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GALICIA

2018, la fecha imposible para el AVE gallego que solo PP y Ciudadanos mantienen

La última promesa del Gobierno central ya no se puede cumplir porque aún no se han iniciado las obras en unos 17 kilómetros al este de la ciudad de Ourense.

PSdeG y BNG piden terminar el tren rápido pero no le ponen plazo y En Marea lo obvia

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Álvarez-CAscos, Feijóo y Blanco en la inauguración del tramo de AVE Ourense-Santiago en 2011

Álvarez-Cascos, Feijóo y Blanco en la inauguración del tramo de AVE Ourense-Santiago en 2011 Xunta de Galicia

Es materialmente imposible que en 2018 esté finalizado el AVE Galicia-Madrid porque no se ha comenzado a mover aún ni una piedra en unos 17 kilómetros al este de la ciudad de Ourense, en el tramo que conectará con la población de Taboadela. A pesar de eso, en su programa electoral el PP gallego insiste en asegurar que “su llegada en el año 2018 es irrenunciable”. Aspiración a la que ahora acaba de sumarse Ciudadanos, por boca del propio Albert Rivera, que quiere “la finalización y llegada definitiva en 2018 de ese AVE” después de varios años reclamando su paralización por considerarlo poco rentable, sin tener en cuenta argumentos de reequilibrio territorial. Sin proponer ninguna fecha, PSdeG y BNG se limitan a prometer en sus respectivos programas electorales que reclamarán el final de la infraestructura, mientras que En Marea ni la menciona.

Cuando el 21 de julio de 2001 los presidentes Aznar y Fraga y sus responsables de obras públicas Álvarez-Cascos y Cuiña colocaron en las cercanías de Santiago lo que denominaron primera piedra del AVE gallego, lanzaron la promesa de que la línea interna que uniría A Coruña con Vigo estaría finalizada en 2007 y la que enlazaría con Madrid en 2009. La primera, un tren rápido pero no un AVE puro, se finalizó el año pasado, con ocho años de retraso, pero aún está instalándose en ella el sistema de seguridad del AVE, el ERTMS que estaba desactivado en el accidente de Angrois, lo que permitirá mejorar algo más sus tiempos y frecuencias a partir del año que viene. La segunda línea, a Madrid, que acabará siendo un AVE auténtico, sigue sin fecha clara de finalización completa.

A la promesa inicial de 2009 fueron añadiéndose luego las de 2012, 2015 y la actual de 2018. Cuando las fechas de 2012 y 2015 dependían de gobiernos centrales del PSOE, el PP gallego fiscalizó estrictamente las obras hasta el punto de que su entonces portavoz de infraestructuras, Alejandro Gómez, llegó a denunciar una demora parcial de una semana. Luego llegó la crisis económica y, junto con el consenso tácito de todas las fuerzas políticas de que había otras prioridades más urgentes, la presión por los plazos fue mermando. A pesar de eso, las obras tampoco sufrieron grandes estancamientos durante el mandato de la popular Ana Pastor al frente de Fomento.

Sin embargo, desde el pasado diciembre el Gobierno está en funciones y, desde que Pastor fue nombrada presidenta del Congreso a mediados de julio, el ministerio ni siquiera tiene un ministro al frente sino que es gestionado de manera delegada por el titular de Justicia. Con esta situación, las licitaciones de grandes obras públicas se han parado, algo que no afecta a la mayoría de los tramos que ya están en construcción en fases bien avanzadas entre Zamora y Taboadela, pero los 17 kilómetros entre esa localidad y la estación de la capital ourensana vieron como el año pasado el Gobierno reiniciaba su tramitación ambiental. Aún hay que licitar y adjudicar las obras, por lo que ya es imposible que estas finalicen para que la línea entre en servicio en 2018.

A pesar de no estar finalizados esos 17 kilómetros, Adif y Renfe podrían implantar diversas alternativas técnicas tanto mejorando la línea ya existente para que los trenes de alta velocidad la empleen de manera temporal mientras no se finaliza la línea de AVE, como incorporando trenes rápidos que puedan emplear ambos tipos de vías. La experiencia de las graves consecuencias del accidente de Angrois que supuso la provisionalidad con la que se puso en servicio el tramo Ourense-Santiago no impidió que en plena campaña electoral de las generales del pasado diciembre Fomento también abriera de manera incompleta el tramo Olmedo-Zamora, con parte de su trazado en vía simple y sin el sistema de seguridad propio del AVE.

Pero ya antes de que se confirmara la demora del tramo Taboadela-Ourense estaba prevista una solución provisional en otro punto, el túnel de O Padornelo por el que se entra a Galicia desde Zamora, de algo más de 6 kilómetros. Adif está construyendo una línea de AVE de doble plataforma nueva en todo el trazado entre Madrid y Galicia excepto en ese punto. Allí está construyendo un único túnel nuevo paralelo al ya existente en la línea convencional. Cuando se finalice, su intención es trasladar al nuevo subterráneo todos los trenes, AVE y convencionales, para proceder luego a renovar y ampliar el túnel viejo y que funcione a la vez como segunda plataforma del alta velocidad y acceso para la vía única convencional. Eso también será después de 2018.

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