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Comer a 12.000 kilómetros de casa: una historia de la Patagonia (2ª parte)

San Carlos de Bariloche (Río Negro, Patagonia argentina) y sus alrededores cuenta con una oferta gastronómica diversa y para todos los públicos

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Nido del cóndor

Nido del cóndor

En mi pasado artículo, hablé largo y tendido de Cassis: merecía, por sí solo, un espacio exclusivo. Pero más allá (o acá) de las bondades de la original oferta gastronómica de Mariana (China) Müller, en Bariloche y su entorno hay un sinfín de establecimientos donde comer y beber razonablemente bien, además de personas dedicadas a la gastronomía desde otra perspectiva.

Llaman la atención las innumerables cervecerías que pueblan la ciudad y aledaños. Son cervecerías que, además, sirven comida, sencilla, pero más que correcta comida. Las cervezas son variadas y muy distintas entre sí: cada cervecería tiene su propia fórmula, y a su vez, cada una de ellas, ofrece cervezas de diversas clases. Su calidad es notable y, según dicen, se debe a la magnífica agua de la zona. Un paraíso para el cervecero, y para el que no, no hay problema: puede visitar la mayoría de ellas y tomarse un vino argentino.

Cervecería Patagonia

Cervecería Patagonia

En casi todas tienen vinos en la carta, excepto en la magnífica Patagonia, situada junto a uno de los lagos, el Moreno, en un paraje de ensueño rodeada de bosques, o en la sucursal recién abierta de Manush, por cierto, llena a rebosar nada más abrir. Precisamente en Manush tienen un guiso de carne bastante interesante (textura y sabor muy logrados) y unos langostinos chilenos al ajillo nada desdeñables. El precio medio de las cervecerías, comiendo o cenando, se sitúa en unos 20 euros por persona.

Langostinos ajillo Manush

Langostinos ajillo Manush

Las parrillas, otro mundo en sí mismo. Mires hacia donde mires, una parrilla encontrarás. La lucha es, para el español, que la carne no la dejen demasiado hecha. Pedirla poco hecha es equivalente al punto más. O sea que, si gusta poco cocinada, hay que solicitarla cruda, y si gusta muy hecha, basta con no decir nada. Eso sí, la carne es muy buena, y si se es carnívoro, aunque la sirvan muy pasada, se disfruta igual. Hay dos parrillas muy buenas: Alto El Fuego, en el centro de Bariloche, con ambiente urban chic y con una interesante variedad de cortes de carne argentinos, y Norte Sur-La Parrilla del Tucu, en la base de Cerro Catedral. donde además de una parrilla y unas empanadas excelentes, Mario, su propietario, está bien surtido de vinos argentinos y, además, recomienda bien. En ambos sitios, conviene reservar. Y sin movernos de Cerro Catedral, si apetece una sesión de après ski, en Samsara hay buena música y buen rollo, con Dj en directo cada tarde.

Parrilla en Alto El Fuego

Parrilla en Alto El Fuego

La inmigración original de la zona partió de Centroeuropa, de ahí las cervecerías, los apellidos germánicos de muchos de sus habitantes, y platos bien enraizados como el goulash con spaetzle. Para disfrutar de este potente guiso con notas picantes nada mejor que La Casita Suiza, también en el centro de Bariloche. Crêpes de hongos de la zona o sopas de verduras (que son cremas o purés, pero allí las llaman sopas), completan una invernal y apetecible oferta gastronómica. ¡Ojo, sin reserva difícil conseguir mesa!

Goulash La Casita Suiza

Goulash La Casita Suiza

Y por fin llegamos a Llao LLao, un lujoso hotel enclavado entre dos lagos, el Nahuel Huapi y el Moreno, inaugurado en 1938, que conserva todo el encanto de la época en la que fue construido, una época para Argentina de bonanza, al contrario que para la vieja Europa que estaba a las puertas de la II Guerra Mundial. Tan solo año y medio después de inaugurarse, el hotel sufrió un incendio que destruyó el edificio por completo.

Llao Llao

Llao Llao

En diciembre de 1940 se inauguró un nuevo edificio que se construyó cambiando algunos materiales por otros ignífugos. El hotel tiene dos restaurantes, el Patagonia y Los Césares Grill & Pasta, además de otros dos espacios, el Lobby Bar y el Winter Garden, donde disfrutar de propuestas gastronómicas como El Té, una merienda que se puede degustar sin ser necesario alojarse en el hotel, pero que requiere, en cualquier caso, reserva previa.

Fastuosa, deliciosa y evocadora, la hora del té en Llao Llao está capitaneada por el chef argentino Federico Domínguez Fontán, al igual que el resto de espacios gastronómicos de Llao Llao. Domínguez Fontán es un experimentado cocinero curtido en lujosos espacios de Francia y España. Tras su larga residencia en Europa, asumió la dirección gastronómica de Llao Llao en 2010. En Bariloche hablan mucho de Llao Llao y realmente vale la pena una visita: su estilo canadiense, con maderas de la zona en su interior, muestra un espacio cálido y acogedor, aunque no exento de lujo evocador de épocas pasadas.

Precisamente en Llao Llao, en los servicios de desayuno y té, tiene Polin Bariloche, una artesana bonaerense afincada en la Patagonia, sus piezas únicas de artesanía, hechas en torno alfarero, y con pastas y esmaltes elaborados por ella misma con cenizas volcánicas o arcilla de los lagos. Piezas de una delicadeza apabullante y una elegancia intrínseca, Polin elabora platos, cuencos, tazas, y todo tipo de vajilla.

Imposible mencionar que en Bariloche se halla también una gran figura de la cocina mundial: Julieta Caruso. A la sombra de un gran chef durante varios años, Andoni Luis Aduriz, y parte del equipo del área de I+D de Mugaritz en sus últimos 24 meses de residencia en España, esta cocinera patagónica de nuevo en casa, asesora un restaurante en Buenos Aires, Casa Cavia, aplicando las técnicas y conocimientos adquiridos en nuestro país y en una particular gira que realizó por Asia. Una mujer muy inteligente, con ideas gastronómicas muy bien afianzadas, con la que tuve el placer de ver un cóndor a menos de 2 metros de distancia, y con quien el sumiller Natalio del Álamo y yo visitamos el taller de vinagres de Mariana Müller.

Para finalizar, una pista de dónde alojarse (si no se dispone de los aproximadamente 300 euros la noche en Llao Llao): en el hotel Nido del Cóndor. Situado en la avenida más importante de Bariloche, una arteria que recorre la población y se extiende varios kilómetros más allá bordeando el lago Nahuel Huapi, Nido del Cóndor es un hotel tranquilo, con habitaciones y bungalows con deliciosas vistas y con cálida atención por parte de todos sus empleados. El spa es digno de visitar cada tarde tras una jornada de excursiones o esquí: su piscina climatizada, con parte de ella al aire libre, es un relajante natural. Un hotel donde estar, literalmente, como en casa.

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