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CATALUNYA

La escuela inclusiva empieza a temer por su futuro

Las entidades que trabajan por la inclusión de los alumnos con necesidades educativas especiales dentro de las aulas ordinarias sufren la doble crisis de la Administración y las familias

La coordinadora Down Catalunya empieza una campaña para conseguir dinero para becar a las familias que no pueden hacerse cargo de los costes que requiere este modelo educativo

Dincat, principal plataforma catalana de apoyo a las personas con discapacidad intelectual, denuncia que la Generalitat les adeuda hasta 53 millones de euros

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Àngela Mora lleva a cabo su reto para la campaña Bequem per la inclusió, de Down Catalunya, que aspira a que ningún niño con necesidades educativas especiales quede fuera de la escuela ordinaria. (Foto: Down Catalunya)

Àngela Mora lleva a cabo su reto para la campaña Bequem per la inclusió, de Down Catalunya, que aspira a que ningún niño con necesidades educativas especiales quede fuera de la escuela ordinaria. (Foto: Down Catalunya)

Àngela Mora (a la imagen) acudió esta semana al pavellón de Lleida para llevar a cabo una sesión de estiramientos. La completó finalmente con éxito con la ayuda de la altleta olímpica Nuria Velasco, en lo que formaba parte de uno de los retos impuestos entre algunos jóvenes deportistas que forman parte de la coordinadora Down Catalunya para conseguir recaudar 12.000 euros con los que becar a las familias que no pueden permitirse que sus hijos con necesidades educativas especiales acudan a la escuela ordinaria, con los costes que esto conlleva.

"Es solo una excusa", reconoce Pilar Sanjuan, presidenta de Down Catalunya, quizás una artimaña más para conseguir el dinero que la Administración debe, el que en algunos hogares ya hace tiempo que escasea o el que garantizaban las obras sociales de las cajas, ahora prácticamente inexistentes. La escuela inclusiva, concepto pedagógico que apuesta por la integración de los alumnos con necesidades educativas especiales (NEE) en las aulas de los colegios públicos para enriquecer el aprendizaje de todos, ve amenazada su equidad en Cataluña.

De los 18.000 alumnos con estas necesidades, unos 11.000 se escolarizan a través de la enseñanza pública o concertada, más de un 60%, hecho que llevaría a pensar que la inclusión goza de buena salud en las aulas catalanas. Pero no son las cifras lo que preocupa a las entidades que fomentan este modelo, sino la situación concreta de algunas familias y entidades.

Cuando un niño con síndrome de Down, por ejemplo, entra en un aula ordinaria, recibe por parte de la Administración algunos servicios adicionales, como algunas clases de logopedia o, en casos de mayor dificultad, un velador. Pero son las familias quienes, por medio de las entidades, contratan a profesionales de apoyo que -en coordinación con los docentes- trabajan para desarrollar las capacidades del crío para que se adapte al ritmo de la clase. Esto cuesta de media 210 euros mensuales, según estima la coordinadora, una cifra que se acostumbran a repartir entre la entidad y los padres, aunque no todos se lo pueden permitir ya.

Hasta ahora eran las propias entidades quienes daban becas a los alumnos cuya situación socioeconómica era más complicada, pero cada vez son más los que las piden y menos los ingresos de las plataformas. Y a falta de recursos, como en muchas entidades del tercer sector, se ha opta por agudizar el ingenio, caso de Down Catalunya con su campaña #Bequemperlainclusió (bequemos por la inclusión). "Nadie se quedará sin nuestro apoyo por motivos económicos, pase lo que pase", trata de tranquilizar Sanjuan.

Abocadas al crédito

No existen cifras globales de como la situación de crisis está lastrando la actividad de las entidades que trabajan por la inclusión en las aulas catalanas, pero la situación entre ellas es parecida. La asociación Andi Sabadell, de apoyo a personas con discapacidad intelectual, reconoce que se ha visto abocada a pedir un crédito al banco para pagar precisamente el apoyo a la escolarización de dos de sus diez familias que apuestan por llevar a sus hijos a la escuela ordinaria.

Su situación es crítica. La Administración -básicamente los departamentos de Benesar Social i Família y Empresa i cupació- les debe todo el año 2012 y parte del 2011, esto teniendo en cuenta que las subvenciones públicas suponían hace dos años el 27% de los ingresos de la entidad. Entonces el 8% correspondía a las ahora menguantes obras sociales. El 68% restante se cubre con las cuotas y las diversas actividades recaudatorias. "Ajustamos las horas, congelamos los sueldos... pero al final hay que acabar pidiendo más dinero", reconoce la directora de Andi, Dolors Pallars.

Precisamente ayer Dincat, la principal plataforma catalana de apoyo a las personas con discapacidad intelectual, hizo pública la cifra que les adeuda la Generalitat. A sus más de 310 entidades se les debe en total 53 millones de euros, según los cálculos de la propia plataforma. "Estamos dando un paso atrás en un momento en el cual todavía no se había conseguido la plena inclusión", se quejaba la presidenta Rosa Cadenas.

¿Qué beneficios aporta la educación inclusiva?

¿Cuáles son los beneficios que obtiene un chico con una discapacidad intelectual al escolarizarse en un colegio público al uso? "Esta no es la pregunta", responde convencida Pilar Sanjuan, y corrige: "¿En qué se beneficia toda la clase?". Para la presidenta de Down Catalunya, y en general para los defensores de la escuela inclusiva, todos ganan. "De una persona con necesidades educativas especiales los alumnos aprenden que tiene capacidades diversas, les supone un aliciente por su capacidad de superación personal, les vuelve más solidarios, respetuosos..." enumera Sanjuan, cuya lista de valores no acaba aquí. 

El problema, para la responsable de Down Catalunya, es que el sistema no está del todo adaptado a ello, y solo faltaban los recortes para dificultar más su implantación, a base de aumentos de ratios y de crispación entre los docentes. "En nuestra opinión, habría que buscar nuevas metodologías y estrategias organizativas, que pasen por ejemplo por el trabajo cooperativo", explica, pero concluye: "El problema viene cuando uno quieren que 24 alumnos hagan todos lo mismo".

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