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El escultor Mascaró y sus "guardianes" llegan al Hay Festival de Segovia

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El escultor Mascaró y sus "guardianes" llegan al Hay Festival de Segovia

El escultor Mascaró y sus "guardianes" llegan al Hay Festival de Segovia

El escultor Xavier Mascaró (París, 1965) ha desembarcado con las grandes figuras de sus "guardianes" de hierro en una huerta en la ribera del Eresma, dentro del Hay Festival de Segovia, además de plantar un flautista de más de tres metros en una rotonda, a los pies del acueducto.

La presencia del músico la define su escultor, en una entrevista con Efe, como una especie de guiño a la historia de la ciudad, un acto en paralelo a la exposición que ocupa una amplia zona verde privada, presidida por el alcázar, bañada por el río, donde también hay formas de mediano formato, algunas de reciente creación.

Horas antes de inaugurar la muestra, este artista de grandes espacios comprueba que pueda haber una relación perfecta entre las esculturas y el espectador, teniendo claro que no es lo mismo verla en el estudio o en una galería que en una huerta que "tiene tanta vida y las escalas están muy bien compensadas", a su juicio.

Después de abandonar la visión de la forma gigante ante la obra romana, encaminándose por el paseo que realizaba Santo Domingo de Guzmán, cuya cueva se conserva próxima, aparece una gran huerta, llena de arbolado, que se convierte en galería de arte esporádica coincidiendo con el Hay Festival, la fiesta de la literatura y el arte.

Tras el portón, aparecen en primer plano, un conjunto de guardianes de hierro, cada uno de una tonelada, que ya han estado expuestos en espacios urbanos de París, Londres y Madrid, entre otras grandes ciudades, para continuar descubriendo en el recorrido obras más pequeñas.

Los guardianes surgieron por la influencia de unas cabezas que Mascaró contempló en el Museo Guimet, en Francia, dedicado al arte asiático, cuyos torsos se encontraban en Angkor, en Camboya.

Al artista, según explica, le interesaron mucho las relaciones espaciales entre la cabeza, la nuca y la espalda de las figuras, y se le ocurrió que quería hacer una obra inspirada en la posición del buda sentado, pero en fusión con el guerrero medieval y los guerreros de terracota.

En definitiva, una fusión de distintas culturas y formas muy similares, pero diferentes, ya que se reproduce el volumen interior pero cada una de las piezas es única, porque se destruye el molde, de hierro, material con el que Mascaró está muy familiarizado.

Encuentra en el hierro muchas cualidades: "Es muy orgánico, fuerte, pesado, pero puede tener un aspecto cálido, permite ser trabajado con una apariencia arqueológica, como desenterrado, tal y como utilizo yo", estableciendo luego una interesante dualidad entre ingravidez y enraizamiento, ya que las figuras están colocadas sobre una especie de patas que las elevan y despegan del suelo.

En sus nuevas obras, el escultor mantiene su preferencia por combinar materiales pesados, como el hierro o la piedra, con el aluminio y el latón, "que flota, como un dibujo en el aire, que se mueve y refleja la luz", matiza.

Hay bustos de mujer, máscaras, rostros como de androides y hasta la figura de un toro, en algunos casos con el acabado de un baño de níquel para que refleje aún más la luz, "con el fin de que haya un juego de reflejos, para que cada espectador interprete la obra, la regenere en su mente y juegue con ella".

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