“Hay que tratar de conocer al otro y no considerarlo peligroso por ser distinto”

La activista de SOS Racismo, Belén Santos, en la playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria.

Iván Alejandro Hernández

Las Palmas de Gran Canaria —

El pasado 21 de marzo fue el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, y este viernes, de 18.00 a 19.30 horas, la Asociación Atlas, en Las Palmas de Gran Canaria, acoge la charla ‘¿Cómo luchar contra el racismo?’ impartida por la activista y voluntaria de SOS Racismo en Madrid, Belén Santos, (Madrid, 1979).

La organización, con varias redes a nivel estatal, lleva luchando contra el racismo y la xenofobia desde 1995, fecha en la que se coordinan a través de la Federación de Asociaciones conservando plena autonomía en la zona donde actúan.

¿Cual es tu vinculación con SOS Racismo y en qué ámbitos actúas?

Soy activista voluntaria de SOS Racismo Madrid, organización que lucha contra el racismo denunciando todas las situaciones que entren dentro de este ámbito. Lo hacemos a través de grupos y yo formo parte de la comisión de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), donde también hacemos visitas a las personas internas que están en Aluche. Tratamos de ayudarles en la medida de nuestras posibilidades a través del contacto con ellos, recabando sus testimonios. Hacemos, en definitiva, una labor importante de denuncia. A través de los jueces de control o de medios de comunicación denunciamos las vulneraciones de Derechos Humanos que sistemáticamente que se producen en el CIE. Yo estudié comunicación audiovisual y ahora hago documentales siempre que puedo, trabajando con productoras. Trabajé muchos años en la Agencia EFE en TV, pero lo dejé voluntariamente porque me apetecía dedicarme más a otras cosas. Quería enfocarme hacia el cine documental y a trabajos a realizar en África. Hice un documental en Guinea-Bissau, con otros compañeros, y algunos otros encargos de ONG en lugares como Níger.

¿Cuánto tiempo llevas vinculada a SOS Racismo Madrid?

Llevo un par de años. Entré y me encontré con un grupo de gente fantástica y yo misma estoy alucinando con todo lo que he aprendido. Luchar contra este tipo de situaciones provoca frustración e impotencia porque te das cuenta de que es muy complicado conseguir algo, pero en equipo nos damos fuerzas y seguimos.

¿Qué significa el concepto de racismo institucional?

Es la situación que se produce cuando determinadas personas no tienen el mismo acceso a los bienes o a las oportunidades que nos ofrece la sociedad por motivos de nacionalidad, de perfil étnico o por situaciones administrativas. Las deportaciones son un claro ejemplo de racismo institucional. Esto sucede en España desde que se empezaron a crear las leyes de extranjería, que fue cuando nuestro país entró en la Unión Europea, y en ese contexto existía el temor del Gobierno de aquella época de convertirse en una puerta a la inmigración para otros países europeos. Luego, las leyes que se han ido creando han sido más restrictivas en derechos, y por lo que vemos, en el momento en el que nos encontramos, hay instituciones europeas que están pidiendo endurecer mucho más el tema de las deportaciones. Se puede decir que ahora el foco está puesto en el tema de los refugiados. El discurso oficial es integrador, afirmando que van a ser acogidos, sobre todo a los que vienen de Siria, sin embargo, los que no consigan ese estatus serán deportados con todo lo que eso conlleva. También se está planteando aumentar el número de CIE y el tiempo que permanece una persona interna.

¿Consideras a España un país racista?

Me gustaría decir que no. Esto depende con qué o con quién nos comparemos. En la sociedad tenemos la sensación de que no discriminamos a nadie por el color de su piel, pero sí es cierto que, más allá de las políticas institucionales, tenemos construido en nuestro inconsciente una serie de prejuicios que al final sí hacen que seamos racistas. Esto se puede encontrar en la calle, en muchas situaciones. Por ejemplo, en SOS Racismo Madrid, uno de los grupos de trabajo es la comisión jurídica y tienen la oficina de información y denuncia donde atienden los casos que se producen a nivel social. Se ha creado una página web en la que se denuncian todos esos pequeños racismos, pero da igual los pequeños que se consideren porque se traduce en una discriminación. Los tiempos que se avecinan parecen complicados en este sentido y es importante el discurso institucional para que se apoyen medidas en otro sentido. Los grandes medios de comunicación de masas también contribuyen a crear los prejuicios, como los llamados efecto llamada, o que los inmigrantes nos van a quitar puestos de trabajo, o directamente criminalizarlos.

¿Cómo se combate el racismo?

De muchas formas. Para empezar es una cuestión cultural. Hay que tratar de conocer al otro y a no considerarlo peligroso por ser distinto, y esto es una cuestión educativa. Más allá, si no nos hemos educado en ese sentido al crecer, siempre estamos a tiempo de hacerlo y de conocerlo, de acercarnos ‘al otro’. Una de la formas de lucha es apoyarnos en el estado de derecho y denunciar las vulneraciones de los Derechos Humanos, en el CIE o en la calle. Hacer una labor pedagógica e informativa dando a conocer estas situaciones, también sacando a la luz las deportaciones exprés, que es cuando se detiene a una persona y en un plazo máximo de 72 horas es deportada, muchas veces sin ni siquiera tener asistencia legal. Y aunque lo tuviera no da tiempo suficiente para presentar un recurso para evitar la deportación. También la lucha se concentra en las organizaciones, configuradas en grupos de trabajo, como la campaña estatal por el cierre de los CIE, en la que participan Canarias, Asturias, Barcelona, Madrid, Valencia… Trabajar en red es necesario para conocer las diferencias entre los territorios.

¿Qué es lo contrario al racismo?

Puede ser el inclusismo, la integración… pero yo creo que es el anti-racismo, algo que incluye los dos conceptos.

¿Los CIE son una medida racista?

Totalmente. Es una barbaridad tan grande… Sabemos que se internan a personas por no tener los papeles en regla y eso es una falta administrativa. Y más allá de que se les llame o no centro penitenciarios, la realidad es que funcionan como cárceles porque privan de libertad. Desde el momento de su creación, en el año 1985, estuvo funcionando sin un reglamento, hasta el año 2014. Una vez que se hizo es del todo insuficiente y, por otro lado, tampoco se cumple. Encontramos que en cada CIE el director, que es un policía nacional, establece ciertas normas de funcionamiento interno arbitrariamente, lo que provoca que hay cosas que se pueden hacer en el CIE de Barcelona y no en el de Las Palmas de Gran Canaria, por ejemplo. En Madrid se consiguió después de mucho tiempo que dejaran usar a los internos teléfono móvil, si lo tienen, cuatro horas al día. En otros espacios no sucede. A esto se suma que hasta el año 2011 no se permitía el acceso a las organizaciones sociales, ni había jueces de control. Es entonces cuando se empieza a dar visibilidad a lo que ocurre en los CIE y se descubren las barbaridades y las historias terribles que se suceden, incluso muertes que se podrían haber evitado.

¿Qué aconsejaría para combatir el racismo en el día a día?

Primero, que es muy bueno organizarse y hacer las cosas en grupo. La lucha es tan grande que hacerlo a título individual puede ser bastante desesperante y frustrante. Ya lo es cuando se hace en grupo. Primero aconsejaría hacer una mínima investigación en el lugar donde vives para conocer quién está haciendo ya un trabajo en ese sentido y acercarse. La lucha debe ser en conjunto para construir un camino.

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