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Así despidió CCOO a Fidel

De un sindicato se espera algo más que el estricto cumplimiento de la ley. Se espera que haga justicia. La misma justicia, al menos, que pide para los trabajadores que son despedidos por los empresarios

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El secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo EFE

Fidel dejó de trabajar para Comisiones Obreras el 11 de junio de 2014. Durante casi nueve años se había encargado de patear las obras en Vitoria para buscar afiliados, preparar listas a las elecciones sindicales, echar una mano a los currelas con sus condiciones laborales, participar en las negociaciones de convenios, etc. Fidel conocía a la gente porque él había trabajado de pintor en obras como las que le tocaba visitar como sindicalista.

Cuando, después de casi nueve años trabajando para CCOO, a Fidel se le terminó el último contrato y le dijeron que no habría más, Fidel preguntó por la indemnización y le respondieron que no había indemnización. ¿Cómo era posible que después de casi nueve años trabajando para CCOO no tuviera ningún tipo de compensación económica? Fidel denunció al sindicato en los tribunales.

Desde 2005 había trabajado en la Federación de Construcción, Madera y Afines de CCOO (FECOMA), pero en diciembre de 2013 ante los problemas económicos derivados de la caída de actividad, el sindicato le anunció que le rescindía el contrato. Comisiones Obreras le ofreció un nuevo contrato cubriendo una baja maternal y realizando labores similares en la Federación de Servicios de Ciudadanía (FSC). Y siguió trabajando para Comisiones Obreras hasta el 11 de junio de 2014.  

Fidel defendió en los tribunales que había tenido una relación laboral “sin solución de continuidad” desde el 1 de noviembre de 2005 y que, por tanto, tenía derecho a una indemnización por despido. Comisiones Obreras, sin embargo, argumentaba que no era así: primero le había contratado FECOMA y después FSC, dos federaciones empresarialmente diferentes aunque ambas pertenezcan a CCOO.

Según la defensa de Comisiones Obreras en el juicio, FECOMA rescindió a Fidel su contrato, pero Fidel no demandó al sindicato por despido improcedente. Tenía 20 días para hacerlo y lo dejó pasar. Y, en consecuencia, el plazo para reclamar una compensación había caducado y no tenían por qué pagarle nada. El contrato posterior con FSC era temporal así que tampoco cabía compensación alguna.

La jueza le dio la razón al sindicato.

Para Fidel todo era Comisiones Obreras. Iba al mismo edificio cada mañana, trabajaba con el resto de empleados de CCOO y cumplía un horario. Pero a efectos legales FECOMA, FSC y la Confederación Sindical de CCOO en Euskadi no son lo mismo: son entidades diferentes. “Cada una de ellas tiene personalidad jurídica propia y diferenciada del resto, sin perjuicio de que pertenezcan al mismo sindicato”, señala la sentencia.

“¿Cómo iba a demandar a Comisiones Obreras? Me siguieron contratando”, explica Fidel que insiste en que nadie en CCOO le explicó el riesgo de perder su derecho a una indemnización si trabajaba para federaciones diferentes dentro del sindicato. Según un responsable del sindicato en Álava había un acuerdo “tácito” por el que Fidel renunciaba a la indemnización, ya que había recibido una compensación de la empresa para la que había trabajado con anterioridad. Pero todo eso había ocurrido cinco años antes de que le despidieran de CCOO. Fidel estaba en excedencia de su empresa anterior cuando bajó la persiana en 2008. Como el resto de trabajadores tuvo que acudir a Fogasa. Todavía seguiría trabajando cinco años más para el sindicato. En el juicio CCOO ni siquiera sugirió la existencia de ese acuerdo verbal. Fidel dice que es mentira.

La ley está de parte de Comisiones Obreras, pero ¿se merece un empleado que ha estado casi nueve años trabajando para un sindicato irse a casa sin una indemnización? ¿Irse a casa sin nada?

Fidel recurrió la sentencia ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco y volvió a perder. Leyendo las dos sentencias queda claro que Comisiones Obreras hizo todo lo posible por no darle ni un euro. Intentó incluso que los jueces no trataran la demanda porque sostenían que había trabajado como cargo de representación y que la relación no era laboral sino asociativa. La jueza tumbó el argumento: “La naturaleza de la relación laboral viene dada por el contenido de las obligaciones que asumen las partes no por la denominación que le den”.

Fidel tenía ahora que pagar 1.815 euros a su abogado y se los reclamó a Comisiones Obreras. Los servicios jurídicos del sindicato -al que estaba afiliado- le habían informado de que no podían darle un abogado de Comisiones por la existencia de un conflicto de intereses y que tendría que contratar uno externo. Lo habitual era que CCOO se hiciera cargo de los gastos ocasionados, ya se había hecho así en otras ocasiones y los estatutos recogen el derecho a una asistencia letrada, pero el sindicato le dijo que no. Volvió a denunciar en los tribunales a CCOO y esta vez ganó (la sentencia es de febrero de este año). Comisiones Obreras argumentaba que no había llegado a presentar una solicitud formal de asesoría, pero el propio coordinador de los servicios jurídicos testificó que Fidel había realizado una petición expresa y que se le había informado del conflicto de intereses.

“Esto te lo puedes oler de un empresario, pero ¿de un sindicato? Utilizaron las artimañanas que habían aprendido de los empresarios para usarlas contra sus propios trabajadores”, denuncia Adela, la mujer de Fidel, compañera mía de trabajo en la radio.

La semana pasada, Ana Requena Aguilar publicó en eldiario.es que CCOO incurrió en fraude de ley al realizar hasta 200 contratos a sus formadores para cursos en Euskadi, aunque la sentencia descartaba condenar al sindicato porque había caducado el plazo. Y a finales de marzo, el mismo sindicato presentó un ERE en el que planteaba una indemnización de 22 días, apoyándose en la reforma laboral (luego  lo paralizó para analizar la situación). El propio secretario general de Comisiones Obreras, Ignacio Fernández Toxo, defendió en su día un ERE en CCOO en Galicia con 20 días de indemnización, es decir, con la aplicación de la "reforma laboral de pleno", como denunció la representante de los trabajadores. Hay más casos.

De un sindicato se espera algo más que el estricto cumplimiento de la ley. Se espera que haga justicia. La misma justicia, al menos, que pide para los trabajadores que son despedidos por los empresarios.

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