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¿Te has planteado que lo que cenes en Nochebuena influirá en la temperatura de los próximos años?

Estas Navidades, y siempre, consumamos productos de nuestra tierra para apoyar a las pequeñas economías rurales y luchar contra el cambio climático evitando productos que vengan de miles de kilómetros

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Esta Navidad, consume productos de proximidad como el cordero manchego

Esta Navidad, consume productos de proximidad como el cordero manchego Foto: Turismo de Castilla-La Mancha

Hablar de  cambio climático ya se ha convertido en algo tan común y normal como hablar de si llueve o hace sol en el ascensor. Me alegra mucho que así sea, y lo cierto es que un problema de ese calado debe estar en todos los hogares, siempre y cuando no se desvirtualice o se malinterprete, algo que también ocurre muy a menudo; pero bueno, se ha conseguido que la población lo entienda.

Esto nos ha llevado a una situación en la que todos estamos muy comprometidos con el planeta, estamos dispuestos a decir lo mucho que nos afectará el cambio en el clima, e incluso estamos muy dispuestos a decir que lucharemos contra ello. La frase que nunca falta es “los políticos no hacen nada”, y aquí he de decir, que nunca es bueno generalizar, pero por ahora a nivel internacional no vamos por el mejor camino y la imagen que se ha dado al mundo los últimos años es que efectivamente se hace poco, cosa que nos descontenta a todos, a mí también se lo aseguro, pero ¿nos hemos propuesto apostar nosotros por la lucha contra el cambio climático? Hablo a nivel particular.

Sabemos que la energía y el transporte son los principales emisores de gases de efecto invernadero. Desde hace años se acuño el término “productos kilométricos” para designar todos aquellos productos que provienen desde miles de kilómetros de distancia en avión, barco, tren… dejando una gran cantidad de gases en su viaje. Cambiar nuestro modo de comprar y comer, podría ayudarnos muchísimo. Alimentos de temporada, cultivados en nuestro pueblo, en nuestra región… además de tener una menor huella de carbono pues las distancias en transporte son más cortas, nos ayuda a revitalizar la economía rural, apoyamos a los pequeños agricultores y ganaderos, tenemos una calidad garantizada y sabemos que será de lo más sabroso. Con un simple gesto podemos poner muchos granitos de arena.

Estos días paseaba por un supermercado de una conocida cadena española y me fijé en algunos de los productos que más se demandan estos días. Los bogavantes venían de Canadá; las piñas de Costa Rica; los langostinos (congelados y frescos) de Ecuador, Nicaragua e Indonesia; los espárragos blancos de China, de hecho, de varias marcas sólo encontré uno de Navarra; una marca de uvas enlatadas y peladas venía de Chile… no daba crédito, pero especialmente me dolía que se cogieran los productos sin que nadie se fijara en estos detalles. Les contaré que en enero de este año estaba en Guadalajara, y me costó encontrar un bar que tuviera torreznos, algo tan típico de la provincia, pero todos los supermercados tenían en sus mostradores cajas de fresones chilenos ¿cómo es esto posible? ¿por qué queremos fresas en enero?

No estaría de más, que este año en el que se sigue agravando el cambio climático y los compromisos internacionales no han avanzado demasiado, que nos planteáramos cambiar algunas de las compras que hacemos por propia inercia. Miremos y busquemos productos de nuestra tierra, no tengamos miedo a comprar un racimo de uvas frescas sin generar una lata y un cartón de residuos por cada uno de nosotros; el vino de nuestros pueblos… El ejemplo puede ser muy claro, y es que con todos estos gestos sumados, podemos hacer que los próximos veranos no sean tan cálidos ¿Se lo había planteado así?

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