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Desde el año 2005, Juan Mal-herido hace públicas sus opiniones sobre libros, lencería y trastornos de identidad. En este espacio, se centrará en los trastornos de identidad. Creado por Alberto Olmos

Generacion latinoamericana de los 70 Football Team

Federico Guzmán Rubio

México DF —

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Seleccionador: Federico Guzmán Rubio (México, 1977)

Convocados

Titulares

1. Federico Falco (Argentina, 1977). Tiene reflejos, Falco, y también suerte: la pelota nunca le bota mal ni le hace extraños. Intuye por dónde viene el tiro y ni el delantero más astuto lo agarra por sorpresa. Sus salidas son prudentes, despeja con precisión, no se pone nervioso y no le tiene miedo al penalti. Entre tanta calma, al final del partido, en un córner a favor, enloquece, acelera, atraviesa la cancha y mete gol de cabeza.

2. Samanta Schweblin (Argentina, 1978). Aunque no muy parecidos a primera vista, Schweblin guarda más de una similitud con César Luis Menotti: recuerda glorias pasadas y defiende un juego que parece ya no importarle a la afición. Algo de razón llevan, pues nadie ha igualado esas glorias, y ese juego –que gana por knock out, decía Menotti– sigue dando mejores resultados, en este equipo, que las victorias por decisión.

3. Juan Gabriel Vásquez (Colombia, 1973). En una escuadra en la que sobra virtuosismo y falta solidez, Vásquez contribuye con la sabiduría de su oficio. De acá no saldrán chilenas, escorpiones, palomitas ni otras pirotecnias, y la televisión rara vez repetirá sus jugadas. Pero los tiros libres los cobra Vásquez.

4. Juan Sebastián Cárdenas (Colombia, 1977). Conjuga características infrecuentes en un mismo futbolista: por un lado, rabia y ganas de jugar; por el otro, visión de campo e inteligencia. Sabe, y lo disfruta, repartir leña y salir jugando, con estilo y un objetivo claro. Se ignora, sin embargo, si no tiene mayor posesión de balón por crear dinamismo y si no traspasa la media cancha por no abandonar la defensa, o bien, si simplemente se le cansan las piernas.

5. Wilmer Urrelo (Bolivia, 1975). Al menos un jugador tiene que tener condición física en un equipo de futbol. A Wilmer Urrelo nunca se le verá en el césped, en el primer tiempo extra, lloriqueando por los calambres y vociferando que no le interesa jugar entero el gran partido latinoamericano. Esa gente, masculla Urrelo, siempre falla los penales, aunque los cobre a los 5 minutos de juego.

6. Alejandro Zambra (Chile, 1975). Con calma y algo de sorpresa, Zambra contempla cómo su elegante estilo acabó por imponerse: el pase corto y preciso, el juego limpio, el tiro a ras de suelo, la sutileza por encima de la espectacularidad, el futbol técnico sobre el físico, más Barcelona que Manchester. Sería buen defensa, si no fuera porque se deshace del balón demasiado pronto, como si temiera romperse una pierna o caerse y mancharse el pantalón corto. Como organizador y creador de juego es impecable.

7. Patricio Pron (Argentina, 1975). El medio campo es el terreno ideal para que Pron despliegue sus múltiples facultades: movilidad, destreza para colocarse, sentido táctico, frialdad para leer el partido y capacidad de adaptación a cualquier liga y estilo de juego. Por si fuera poco, su empuje y hambre de gol le permiten incorporarse al ataque, donde tiene velocidad y es un buen rematador, en especial de córners. Sabe quitarse la marca y, llegado el caso, engañar al árbitro con astucia.

8. Álvaro Bisama (Chile, 1975). Parece costarle dominar la pelota, pero nadie se la quita. Sus tiros a gol se estrellan con un rival, rebotan, tocan el poste y al final entran. Avanza a trompicones, con brío, hacia donde él quiere. Lo que parece un pelotazo es un pase a profundidad. Debajo de la camiseta de la selección trae una de Sepultura, y debajo de la de Sepultura, una del equipo de su infancia. Juega con la decisión de un nostálgico rabioso.

9. Yuri Herrera (México, 1970). Nadie gambetea como Herrera. Le gusta el gol, de preferencia si es de tijerita, si le permite hacer un sombrerito o si deja tirado al mejor defensa en el camino, tras hacerle un túnel. Exigirle pases largos o contragolpes a toda carrera es absurdo; lo suyo es el área chica, en donde el balón, a sus pies, es una varita mágica.

10. Claudia Hernández (El Salvador, 1975). La salvadoreña juega con tersura, imaginación y gracia, lo que se traduce en la creación de jugadas de peligro. Sus escapadas por la banda son sorpresivas, pero a veces se le acaba la cancha antes de tirar el centro. No le pasan el balón muy seguido, pero ella no es vengativa con sus compañeros; disfruta casi tanto con un pase a gol que con una anotación propia.

11. Carlos Velázquez (México, 1978). Dejar el juego en sus manos sería insensato. Pero, veloz en la banda e impredecible, Velázquez desequilibra a cualquier escuadra y no se achicopala de cara al arco. También sabe provocar, y en el campo se requiere a alguien con alfileres y que saque de sus casillas a Zidane. Con la diferencia de que Velázquez le devolvería el cabezazo.

Suplentes

Pedro Mairal (Argentina, 1970). Futbolista versátil, de la vieja escuela, que confía más en la garra y en la templanza que en la gambeta y la pelota con efecto. Es el único jugador de la selección que aún cree en el futbol total. Hace bien todo, de ahí que sea difícil decidir en qué posición alinearlo.

Ena Lucía Portela (Cuba, 1972). Sin aparente interés en el juego, Portela mata el tiempo mascando tabaco (se cree en un estadio de béisbol) y contándoles a sus compañeros de banca aquellos viejos tiempos en que el futuro del futbol latinoamericano pintaba cubano. Puede escupir el tabaco y saltar a la cancha en cualquier momento, claro, y recordar por qué se la conocía como El Huracán Portela.

Félix Bruzzone (Argentina, 1976). Poco se ha visto jugar a Bruzzone; algunos minutos, un par de jugadas que muchos ensayan en el entrenamiento y pocos, entre los que él se cuenta, concretan en el partido. Se le deben algunos de los goles más hermosos de la selección, pero los defensas oponentes ya le conocen los trucos y las mañas. Queremos más.

Eduardo Halfon (Guatemala, 1971). Especialista en el balón parado y la jugada de pizarrón, Halfon sabe cómo hacer para que la jugada de siempre resulte sorpresiva. Domina su área, es estricto en la marca y juega con parsimonia, lo que no es poco en medio de un equipo propenso al estallido y la pataleta.

Luis Jorge Boone (México, 1977). A Boone le gusta tanto correr con el balón por el césped que se le puede olvidar que está jugando un partido. Más que una arena romana, para él, el campo es un paisaje. Sin embargo, en medio de varios de sus compañeros –en busca de la jugada estruendosa, la individualidad o el pase fino– Boone aporta fluidez. Sabe, además, cuándo conviene el pase horizontal y cuándo el vertical.

Diego Trelles Paz (Perú, 1977). Su juego es violento, y las patadas que pega a sus oponentes, no siempre inevitables, pueden resultar demasiado escandalosas. En contrapartida, sus compañeros lo aprecian, pues cuando al estadio sólo se accedía pagando, el peruano se encargaba de conseguir una cancha para entrenar y de comprar el balón. Es efectivo y ambicioso, y no descuida la posesión de la pelota, que trata bien, aunque haga un contragolpe de tres cuartos de cancha.

vs. Generación española de los 70 Football Team

Mañana: Cuentistas españoles Football Team

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Desde el año 2005, Juan Mal-herido hace públicas sus opiniones sobre libros, lencería y trastornos de identidad. En este espacio, se centrará en los trastornos de identidad. Creado por Alberto Olmos

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Publicado el
14 de febrero de 2013 - 02:16 h

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