Opinión y blogs

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La fiesta ha terminado

Creo que fue hace un par de años cuando tres autores -alguno de ellos sin obra, pero ¿qué más daba?- decidieron fundar su particular movimiento literario. A fin de cuentas, todo movimiento literario no es apenas otra cosa que la misma decisión de fundarlo, ese gesto, sumado a cuatro frases contundentes y a un logo y, claro, también a un nombre, a ser posible pegadizo. Estos se llamaron Nuevo Drama

Nuevo Drama proponía algo muy simple: la vuelta al ídem, el regreso de las tramas y la revalorización estética del personaje. Aunque no les hicieron mucho caso, salvo para hundirlos o zaherirlos, su tesis se contraponía vigorosamente a la del movimiento tronante anterior, conocido como Generación Nocilla. Daba cierta validez al Nuevo Drama que incluyeran en él a Javier Calvo, escritor sin el cual ningún movimiento joven de nueva narrativa tiene en verdad sentido. Cuando Javier Calvo declara en su blog que NO TIENE NADA QUE VER con tal o cual movimiento, entonces... we are talking -que dirían en Boston-.

Pues bien: los de Nuevo Drama han acabado teniendo razón. Veamos algunas Señales que Precedieron a Semejante Triunfo Inopinado.

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Lástima que sea una perdida

A veces hay que ser valiente como lector y enfrentarse a un libro complejo; es decir, a un best seller.

Hace tiempo traté de leer Cementerio de animales, de Stephen King, y lo dejé en la página 30 porque no entendía nada. Había demasiados personajes, demasiados parentescos, muchas frases sin relación alguna con la frase inmediatamente anterior: fui incapaz. Estos son mis límites.

Y con ellos declarados llego a Perdida, de Gillian Flynn, una ex crítica de televisión que ha escrito una de esas novelas que dan mucho dinero, y acaban en Hollywood. Reese Whitherspoon, dicen.

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Buen intento

Entretenida, formativa y un punto juvenil me ha resultado la primera novela (o primera novela accesible) de Miguel Ángel Hernández, también conocido como Miguel A. Hernández-Navarro, Miguel Navarro, Ángel Hernández y otros ( ver aquí).

Intento de escapada mezcla mundo universitario y arte contemporáneo para decirnos que en las galerías hay mucho cuento y mucha mamarrachada y, a veces, muy pocos escrúpulos. Y en la universidad, tres cuartos de lo mismo, al fondo.

Un jovencillo asocial que acaba de asistente del Gran Artista Provocador Jacobo Montes nos narra la producción de "Intento de escapada", una obra-denuncia sobre la emigración magrebí en el Sur de España. El relato es mucho más enjundioso por sus temas y peripecias -sólo se me ocurre La cabeza de plástico, de Ignacio Vidal-Folch, como novela española que ataque esos mismos asuntos- que por su escritura, en nada (pero en NADA) deudora de los Blanchot, Beckett y Bernhard que tutelan el libro desde la solapa, y sólo piadosamente similar a los Don DeLillo y Philip Roth que propone la cuarta de cubierta. Vale, va de arte moderno (DeLillo, Submundo); ok, hay de sexo iniciático (Roth, El lamento de Portnoy); pero poco más.

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Cien mil libros tomarán el mundo por la tarde

Mario Bellatin no para nunca; a fin de cuentas, tiene cien mil libros que hacer. Escribir, sólo tiene que escribir cien; pero hacer, firmar, signar con su huella dactilar, se ha propuesto cien mil. Eso sí es crear lectores; o, cuando menos, huérfanos. Hay una imprenta que sólo vive para Mario.

Los cien mil libros de Bellatin es un proyecto literario apoteósico y diminuto. Son libros, cada uno de esos cien mil, que no abultan mucho más que una baraja de cartas, un poemario editado por la diputación, un azulejo amarillo. "Este libro no es gratuito", dice en la primera pagina de La novia desnudada por sus solteros; "Este libro no se compra, se vende", propone en el mismo sitio El pasante de notario Murasaki Shikibu. Yo tengo cuatro títulos de los cien, y nunca fueron adquisiciones: siempre regalos, malentendidos.

Entremedias de esta ferocidad editorial, Bellatin sigue publicando libros que se compran, se venden, se reseñan. El último es Gallinas de madera, dos narraciones "en torno a dos de los grandes escritores del siglo XX: Bohumil Hrabal y Alai n Robbe r-Grillet", como dice la contraportada de la edicion de Sexto Piso. La primera de ellas se titula En las playas de Montauk las moscas suelen crecer más de la cuenta: es magistral.

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100%Colombiana

La actriz colombiana Flora Martínez.Leamos un extracto cualquiera de 35muertos, la estupenda novelota que ha escrito Sergio Álvarez:

"A la Treinta y siete se pasó a vivir una nena con una cara feísima pero con unas tetas, una cintura, unas caderas y un culo tan bien tallados que, cuando salía a la calle, hacía babear a los manes del barrio. Y, lo mejor, la nena no era complicada; semanas después de llegar al Quiroga ya se la habían comido los malandros más importantes del barrio, algunos bondadosos padres de familia y hasta un par de imbéciles que habían tenido la suerte de cruzarse con ella cuando estaba muy arrecha."

Si les gusta, están de suerte: son 500 páginas todas así. Si les carga, adiós Sergio.

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La gran depresión del ciudadano madrileño de nuestro tiempo

Le ha salido muy bien esta novela a Juan Aparicio Belmonte, autor nacido en los setenta que parecía abocado a una narrativa bufonesca de limitado reconocimiento y que con Un amigo en la ciudad -a pesar de la modestia de su título y de la delgadez de su lomo- consigue una de las pocas obras verdaderamente sugestivas de lo que va de curso. Iba siendo márketing para nada, el curso, fuego fatuo, decadencia.

No lo esperaba. Conozco relativamente bien la obra de Aparicio Belmonte -y a él en persona, "vaya por delante", como solía decir Rafael Reig desde ABC- y había disfrutado mucho con sus disparatadas ocurrencias, sobre todo en López López. Sin embargo, los contornos del chiste, del humor negro y de la parodia detectivesca no parecían particularmente permeables a la alta dicción de la literatura, al retrato en profundidad del malestar del alma humana o, en definitiva, a todo lo que hace de un libro algo más que un entretenimiento, así sea muy inteligente como tal.

En Un amigo en la ciudad, Aparicio ha degradado el cachondeo de su prosa para tocar el hueso durísimo de la depresión, la desgana, el dónde vamos con nuestros hijos y nuestros votos a la izquierda. Seguramente éste es un libro mucho más importante de lo que el propio autor cree.

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Un buen lector

Selecciona cuatro respuestas a la pregunta: ¿qué cualidades debe tener uno para ser un buen lector?:

1. Debe pertenecer a un club de lectores.

2. Debe identificarse con el héroe o la heroína.

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Estoy oyendo crecer a mi hijo

Cuenta García-Posada en el prólogo de Mortal y rosa (Cátedra) que este libro canónico de Francisco Umbral pasó desapercibido en su momento, y que fue luego, con los años y los libros siguientes del autor, con los premios y las columnas, cuando Mortal y rosa se recuperó y se apreció, y -de hecho- se vendió. En Cátedra lo incluyeron en su colección Letras Hispánicas en el año 1996.

La muerte de Francisco Umbral en el año 2007 puso en marcha el cronómetro del olvido y de la negación. En España, cuando muere un escritor, no se le pone una calle sino un montón de peros. Sin embargo, mientras Cela parece ir a necesitar todo un siglo para que alguien se acuerde de él, Umbral va saliendo del bache de su fama en entrevistas, reseñas y libros, donde se le cita y ampara. Los jóvenes o más o menos jóvenes lo siguen teniendo en cuenta, lo imitan sin sonrojo y se ponen de su parte abiertamente. Montero Glez, Manuel Jabois, Pablo Gutiérrez...

El último en sumarse a este respetuoso duelo literario ha sido Sergio del Molino, cuyo libro La hora violeta se presenta como una obra en coincidencia con el clásico de Umbral sobre la muerte del hijo. No trata Del Molino de hacer otro Mortal y rosa, ni de arrimar su poética a la de un autor relevante, sino que señala sin más, en el paratexto, en el epígrafe y en algunas acertadas páginas de su libro, el hecho brutal de ser un lector emocionado que acaba por entender fatalmente y de una forma más profunda de qué iba el libro que en su día le emocionó.

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Ropa muy sucia

No será muy frecuente dejar un libro a la mitad por otro motivo que no sea considerarlo malo; Di su nombre no es malo, pero a la mitad, en efecto, lo he dejado.

Se narra aquí la relación del escritor Francisco Goldman con la joven Aura, estudiante mexicana que apuntaba maneras literarias y cuya muerte se produjo cuando contaba ella treinta años y él cincuenta y tres. Una ola fue la culpable del accidente fatal, mientras estaban de vacaciones.

El octanaje de la intimidad aquí desvelada es tan elevado que a uno se le gripan los motores del pudor. Hay, quizá, demasiadas miserias, demasiadas confesiones poco caballerosas; demasiada cercanía con el propio dolor y una cierta falta de conciencia de que quien lee no conoce a Aura más que como personaje, y que como personaje el retrato está saliendo -considero- poco empático.

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Joan Didion, sin magia

Si bien El año del pensamiento mágico no me gustó nada, Noches azules me gustó todavía menos. Quería aclararlo desde el principio.

Joan Didion llegó a mis oídos manos intelecto (en los tiempos en que los medios escritos tenían corrector, aquí hubiera recibido yo una llamada: ¿las comas?; va sin comas) tarde. Fue con la publicación por parte de Literatura Mondadori de Noches azules y Los que sueñan el sueño dorado, publicación simultanea y consecutiva, imperial. Joan Didion, ya de nombre, tenía pinta de gustar; y de gustarse. Miren esta foto:


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