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"El jardín de las delicias" de Chouinard: El amor por el ser humano

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"El jardín de las delicias" de Chouinard: El amor por el ser humano

"El jardín de las delicias" de Chouinard: El amor por el ser humano

"El jardín de las delicias" no es solo un tríptico, son infinitos cuadros que se estiran en los movimientos salvajes, poéticos y sensuales de los diez bailarines de la compañía de Marie Chouinard, que han elegido Madrid para preestrenar esta noche mundialmente su lectura de la obra capital del Bosco.

Esta coreografía resume la felicidad de postrarse ante una obra de arte como si fuera una imagen divina, según su creadora, que ha querido que fuera Madrid la antesala del estreno oficial de esta pieza, de cerca de 70 minutos, para "converger" con el homenaje que se le hace al artista y su pintura el museo del Prado.

En esta obra, que se estrenará oficialmente el 4 de agosto en Hertogenbosch o, lo que es lo mismo, la ciudad holandesa que dio nombre al pintor, la canadiense ha querido potenciar el gran amor por el ser humano, las maravillas, los sueños que nacen del delirio febril, las quimeras que refleja el cuadro.

Y esta noche, los privilegiados -solo se han programado tres pases para los que se han vendido todas las entradas- que han asistido a la primicia, enmarcada en Veranos de la Villa, han correspondido al amor de sus intérpretes con un aplauso que ha ido in crescendo y que se ha convertido en el quinto saludo en muchos "bravos".

Chouinard, nueva directora de la Bienal de Danza de Venecia, empieza para cumplir con este encargo de la Jheronimus Bosch 500 Foundation de Holanda con la escena ocupada al fondo por el tríptico cerrado, proyectado en un vídeo.

"Lo dijo y todo fue hecho. Lo ordenó y todo fue creado", dice la inscripción de la tabla sin abrir, y dentro está lo mejor y lo peor, un sueño surrealista e inquietante que parece un día de fiebre atroz.

Delante del vídeo, los diez bailarines, vestidos con sucintos tangas y rodilleras por todo vestuario y "blanqueados" con lo que parecen polvos de talco, han desarrollado elementos anatómicos, posturas y gestos del cuadro que dos grandes "medallones" frontales proyectaban, como si fueran una "lupa".

Una de las cosas que ha querido trasladar Chouinard, que también firma la escenografía, el vídeo, la iluminación y el vestuario, ha sido la "paz interior" que, asegura, reflejan los rostros representados por el holandés en el panel central.

Es en esa escena central del tríptico, dice la coreógrafa, donde se ve con claridad a dónde habría llegado el hombre si las dificultades, si las tentaciones que le acechan y le alejan del bien, no le hubieran dominado.

El Bosco, que pintó ese cuadro en torno a 1500, le dio a su obra un carácter moralizador, con tintes pesimistas, que insiste en lo efímero del placer, en el miedo que nace del caos, en recalcar enigmas que nunca tienen solución, porque se trata de alimentar, no de resolver, el misterio.

Después de tres minutos para cambiar la escena, ha aparecido el "Infierno", un averno dominado por los instrumentos musicales, el ruido, los gritos, los despropósitos, los instrumentos tocados con el ano, las botas como sombrero, los cubos de basura como casa, máscaras, púas y muletas como adornos.

Ahí desaparece el vídeo trasero y es en los "medallones" donde se proyectan, en un recorrido incesante, todos los elementos del "Infierno", la pesadilla tenebrosa que ocupa el ala derecha del cuadro.

Chouinard, como ya hizo en 2010 en sus "Variaciones Goldberg", frecuenta el bestiario, entre el surrealismo y la danza moderna, con personajes que deambulan e interaccionan con los objetos como su imaginación les dicta.

El "Infierno" sería el mundo actual, según la interpretación de la canadiense, y el "Paraíso", el reino del placer y la inocencia, un lugar armónico mecido por los trinos de los pájaros.

Ahí, en el "Paraíso", ha vuelto el vídeo al fondo pero en esta ocasión centrado en Dios y Adán y Eva, unos papeles que se han intercambiado en una sinfonía de movimientos repetidos todos los bailarines, y con un ojo real, de pupila intensamente azul, "vigilando" desde los "rosetones" laterales.

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