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La tele canaria, a negro

Mientras las fuerzas de la oposición a Coalición Canaria se ponen de acuerdo en el cambio de la ley de radiotelevisión y en la sustitución de Santiago Negrín, los dos medios públicos se hunden

El presidente del Consejo Rector anuncia grandes querellas contra el ‘Diario de Avisos’  en cuento encuentre abogado que lo asista, que el ente no se lo puede pagar

Socater refuerza sus posiciones para concursar al suculento contrato de informativos, de 18 millones de euros al año, la madre de todas las batallas que se libran en RTVC

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Santiago Negrín, presidente de la RTVC

Santiago Negrín, presidente de la RTVC Fotograma de la RTVC

Resulta imposible acumular mayor nivel de despropósito en la gestión de la Radiotelevisión Canaria. Y eso que el listón parecía insuperable tras el paso por la casa de Willy García, núcleo gordiano de una instrucción judicial en la que siguen ocurriendo cosas grandiosas, la última de ellas la afirmación tajante de la jueza instructora de que el prime time es por la mañana. Chupito.

Al frente de RTVC colocó Fernando Clavijo a un buen profesional de la radio que ha resultado ser un deplorable gestor, seguramente por haber aceptado un cargo que le venía grande y que llevaba incluidas unas imposiciones que el pobre Negrín no acierta ni siquiera a explicar. Cuando se atreve a intentarlo.

Verlo en la última comisión parlamentaria de control de la empresa que tiene la obligación de defender resultó sencillamente patético. Nunca se ha creído sus propias afirmaciones, y ahora ya ni siquiera se cree sus propias bravatas. Su anuncio de que va a interponer querellas y demandas (acciones penales y civiles, entendemos) contra el periódico Diario de Avisos y que lo hace por su familia no ha sido más que un penoso intento de transmitir a los que día tras día le obligan a humillarse que todavía está vivo, que tiene agallas y que llevará este esperpento hasta el final.

El decano de la prensa de Canarias, actualmente en manos de Lucas Fernández, propietario a su vez de Plató del Atlántico, es de los pocos medios de comunicación que en estos momentos se atreve a enfrentarse al presidente Clavijo y a todos y todas sus terminales de poder. De él esperaban en ATI que fuera uno más de los medios dúctiles y maleables que pueblan el universo de la oligarquía tinerfeña, a los que se les echa de comer con dinero público para que escriban exactamente lo necesario para que el sistema se sostenga.

Debo confesar que por el modo en que Lucas Fernández compró el Diario de Avisos y el momento escogido (las vísperas del juicio de Las Teresitas) pensé (y opiné) que el propósito era precisamente aquel, ser un medio al servicio de los poderes corruptos de Tenerife y presentar a Miguel Zerolo como un dechado de virtudes políticas y teologales, de modo que el tribunal que en estos momentos abrillanta la sentencia no hiciera caer sobre él la mitad superior de las condenas que le habrían de corresponder.

Sin embargo, Lucas Fernández se plantó ante los jefes del tinerfeñismo explicándoles, a su manera, lo que vale un peine, además del precio que algunos habrán de pagar por meterlo en el saco de los amortizados cuando todavía le quedan unas cuantas rondas que invitar.

“Cuando por la mañana te mires al espejo y veas que de la nariz te cae sangre sin haberte caído de la cama por la noche, eso significa que eres víctima de una campaña”, dicen que le dijo a los gerifaltes de ATI cuando le afearon que eligiera al veterano socialista Santiago Pérez para inaugurar la nueva era de entrevistas dominicales del Diario de Avisos.

Los intentos de Fernando Clavijo por atraerse a Lucas Fernández han resultado hasta ahora infructuosos. Y seguramente la pésima gestión de la Radiotelevisión Canaria tenga algo que ver con el asunto: Santiago Negrín inició su mandato como un pato mareado recibiendo órdenes de distinta procedencia y de contenido contradictorio, y como es incapaz de distinguir un John Haig de un Jhonny Walker no supo colocarse en un punto intermedio a la espera de las debidas aclaraciones. Así que prefirió fiarse de los que le decían al oído que había que romper con todo lo que tuviera que ver con Paulino Rivero, y en el lote le incluyeron a Lucas Fernández y, consecuentemente, a Plató del Atlántico.

El nuevo Ciudadano Kane tomó nota e incluyó en sus presupuestos para 2016 y para 2017 cero euros de ingresos por la vía de producciones para la Televisión Canaria. Y esperó tranquilamente a que le volvieran a pedir una tregua. La respuesta fue negativa.

Clavijo ya le había puesto a Santiago Negrín una comisaria política a su lado con el objetivo de vigilar sus excesos y, de paso, acercarse a Canarias7, el otro medio de comunicación perjudicado por las parrandas del director de RTVC. La elegida fue Daida Rodríguez, ex redactora del periódico de El Sebadal y amiga del viceconsejero de Comunicación, José Luis Méndez. Lejos de servir como secante, Daida Rodríguez ha sido como una especie de gasolina arrojada a las llamas.

A ella se le atribuyen algunos excesos del presidente de RTVC, como el discurso de este último el pasado viernes ante la Comisión de Control en el Parlamento de Canarias, elaborado tras cuatro o cinco horas (las versiones varían) de reunión a puerta cerrada entre ambos.

Negrín acusa al Diario de Avisos de coaccionarle y de amenazarle y dice tener pruebas que lo acreditarían. Está en su derecho de denunciarlo ante los tribunales, pero quizás debió mostrar esas pruebas ante el Parlamento porque es en esa sede donde su futuro está en juego. Y no en los tribunales, ante los que habrá de personarse con algo muy contundente de la mano de un abogado que todavía no ha conseguido. Y no está el ambiente como para que pretenda que se lo paguemos entre todos.

Es en el Parlamento, efectivamente, donde las fuerzas de la oposición dicen haberse conjurado para sacar adelante una nueva ley que sustituya a la que en los minutos basura de la última legislatura se aprobó con el beatífico objetivo de darle una vuelta a la calamidad que han sido los dos medios públicos canarios estos últimos años. Ya hay un borrador terminado pero vuelve a ser insuficiente, a los ojos de los grupos políticos, para revertir la actual situación.

De aprobarse por la vía de urgencia es más que probable que Santiago Negrín no llegue a tiempo de culminar el encargo por el que fue puesto al frente de RTVC: preparar un concurso para la provisión de contenidos (informativos y de entretenimiento) y la gestión publicitaria que devuelva el negocio de la tele canaria al conglomerado de empresas que gira en torno a Socater.

Se trataría, como ya él mismo se ha encargado de transmitir, de quitarle a Videoreport Canarias (fuertemente participada por Canarias7) el contrato de informativos por el que cada año ingresa 18 millones de euros. Los elegidos ahora son sus competidores: Prensa Ibérica ( La Provincia y La Opinión de Tenerife) acompañados por el Grupo Prisa y El Día, del que no se sabe si llegará a tiempo de reunir la pasta que se necesita para la aventura.

Los pliegos de ese concurso ya se están redactando porque el actual contrato expira en abril de 2018. De ellos dice Negrín que no quiere hablar “para no prevaricar”, lo que demuestra que todavía no conoce ni los delitos que podría estar cometiendo, entre los que seguro que no se encuentra el de la prevaricación (dictar una resolución injusta a sabiendas), muy alejado del de tráfico de influencias, el de administración desleal y el de revelación de secretos, a los que muy probablemente se quiso referir con escaso éxito.

Sí está confirmado que el presidente de RTVC miente, y miente como un descosido. Porque asegurar que con él llegó la transparencia cuando está contratando del mismo modo que lo hizo el inefable Willy García no es otra cosa que mentir.

Lo acredita una certificación de la secretaria de su propio ente, de la que disponen varios medios de comunicación en Canarias (no solamente el Diario de Avisos), en la que se acredita que participó en el último proceso de selección de programación ejerciendo la doble función de mesa de contratación y de órgano de contratación, justo lo que la Audiencia de Cuentas le dijo que no podía hacer.

La deriva por la que transitan la radio y la tele públicas de Canarias, con una pérdida brutal de audiencias y de credibilidad, empiezan a convertir en razonables las opiniones extremas que aconsejarían su cierre. La última oportunidad está ahora en manos de la oposición a CC en el Parlamento. Como todo lo demás en esta tierra.

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