales que den cobertura a las mujeres que se dedican a la prostitución de una manera voluntaria. Culpan a la percepción moralista que se tiene del sexo, la cual ha generado una visión de profesión indigna en la que las mujeres son esclavas de los deseos del hombre. Declaran que existe un contrato que se establece entre trabajadora y cliente, en donde es ella en todo momento la que decide o no prestar los servicios, reconociendo de esta manera su autonomía. En la literatura feminista podemos encontrar textos de ambas posturas, numerosos textos que intentan dar a luz el argumento definitivo. Sin embargo, es un debate de muchos años, en donde prácticamente nadie cede para poder darle una vuelta más a esta cuestión que trae de cabeza al feminismo. Beatriz Gimeno intentó hace unos años acercar posturas con su libro La prostitución, probando suerte a la hora de romper con el binarismo de pensamiento, pero lamentablemente el debate de la prostitución sigue en el punto de partida.

Cuestión de puntos de vista

José Francisco Sánchez, miembro de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE), se muestra en contra de la legalización de la prostitución porque considera que “el problema va más allá del debate de la legalización, es un problema sistémico donde intervienen otros factores”. Para Sánchez, la posible solución pasaría por una educación afectivo-sexual en todos los niveles de la formación escolar. Se apoya en el modelo sueco, del que dice que con las medidas abolicionistas, más las medidas sociales de reinserción real dotadas de inversión económica, han hecho que el fenómeno de la prostitución disminuya en este país. Sin embargo reconoce que, “si bien bajó el número de mujeres que ejercían la prostitución, se dio un aumento de esta actividad en los países de alrededor”. Asegura que de existir una legislación, esta ha de ser trasnacional, porque de esta manera se podría perseguir fenómenos como la trata de mujeres para fines de explotación sexual, evidenciando así el caso de Suecia. Por otra parte, José nos hace referencia a la vivencia de una masculinidad diferente, la cual también conlleva una vivencia diferente de la sexualidad, de la que asegura que siempre ha estado marcadamente genitalizada y que ha dejado de lado otros tipos de expresiones. La define, entre otras cosas, como “finalista y basada en la penetración”. Pudiera ser que con la educación afectivo-sexual y la toma de conciencia con las nuevas masculinidades no estaríamos debatiendo acerca de la legalización de la prostitución. Comenta que los últimos estudios realizados a hombres jóvenes heterosexuales, evidencian un mayor consumo de esta actividad, esgrimiendo la razón principal de “ahorrarse prolegómenos con cualquier chica, e ir directamente a la cama”. Esto manifiesta que el problema es bastante complejo, en donde, a tenor con la propuesta de Ciudadanos, no se busca ponerle solución real, sino plantearla de manera electoralista y con afán recaudatorio. José piensa que quizás habría que más que legalizarla, atender a la problemática social de estas mujeres, sin olvidar también la relación de desigualdad manifiesta en la prostitución, en donde se impone el dinero para comprar un cuerpo con el que satisfacer tus deseos. Cree por ello, que es una utilización demagógica el comparar la prostitución con cualquier otro trabajo, ya que la realidad de la mayoría de las mujeres es prostituirse en contra de su voluntad. Así mismo, José también nos traslada la percepción de que este servicio es consumido por una amplísima mayoría de hombres, y que no comprende los argumentos de la liberación sexual de la mujer que paga por sexo, intentando justificar una actividad que somete a muchas de ellas, ya que entiende que no se trata de repetir patrones muy masculinos. Se trataría, en cualquiera de los casos, de tener una vivencia de la sexualidad más sana.

Irene Rodríguez es trabajadora social. Actualmente está en Acción en Red, en el grupo de feminismo. Irene ha trabajado durante un tiempo en Barcelona, con mujeres en situación de prostitución. En cuanto al debate de la legalización, ella no se considera abolicionista, pero tampoco regularista, ya que no siempre en la regulación se recogen todos los derechos. Por ello, Irene se considera “pro derechos”. Con esto se refiere a que ninguna mujer tiene que quedarse desprotegida, sin derechos, y es que refiriéndose a la regulación de Albert Rivera, las mujeres se quedan en un segundo plano mientras se les reconoce beneficios a los empresarios. Considera la medida de Rivera algo electoralista, ya que la manera de abordar esta situación es acercándose a hablar con las protagonistas, e involucrándose en la tarea de plantear una ley que “les dé derechos, que les dé libertad y autonomía”. En este caso no es la propuesta que hace el líder de Ciudadanos, porque Rivera contempla la posibilidad de ser autónomas pero en locales, excluyendo a aquellas personas que no cumplan los requisitos de estos clubs o porque no consigan ser autónomas. Con lo cual, se generaría una persecución a todas aquellas mujeres que no entren dentro de los establecido. El estar de autónomas en los locales favorecería a los empresarios, ya que serían unas falsas autónomas que estarían pagando su Seguridad Social dentro de un club donde “el empresario no tendría que estar pendiente de reconocerle sus derechos laborales ni de las condiciones de trabajo”.

Otra de las condiciones que plantea Albert Rivera es la de no ejercer en el espacio público, excluyendo nuevamente a todas esas mujeres que están en la calle, generando de nuevo una persecución y abocarlas a la clandestinidad. Irene afirma que los pro derechos están a favor de “pactar zonas, porque si no le estaríamos dando los poderes a los empresarios y no a las mujeres”. Rodríguez hace hincapié en separar lo que es la prostitución forzada de la voluntaria, porque nos acercaría más fácilmente a la realidad, y así trabajar en contra de la trata ya que “en esa lucha estamos todas”. Los argumentos meramente económicos lanzados por Rivera son absolutamente irrelevantes para Irene, para ella es necesario un enfoque de derechos, “porque estamos hablando de personas” y de su reconocimiento de derechos laborales y sociales. “Ese es el enfoque que un político debe plantear en unas condiciones de igualdad y de bienestar”, afirma Irene. Ella se cuestiona cuál es la verdadera preocupación de Rivera con respecto a las mujeres en situación de prostitución que ejercen en la calle o en polígonos, ya que considera que con las medidas que propone C’s sería “tapar el problema y no verlo”, refiriéndose al hecho de que ejercería únicamente en los clubs. Por otra parte hace referencia a los estudios que supuestamente reflejan la realidad de las mujeres que ejercen la prostitución, entre los cuales se comenta que más del 90% de mujeres la ejercen en contra de su voluntad. Irene piensa que “depende muchas veces de la entidad que lo lleve a cabo, de la zona en la que se haga, y de la población con que se trabaje”, y que muchas veces se plantea de dónde vienen los datos de esos estudios, ya que la prostitución, por el estigma social que supone, se realiza por norma general en la clandestinidad. Y que en cualquier caso, le resulta bastante difícil valorar una parte cuantitativa porque contabilizar todas las mujeres que ejercen en calle, locales, pisos, por internet, etc. es cuanto menos complicado. Asombrosamente, Irene nos da el dato que dentro de las protecciones de víctimas de trata, en los últimos años sólo ha habido dos asilos en mujeres extranjeras.

Cuestión de empresarios explotadores

Rocío (nombre ficticio para preservar su derecho a la intimidad) es una mujer extranjera que actualmente ejerce la prostitución. Al preguntarle qué opina ella acerca de la legalización de esta actividad, contestó que tal y como están las cosas, vería positivo el poder contar con la Seguridad Social, ya que en muchas ocasiones se ven desprotegidas desde el punto de vista sanitario. Dependen en este ámbito, de organizaciones como Médicos del Mundo, que llevan a cabo proyectos de atención socio sanitaria a estas mujeres especialmente, así como programas de prevención de enfermedades de transmisión sexual. Rocío nos contaba que ella proviene del “mundo de la trata” aunque después de algunos años consiguió salir de él. No se mostró especialmente satisfecha con la propuesta de legalización, porque en el fondo cree que no sería una “ley con garantías reales”, ya que desde su experiencia nos comenta que el beneficio de la legalización (tal y como la plantea C’s) sería para los empresarios. Denuncia que realmente no se le exigirían unas condiciones laborales a aquellos que se encarguen de pisos o locales, dejando de su mano las normas para trabajar en dichos recintos, pudiendo estar éstas sujetas a los intereses de este sector y no contemplando ningún derecho de quienes allí trabajan. “Hay veces en donde, con suerte, puedes tener una hora libre al día”- afirma Rocío. Durante toda la conversación, mantuvo una tranquilidad que asustaba, cada detalle, cada recuerdo, lo contaba con una mesura que difícilmente podría mantener cualquiera que haya vivido lo que Rocío. Sin duda, no somos conscientes de la realidad que estas mujeres viven cada día, a cada momento. Alejándonos del debate, lo cierto es que hoy por hoy, miles de mujeres sufren un rechazo social, son las eternas olvidadas, y dice más bien poco de una sociedad que presume respeto y tolerancia. Porque en el fondo siempre nos asalta un prejuicio, una idea preconcebida, que nos hace ser ciegos por voluntad, apartando la mirada de una realidad que no queremos encontrarnos de frente.

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