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Brexit: comienza el proceso hacia lo desconocido

"El 29 de marzo de 2017 pasará a los anales de la historia como fecha en la que un país decide voluntariamente abandonar el mayor proyecto de unidad de Estados y progreso en común de ciudadanos que el mundo ha conocido"

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Brexit

Pocas veces un precepto ha alcanzado tanta popularidad como el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, lo cual es prueba clara del interés que suscita su contenido como vía para encauzar un importante acontecimiento que nos afecta a todos. El proceso de retirada del Reino Unido de la Unión Europea ha comenzado. El 29 de marzo de 2017 pasará a los anales de la Historia como fecha en la que un país decide voluntariamente abandonar el mayor proyecto de unidad de Estados y progreso en común de ciudadanos que el mundo ha conocido.

El resultado del mismo es incierto, puesto que son pocas las reglas jurídicas contenidas en el citado precepto y muchos los agentes externos que pueden condicionarlo (resultados de las elecciones en Francia y Alemania, eventuales conflictos judiciales, situación política interna en el propio Reino Unido…). Sí tenemos, en cambio, dos certezas. En primer lugar, una vez comunicada formalmente al Consejo Europeo la intención del Reino Unido de abandonar la Unión, se abre un proceso tendente a negociar el acuerdo de retirada, para el cual ambas partes disponen de dos años, transcurridos los cuales, en ausencia de acuerdo (y de prórroga del plazo), los Tratados dejarán automáticamente de aplicarse a aquél y, en consecuencia, quedará fuera de la Unión. En segundo lugar, que nadie, ni el Reino Unido ni la Unión Europea, sale ganando con esta decisión; al contrario, como muy bien ha señalado el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el objetivo ha de ser el de minimizar los daños para los ciudadanos, las empresas y los propios Estados Miembros.

La carta de la primera Ministra británica es, más que una declaración de intenciones sobre los puntos de partida de la negociación, un texto escrito para los medios de comunicación y los ciudadanos de su país. Así lo ponen de manifiesto tanto la insistencia en la cuestión de la economía y la seguridad, como la mención a la unidad del Reino Unido y a sus territorios de Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Efectivamente, late en el país una evidente preocupación por la situación en la que quedarán los ciudadanos y las empresas una vez que el Brexit se haya hecho efectivo y ha de tenerse muy presente que la pasada semana se produjo en Londres un atentado terrorista y que esta misma semana el Parlamento escocés ha votado favorablemente la celebración de un nuevo referéndum de independencia. Habrá que estar atentos más bien a las orientaciones generales que apruebe el Consejo Europeo en su reunión del próximo 29 de abril, así como, por supuesto, a las estrategias negociadoras de los representantes británicos y de las instituciones europeas.

A partir de aquí, todo lo demás son conjeturas e incertidumbres. No hay precedentes; la situación política –tanto a nivel internacional como en los diferentes países europeos– cambia frenéticamente en muy corto espacio de tiempo; no hay reglas claras, más allá de la forma del proceso de retirada; tampoco hay plan concreto por ninguna de las dos partes.

Lo que sí resulta evidente, sin embargo, es que esta situación pondrá a prueba la unidad de la Unión. Conciliar los intereses de los 27 Estados Miembros restantes para que exista homogeneidad de posición negociadora y conseguir la coincidencia de sus voluntades para ratificar el acuerdo de retirada y los acuerdos que regulen las nuevas relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea es uno de los grandes retos a los que ésta debe enfrentarse. De lograrlo, saldrá reforzada, pues ello ayudará a concretar pautas de actuación y líneas de acción para el futuro. Esta es la clave: Europa está decidiendo su futuro en estos momentos.

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