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2016: Una odisea en Europa

Superada la barrera de los mil días para la Capitalidad Cultural, El redimensionamiento del proyecto deja en jaque un esfuerzo que se remonta a 2008. Recortes, confrontaciones políticas y planes de futuro marcan la actualidad de un plan que se presupone en beneficio de todos.

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Existe un camino de baldosas amarillas. Mil de ellas… o alguna menos. La tierra de Oz está al final del túnel pero en esta película no se baila al son de Over the Rainbow con Judy Garland apelando a la heroica del mundo de los soñadores. No son los tiempos que corren aunque el camino sí empezó como un deseo. “Los primeros pasos fueron saber, conocer y aprender de otros. Empezamos a ver qué era eso de ser Capital Europea de la Cultura y para qué servía, por qué podría ser interesante”, comenta Eva Salaberría, directora gerente de la Oficina de la Capitalidad.

28 de junio de 2011. Adiós Córdoba –de momento-, Burgos, Las Palmas, Segovia y Zaragoza. San Sebastián es la elegida ante un ejército de donostiarras que había viajado hasta Madrid para ver en directo la designación. Se había trabajado duro y había muchas expectativas. No las tenían todas consigo como demuestra que había un ‘plan b’ para conseguir que el esfuerzo no hubiera sido en vano si la ciudad no resultaba ganadora. Lo que sí desprendían tanto la expedición como la ciudad era ilusión. Salaberría echa la vista atrás y recuerda que “cuando dieron la noticia tenía a mi derecha a Odón Elorza (ex alcalde, del PSE-EE) y a mi izquierda a Ainara Martín (entonces directora cultural del proyecto) y vivimos un momento de tremenda alegría. Recordamos entonces a toda la gente que había hecho grandes esfuerzos para que esto saliera adelante”.

Nueva legislatura, nuevas miras

En esa delegación de representantes encontramos una nueva cara, la del entonces recién nombrado alcalde de San Sebastián, Juan Karlos Izaguirre (EH Bildu), con un proyecto sobre la mesa que en principio estaba muy avanzado. “Con el cambio de gobierno hubo que reconstruir algo que hasta entonces había sido vital en la primera parte del proceso: los consensos políticos. Tenía que ser un proyecto de todos, necesitábamos un proyecto colectivo. Cuando se suma al marco institucional una sensibilidad política que hasta entonces no había formado parte del proceso y que tiene la responsabilidad de gobierno en dos de las instituciones que lideran el proyecto (Diputación y Ayuntamiento donostiarra), Izaguirre y Garitano –diputado general- tuvieron que comprender que la magnitud de lo que tenían entre manos rebasaba el marco institucional, era un proyecto de la ciudadanía, que sale fortalecido porque hay una nueva visión, una nueva sensibilidad, que se incorpora a su promoción”, comenta Salaberria.

La realidad es que costó que, primero se creyesen el proyecto y lo asumiesen como un seña de identidad que uniese a todas las sensibilidades, y segundo –y todavía sin cerrar- que tenían que trabajar mano a mano con otras instituciones vascas, el Departamento de Cultura del Gobierno vasco entonces en manos del PSE-EE, y de fuera de Euskadi: el Ministerio de Cultura. Para EH Bildu era complicado asumir que tenían que ir de la mano de instituciones ‘incómodas’ para ellos. Durante unos meses, el proyecto padeció un frenazo por la dificultad para elegir un equipo gestor y por la orientación localista que los nuevos responsables políticos de Gipuzkoa querían implantar. Nombres, ideas, proyectos que chocaban con la apertura de miras del proyecto, con la función del germen de Donosti 2016: la cultura de la paz como punto de encuentro y como vía para derruir muros y abrir mentes. Poco a poco las instituciones guipuzcoanas entendieron que el camino había que hacerlo entre todos o no habría destino posible. De ese entendimiento nació la elección de Fernando Bernués como responsable del proyecto.

De forma paralela a la disputa política el proyecto se encuentra con otro muro. Un muro real, imposible de esquivar y que afecta de lleno a las aspiraciones de Donosti 2016: la crisis económica. Las instituciones recaudan cada vez menos y cuando hay que abrir la tijera para recortar el primer grifo que se cierra es el de la cultura.

A partir de entonces, con un presupuesto incierto y cierto retraso, arrancaban los primeros pasos de la organización. Una idea que, según Salaberría, se mantiene sobre sus pilares originales a pesar de todo. “La esencia del proyecto es la misma desde el primer día, eso no puede cambiar. Nosotros teníamos que garantizar que la idea se mantuviera. Es un proyecto basado en las personas, no tiene el foco en infraestructuras ni programaciones. Nuestra idea era desarrollar un programa que contribuyera a mejorar la convivencia entre personas que pensamos, soñamos y hacemos diferente. Ese era y sigue siendo el núcleo central del proyecto”.

Sin embargo, los grupos de la oposición del consistorio donostiarra creen que se ha perdido, al menos en cierta medida: “Creo que la esencia no ha cambiado. Lo que han cambiado han sido otros aspectos que están provocando que 2016 no se sienta ni se vea, que quede en letargo. Falta liderazgo político, falta comunicación, visión global… la gente ya no está sintiendo que forma parte activa de este proyecto”, comenta la concejala del PSE-EE Marisol Garmendia, una de las impulsoras de la Capitalidad desde sus inicios.

Los temas que se tratan no varían: paz, derechos humanos, lenguas minorizadas, relación entre mundo urbano y rural, las fronteras… Un proyecto desarrollado en clave local pero que lleva la mirada tan lejos como alcanza su vista. Un proyecto para San Sebastián, Euskadi, España y Europa. “No puede ser que solamente pensemos en cómo contribuye todo esto a nuestro territorio sino en cómo contribuimos desde aquí a aportar a otras ciudades de Europa ejemplos y experiencias que contribuyan a mejorar la convivencia. Eso es a lo que nos hemos comprometido“, añade Eva.

El nuevo tiempo en Euskadi ha espoleado a la organización. “Ahora mismo vivimos un contexto que soñábamos al comienzo del proyecto. Todos deseábamos un escenario en el que el fin de la violencia estuviera ahí y más aún con un elemento cultural que pueda servir para curar heridas. Nadie dijo que fuera a ser fácil, pero lo tenemos enfrente y ahora lo que tenemos que hacer es trabajar. Trabajar, trabajar y trabajar”, apunta Salaberria.

“Sentencia de muerte”

Redimensionamiento. Es la palabra más temida en la cultura. El 1 de marzo de 2013, fue Ikerne Badiola, la diputada de Cultura de Gipuzkoa, quien anunció un recorte en 2013 del 77% en la partida del Gobierno vasco para la capitalidad. El departamento de Educación, Política Lingüísitca y Cultura del Gobierno de Iñigo Urkullu (PNV), aportará 350.000 euros frente al millón y medio previsto. Datos “oficiosos que no oficiales” decía entonces Badiola, aunque sería el propio Izaguirre quien lo confirmaría sólo dos semanas después tras una reunión con el lehendakari. Donostia “denunciaría” si Lakua decidía finalmente aprobar tal recorte, decía Izaguirre. Una denuncia, respaldada también por socialistas y populares donostiarras. Un recorte que servía a modo de “sentencia de muerte” según Garmendia; y un trato que el portavoz popular donostiarra, Ramón Gómez, tildaba entonces de “vergonzoso e indignante por parte del PNV, que parece sólo gobierna para Bilbao y Bizkaia”.

El Ayuntamiento de San Sebastián, la Diputación de Gipuzkoa y el Gobierno vasco asumen cada uno un 20% de la financiación. Si uno de los tres pilares falla, el barco hace aguas. “Hay umbrales por debajo de los cuales no hay un proyecto interesante que hacer, pero por suerte esa barrera de momento no está cerca. Es una incertidumbre incómoda de manejar que necesita un compromiso en firme por parte de las instituciones cuanto antes”, apunta Bernués.

“No es el primer recorte que se sufre en el proyecto” comenta Garmendia, y añade: “de los 90 millones presupuestados inicialmente bajó a 72. Entiendo que en los tiempos que corren hay que medir mucho las inversiones, pero la cultura es una de las líneas rojas que no podemos atravesar. La crisis no puede ser la excusa para todo. Si no hay dinero no hay proceso y llegaremos a ser lo que no queríamos ser, una serie de fuegos artificiales. Que no nos engañen ni se engañen a sí mismos pensando que tras dos recortes esto va a ser lo que era”.

Desde la oficina, apuestan por impulsar la financiación privada. Mediante la Declaración de Actividad de Interés General de las actividades de la Fundación 2016, la Diputación ha facilitado que las empresas de la comunidad autónoma que se comprometan con el proyecto tengan ventajas fiscales. Un incentivo para que el compromiso de las empresas con el proyecto pueda verse favorecido. “Es importante también que el Ministerio de Cultura haga la concesión de Materia de Interés General a Donosti 2016. Mejorará la fiscalización de las empresas y contaremos con unas ventajas que a día de hoy no podemos ofrecer”, dice Bernués.  “No me imagino un panorama en el que la Capitalidad no se pueda desarrollar”, añade convencido de que siempre existirá una manera de llevar a cabo el proyecto al margen de su financiación. 2016 ya es una realidad, aunque con muchas barreras que superar.

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