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La poesía pierde a la madre de El Gaviero

Ana Santos Payán, la madre de El Gaviero

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El cáncer se ha saldado esta vez el futuro de la editora Ana Santos Payán. Con la cuarentena recién cumplida, esta almeriense de adopción nos dejaba en la noche del lunes. Hoy su tierra apadrinada llora, junto a todas las personalidades líricas a las que ayudó a zarpar. Santos y su compañero, el profesor de literatura Pedro J. Miguel, colocaron a la poesía moderna al mismo nivel que las otras disciplinas literarias con la creación de la editorial El Gaviero.

Este pequeño espacio, financiado con dinero de su propio bolsillo, pronto se convirtió en el gran centro de la poesía en Andalucía. Con un estilo muy personalizado, Ana luchaba por rescatar de las sombras a aquellos autores que diesen un carácter original al panorama contemporáneo. El esfuerzo terminó canjeándose en forma de divulgación y de reconocimiento de grandes poetas como Elena Medel, Ana Tapia, Juan Manuel Gil o Raúl Quinto.

Este proyecto fue el heredero de la revista Salamandria, en la que Ana Santos pudo dar rienda suelta a su todavía oculto talento. Supuso un hito en las letras almerienses, pues por primera vez se alumbraba a aquellos autóctonos que querían abrirse paso en la poesía. Años después -hace justo diez- decidieron embarcarse en la empresa literaria que ha trabajado por ser uno de los soportes editoriales del género más importantes de nuestro país.

Además, entre los grandes planes de difusión de la poesía, destacan el festival de Literatura y Lectura -Lilec- que Ana acercó a los ciudadanos de Almería y que más tarde se convertiría en la Feria del Libro. Además de organizar, junto a la catedrática Isabel Giménez Caro, varias ediciones de las jornadas internacionales de Poesía Bífida.

Santos Payán deja como legado toda la poesía redimida durante estos últimos años. Aunque su herencia más directa se transmite a través de los versos de su hija, la escritora Luna Miguel, que ha sabido empaparse de todo con lo que peleó su madre. Aunque no se le dediquen jornadas de duelo, su labor permanecerá como estandarte lírico y se le reconocerá con el respeto que ella siempre supo dar a aquellos ingenios olvidados.

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